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Isabel Rodríguez Vidal. Por Jerome Mintz

Anoche mientras dormía murió de muerte súbita Isabel Rodríguez Vidal, según el médico parece que ella no se ha enterado de nada. Isabel colaboró intensamente con Jerome Mintz y este le dedicó una parte del capítulo 8 de su libro Coplas de carnaval y sociedad gaditana. Me ha parecido interesante reproducir el texto, así como algunos fragmentos de los audios que le grabó. Pretende ser un humilde y sincero homenaje a la gente sencilla y de bien, a la cotidianidad, a las pequeñas cosas,  al día a día... conceptos estos que tanto le gustaban al antropólogo americano y que gracias a su trabajo han pasado a la posteridad.


La poetisa




Si las mujeres compusieran, quizás muchas empezarían como Isabel R.. Hablamos de Isabel brevemente en una nota del capítulo dos. Ella recordaba el crimen del alcalde socialista de Medina Sidonia y lo situaba en un contexto religioso. Aunque los hombres de la familia de Isabel tenían una mentalidad radical, como un buen número de mujeres en el pueblo, ella mantenía una fe religiosa simple. 
Creo en Dios y en la Virgen, en la Dolorosa y en la Virgen de este pueblo. La Dolorosa, que es llevada por las calles por Semana Santa, es la que queremos más. Creo en estas cosas. Creo que alguien creó el universo. Jesús es un hombre muy bueno que vivió hace muchos años.
Aquí tuvimos un cura que era muy gracioso. Sólo pensaba en el fútbol. Una vez, el día de la romería, confió la estatua de la Virgen a Palomita, una mujer del pueblo, y se marchó  para ir a Medina a ver un partido de fútbol.
Y una vez le pregunté al cura: "¿Por qué tiene la Virgen de Vejer tantas joyas? ¿Por qué es ella tan rica y la de Casas Viejas tan pobre?" Él replicó: "¿Piensas que una mujer cuyo hijo acaba de ser asesinado necesita tantas joyas? Si tu hijo fuera asesinado, ¿te sentarías enfrente del espejo para ponerte todo tu maquillaje y tus joyas, o saldrías corriendo de casa llevando lo que tuvieras puesto?"


Isabel, una guapa y joven mujer morena, era muy pretendida como novia, pero se había visto obligada por las circunstancias a trabajar como chica de servicio fuera del pueblo y no se casó hasta los treinta y tres. Su marido, Pepe, era un hombre guapo de pocas palabras. Tenía una personalidad introvertida, pero su agilidad física y sus ojos brillantes le daban una tranquila intensidad. Sentado en su poderosa motocicleta, parecía un piloto atrevido. Pepe era un albañil que trabajaba en la costa durante la semana. Todos lo conocían como un diestro albañil. Durante su noviazgo, que duró un año, cada fin de semana volvía a Benalup en su motocicleta para ver a su novia. Isabel, una mujer ancha, parecía envolver a su delgado amor cuando aparecía. Pepe también adoraba a su novia y le entraban celos siempre que no estaba con ella. Ella saboreaba su atención y sus celos, y cada reunión era tan emocionante como la primera que tuvieron en la Alameda cuando se conocieron. Pospusieron la boda para que Pepe pudiera terminar de construir y amueblar una casa para ellos. 


Cuando pagó los ladrillos y el cemento, empezó a ahorrar para comprar los muebles. Isabel ya tenía la ropa de casa a mano.  Estas cosas eran consideradas más importantes para un matrimonio que la licencia y la bendición del cura. El único aparente vicio de Pepe era que le gustaba demasiado el vino.
Mi marido es muy extraño. Es un hombre muy bueno. Es muy trabajador, limpio y bueno, aunque un poco extraño a veces. Tengo que venir aquí a ver a mi madre. Él no quiere. Pero yo no quiero quedarme sola en casa. Es un hombre muy noble. Todos le quieren. Él construyó el recinto del mercado de Casas Viejas solo. Ha estado en una empresa constructora durante un año y medio. Ahora está trabajando en Marbella. Él edificó nuestra casa. Es una casa preciosa, con una chimenea magnífica.


Isabel tenía un talento extraordinario: aunque no sabía leer ni escribir, había compuesto cientos de poemas, principalmente referidos al matrimonio y al amor, que había memorizado y que podía recitar. Sus pensamientos e intuiciones raramente aparecen en una coplilla de carnaval. En sus poemas, y no en las coplas de los compositores del carnaval, aprendemos algo del amor y del matrimonio desde la perspectiva de una mujer.

 Una mañana temprano
“pá” Marbella se marchó
con un bolso en la mano 
y no me dijo ni adiós.
Yo me asomé a la ventana
y miré cómo se alejaba
con los pasos muy lentos
y muy triste la mirada.
Yo le dije: "Amigo."
Pero él no me escuchaba.
Aquel adiós que le di,
el viento se lo llevaba.
Yo le dije tantas cosas 
sin motivo y sin razón,
cada cosa que decía
se me partía el corazón.
Tiene el corazón tan duro,
tan duro como el cemento.
No hay mujer que te lo rompa,
ni siquiera como el viento.
De noche cuando me acuesto
parece que estoy dormida
pero estoy muy despierta
y pensando en tu cariño.
La cabeza me da vueltas
el que está lejos de mí
mis ojos no pueden verte.
Te llevo dentro de mí
hasta el día de mi muerte.



