El panadero Manolo Sánchez.


El hombre de esta primera  fotografía se llamaba Manolo Sánchez Cabañas. La cazorla que contemplamos en la foto se utilizaba para echar harina para hacer la masa. La harina como veremos posteriormente es el elemento esencial del pan, de la proporción de esta y de la de agua depende la calidad del pan obtenido. En la primera fotografía Manolo le está devolviendo el cambio por el importe de una barra de pan a una niña, parece Pilar Rodríguez.

La venta de pan y la fabricación de este no estaba dividido sino que era parte del mismo proceso y la familia lo mismo hacía el pan que lo vendía.  No había despachos de pan independientes del horno, sino que en este mismo, como se ve en la fotografía se producía y se vendía. En  la época de la foto, el kilo de pan valía 3 pesetas y después subió a 5 pesetas. En estos años,  finales de los sesenta,  había 5 hornos de pan (era como se le llamaba antes, no panaderías como ahora) en Benalup. Eran los siguientes: Miguel Guillén, Juan Román,  Ricardo Sánchez,  Diego Peña (que se la había comprado a Francisco Sánchez Sanmartín) y Manuel González (que después en el 74 compraría la ficha de esa panadería Manuel Sánchez Sanmartín). En todos ellos se hacía un pan tradicional y artesano, con una alta proporción de harina, que se podía comer al día siguiente y que no se convertía en "chicle" con el transcurrir del día.  Se encontraba abierto desde las dos de la mañana hasta las 8 de la tarde, trabajaban toda la familia, turnándose entre ellos. No había sueldos porque lo que ganaban se lo repartían entre todos para alimentarse. La gente no pagaba el pan el mismo día que lo compraba, sino que se apuntaba en una pizarra y los clientes lo pagaban cuando ellos cobraban. Las relaciones que se establecía entre la panadería y los clientes excedían las relaciones comerciales, estableciéndose unos lazos personales de amistad y fidelidad lógicos si pensamos en la importancia que tenía el pan para nuestra sociedad en ese momento.



En la segunda fotografía Andrés Sánchez Cabañas, hermano del primero se encuentra fabricando barras de pan. El proceso era artesanal, todo se hacía a mano. La leña se traía con burros, mulos, caballos… y la maquinaría existente era mínima. Se les llamaban hornos, más que panaderías. Eran hornos de leña en los que el pan se metía dentro. Un lebrillo para amasar a mano, una mesa para hacer el pan, una máquina que sobaba la masa dando vueltas con una manivela manual y una pala para meter el pan.  Minz hizo mucha amistad con la familia Sánchez Cabañas, habiendo muchas fotografías de su horno y de la venta del pan. En todas se realza el carácter artesanal del proceso de producción, que seguramente constrastaba con esos procesos de producción modernos y ese tipo de pan que dominaba en EEUU y que pronto empezaría a arrasar también en España. Me refiero al pan que se pone duro o como chicle en poco tiempo. Leo en esta página “Se trata de un aditivo que mezclado con las levaduras de fermento, absorbe tres o cuatro veces más de agua con lo que en vez de pesar la harina más del 50% del pan, apenas si llega al 25%. Pusieron las primeras "boutiques del pan", una operación de marketing que supuso ingentes beneficios en cuestión de meses y al cabo de un par de años vendieron las franquicias de su invento colonizando todas las ciudades españolas”. En la actualidad ese tipo de pan está avanzado su venta en Benalup-Casas Viejas, no obstante, el tradicional, el de toda la vida, todavía se encuentra, aunque su resistencia sea dura y a veces dé la sensación que puede desaparecer de un momento a otro. 



Sobre la importancia del pan me ha parecido interesante lo que dice la misma página web que antes cité: “En España el pan es igual de malo que en Francia o Inglaterra porque utilizan los mismos aditivos que comercializa la misma multinacional para elaborar los mismos bodrios según la misma técnica fraudulenta basada en vender agua a precio de pan". El truco consiste en elaborar la masa con el doble o el triple de agua gracias a la incorporación de unos aditivos, que combinados con las levaduras, absorben gran cantidad de agua que el panadero se ahorra en harina.... Querría contarles la mística evolución alquímica producida por la trasformación del grano en pan, reproducida exotéricamente en el misterio de la Eucaristía; querría contarles la visión esotérica que ofrece para los iniciados el simbolismo de este producto que contiene los cuatro elementos de la vida Agua, Tierra, Fuego, Aire; querría contarles su función unificadora entre los hombres de buena fé, dando incluso origen a una maravillosa palabra: compañero, que quiere decir, con quién se comparte el pan; querría contarles muchas cosas que han hecho que el pan sea para nosotros, los occidentales, los europeos, el símbolo de toda una cultura milenaria y del que los españoles en particular, podíamos presumir de ser los mejores artesanos” 



A Mintz le encantaba los productos de esta panadería, no sólo el pan, también los dulces que hacían. Su hija Carla, cuando viene cada año por carnaval, lo recuerda y hace de la visita y compra de estos productos una cuestión de obligado cumplimiento. Es ese gusto por lo tradicional, por lo artesano, por lo bien hecho que en el fondo creo que es lo que quizo Mintz retratar en estas fotografías.

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