El maquis en Casas Viejas. La derrota. El fin de la guerra “que no se va a acabar nunca”. 2

Hasta 1945 los enfrentamientos entre maquis y guardias civiles no van a tener el carácter tan virulento que van a tener posteriormente. Eso no quiere decir que hubiera connivencia entre ambos, como algunos aseguran, pero rehuían mutuamente los enfrentamientos. A partir de que finalice la Segunda Guerra Mundial, que se constate que los aliados no van a expulsar a Franco del poder, las órdenes y la estrategia de la Guardia Civil se hacen más duras, especialmente a partir de 1947 tras la promulgación del Decreto Ley de Bandidaje con el que se recrudece aún más la represión que ejerce la guardia civil tanto a los guerrilleros, como a sus familiares y enlaces.
A partir de ahora los representantes de la autoridad tienen la consigna de dar muerte a los guerrilleros cuando sean descubiertos. Algo ya asumido por estos, que saben que es preferible morir antes que ser detenido, para así evitar torturas y posibles delaciones a compañeros. A nivel local el asesinato del secuestrado Luis Correro por los secuestradores en agosto de 1945 cambia el panorama. El padre había intentado no pagar el dinero solicitado y convencer a los maquis con comida y buenas palabras. Fue el punto de inflexión en el mundo del maquis en Casas Viejas. Perdida la guerra en el llano, como veremos en la próxima entrada de esta serie, sometidos a una renovada presión por la Guardia Civil a partir de 1947 (el denominado trienio del terror) los maquis se vieron cada vez más acorralados y empujados a formas más próximas al bandidaje (secuestros, robos, extorsiones…) que a la lucha ideológica y de resistencia que fue en un principio. A este acoso durante el trienio hay que añadirle que en octubre de 1948 el partido comunista piensa que la guerrilla ha sido un estrategia errónea y deja de ayudar a la Resistencia, por lo que el proceso desmoralización y disolución se acelera. Lo que unido a que la Guardia Civil ofrece por esa época inmunidad a los  desertores y delatores hace que el fin de esta guerra se precipite a principios de los cincuenta. En resumen, el aislamiento interno y externo del maquis, las divisiones y disputas internas, la falta de apoyo de la población civil y la creciente solidez de un régimen después de imponerse en una guerra civil, se olvidaba de sus miedos a una intervención extranjera en el contexto de la Guerra Fría hacía que se precipitará el fin del maquis, caracterizado en esta última etapa por las divisiones y traiciones internas, en medio de un proceso de degeneración hacia puras formas de delicuencia. Las cifras de esta guerra con el maquis en la provincia de Cádiz son elocuentes. Según aparecía en la Voz de Cádiz: “Tres miembros de la Guardia Civil murieron y otros cinco resultaron heridos en las continuas luchas. Murieron también dos personas que formaban parte del cuerpo de Carabineros. Además, perdió la vida un militar del Ejército y otras dos personas fueron heridas. Por las filas de los bandoleros, se registraron 74 muertos, 2 heridos y 55 detenidos; otros 12 se entregaron voluntariamente. Además, 490 cómplices fueron arrestados”.  Además 14 personas civiles  son asesinadas por los maquis en la provincia de Cádiz.  Llamo la atención sobre 3 muertos de la Guardia Civil, 74 bandoleros 490 cómplices detenidos y 14 personas civiles muertas.  Como dice Jesús Nuñez: “Cuando el 29 de mayo de 1955, quien había iba sido durante los doce años anteriores el Director General de la Guardia Civil –Teniente General Camilo Alonso Vega- y máximo responsable de la represión del maquis, se despidió de su cargo, reconoció que aquello había constituido para el Estado un problema nacional de gran trascendencia y que gracias al sacrificio y abnegación de los guardias civiles de aquella época se pudo salvar la delicada situación que llegó a crearse”. En la provincia de Cádiz la sierra de Benalup de Sidonia , por posición, orografía y tradicional preponderancia ideológica anarquista, había sido una de las zonas más conflictivas de Andalucía y España.
En la fotografía Camilo Alonso Vega, primero por la izquierda, con Franco en Las Lomas, servido por vejeriego Antonio Cepero. La fotografía es del libro La Tierra.

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