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Los niños del algodón

      El cultivo del algodón llegó a tener una gran importancia en esta zona, tanto en lo económico como en lo social. Requería bastantes faenas agrícolas desde que se sembraba, había que castrarlo o aclararlo, escardarlo y por último llegaba la recogida que era lo que daba más empleo. En la recogida participaban familias enteras, por supuesto incluidos niños de poca edad.En el quinquenio del sesenta al sesenta y cinco se sembraron de ocho a diez mil hectáreas de algodón que para su recolección, en aquellos tiempos todavía bajo el sistema tradicional, fue necesaria la participación de más de 9.000 trabajadores venidos de toda Andalucía. Era  considerado un cultivo social por el empleo que generaba pero tampoco se deben olvidar los aspectos negativos, como la generalización del trabajo infantil, la dureza de la faena que se realizaba por cuenta o a destajo; la mayoría de las veces con mal tiempo, lo que suponía pasar frío y arrastrar barro y la escasa remuneración.
Mintz lo cuenta en su “Carnaval y sociedad gaditana” así: “… Durante las décadas de los 50 y los 60 el algodón  también proporcionó algunas semanas de trabajo a mano durante su florecimiento. El algodón era una de las pocas cosechas todavía recogidas a mano. La paga era según el peso y, con tanto hombres fuera, las mujeres y los niños eran los principales trabajadores. Familias enteras se movían, agachadas a lo largo de las hileras, recogiendo algodón y depositándolo en los largos sacos que arrastraban con ellos”.
La fotografía capta el final de una jornada de trabajo recogiendo algodón. Tres hombres y un niño depositan el último saco en el remolque que a continuación llevará el algodón al cortijo. Un amplio grupo de los que han participado, en su mayoría niños, esperan el momento de volver a casa. Hemos reconocido a alguno de estos, son los hermanos Rojas, Villarrubia, Francisco González Vidal, Andrés Montiano, Joselito Vargas, Becerra... La mayoría de los niños charlan entre ellos o miran como cargan el saco en el remolque, pero hay cuatro que se han percatado de la presencia de Mintz y miran directamente a la cámara. En este caso Mintz está fotografiando una injusticia tan grande como la que representa el trabajo infantil. Son muchos David Copperfiel o Oliver Twist, pero en vez de la Inglaterra de la primera revolución industrial, de finales del siglo XVIII y principios del XIX es Benalup de Sidonia de la década de los sesenta en el siglo XX. En vez de Dickens con una novela es Mintz quien denuncia con una fotografía. Manolo Lago también lo denunció a su manera, en la murga de Los Niños Llorones: “Esta murga de Llorones/les venimos a cantar,/lo que pasa esta señora/para sus hijos criar;/el padre que es el maestro/se ha empicado en el alcohol,/y lo que gana en un mes/en un día lo tira “to”./Este es mi niño Juanito/éste es el mayor de” tos”,/se me ha quedado dos veces,/“arrecio” en el Aguijón,/este otro es Manolito;/éste los calienta a” tos”,/"Nos compras un chupe nuevo/o no vamos al algodón."/Esta otra es Mariquilla,/esta no sirve “pa na”./O me compra Ud. un gorrito/o a la escuela no voy más./Ay que “vé” esta pobre madre,/lo que tiene que pasar,/ni de día ni de noche/la dejan descansar./Un pavo que yo tenía,/Juanito me lo mató/para chuparle el moco/porque el chupe lo perdió,/y cuando pierden el chupe/todos empiezan a llorar;/me cogen una canción/que ahora la vais a escuchar;/ay mamá, mamá,/ay mama, mama,/o nos compra un chupe/o no vamos más,/o no vas más a coger algodón./O nos compra un chupe/o lloramos tos”.

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