Pese al mutuo amor y afecto, es difícil competir con el sabor del vino de la bodega de Barberá.  (La del vino)

Cuando éramos novios
todo eran promesas y alegrías
ahora estamos casados 
y yo estoy muy” arrepentía”.
Yo venía de no saber
y me decía tantas cosas
y yo me las creía,
pero eran palabritas falsas
todas las que me decía.
Isabel, a mí no me gusta el vino;
te voy a hacer muy feliz.
Pero ahora se emborracha
para hacerme sufrir.
Tres meses llevo casada
y los ahorros “perdíos”
y yo maldigo la hora
que lo hubiera “conocío”.
El otro día llegué
y lo encontré muy cambiado
porque cogió la botella
y él mismo la había guardado.
Y yo dije para mí:
Dios mío qué contenta
que el vino lo ha “aborrecío”.
Te voy a poner dos velas
por haberlo” conseguío”.
Escuché la voz del señor [que me decía]
a mí no me pongas velas
que yo no la he escuchado,
ya no quiere vino blanco, 
que le gusta embotellado.
Dios mío que marido tengo
yo más desgraciado.
La madrugada llegó
y en el suelo se acostaba.
Me miró con unos ojos
que miedo a mí me daba.
Me dijo tantas cosas 
sin motivo y sin razón
que cada cosa que decía 
se me partía el corazón.
Me dijo: que ganitas tengo 
de que te mueras
para yo quedar tranquilo
que todo el dinero que gane
me lo voy a gastar en vino.

Contesto yo: Mala sangre 
que del dinero que tú ganas
tú me das tan poca cosa.
Yo te pongo de comer,
yo te lavo a ti la ropa.
Me tienes abandona[d]a.
Tú sabes que paso el día 
con un pedazo de pan.




¿Cómo puede uno afrontar la pérdida de la independencia y del control del dinero?
  
Dijeron entre mis gafas
. . . [verso incomprensible]
que yo no puedo comprarte
que yo te compro las cosas
y después no puedo pagarte.
No soy dueña del dinero
él lo lleva en la cartera
y cuando me da un billete
se entera hasta la portera.
Hay que “jartita” me tiene
ya estoy hasta la coronilla,
y así cuando venga esta tarde
yo le leo la cartilla.
Cuando llegó por la tarde
y vi yo cómo venía
yo no le dije nada 
porque a mí no me convenía.
Si le digo cuatro cosas
que estoy hasta la coronilla
seguro que coge un palo 
que me parte las costillas.



El pequeño huerto de detrás de la casa, donde se cuelga la ropa, se convierte de repente en causa de dolor:

 Por una lechuguita 
que yo le pisé
estuvo sufriendo 
ya nuestro querer.

Este huertecillo
que te está matando
cuando tiendo ropa
yo lo estoy pisando.
Si tiendo “p'arriba”
el perro me ladra,
si tiendo “p'abajo”
te piso las plantas. 
Dímelo Pepillo
lo que voy a hacer
las ropas mojadas 
no puedo tender.
No siembres en el huerto
que ya está” tó perdío”
que hasta las hormigas
ya se lo han “comío”.


(Contesta él) 
Sí que siembro el huerto
que no está “perdío”
que hasta el perejil
lo tengo” nacío”.
Pero el día que yo me muera
no te pongas a llorar
que aunque esté bajo la tierra
no te voy a perdonar.
Y estas coplas que yo canto
yo las llevo en la memoria
y el día que yo me muera
me las llevo” pá” la gloria.



"Todo esto sucedió entre un marido y su mujer," añade Isabel:
Ahora he estado casada durante tres años y medio. Estos días tengo muchas cosas en mi mente. Tenemos un par de cerdos que estoy engordando para el matadero. Tengo que lavar la ropa, cuidar de la casa y todo eso. No es como cuando estaba soltera: entonces no tenía nada en qué pensar. Estaba barriendo o trabajando cuando se me ocurría un poema. Pero ahora es más difícil. Algunas parejas se llevan muy mal. Algunos hombres son horribles con sus mujeres. Algunas mujeres son muy buenas, pero sus maridos son verdaderos perros. Como una prima mía. Su marido -el hombre que estuvo aquí antes- la golpea. El otro día le pegó en la cabeza con una botella. Ella no puede hacer nada al respecto, especialmente con los seis o siete hijos que tiene. Me gusta el matrimonio, pero no puedo soportar a los hombres que no son considerados y amables con sus mujeres.
Mi marido me besa mucho. Es muy cariñoso. Lo primero que hace cuando llega a casa es besarme. Algunas veces, estoy trabajando en algo en la casa y se acerca por detrás y me da un besito.

isabelrodriguezvidal.mp3 La foto es de Mintz, se trata de José Castellet, su marido. De ella no tengo fotos

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