Alegato final en juico contra el Capitán Rojas

Jurado popular del jucio de mayo de 1934 contra el Capitán Rojas
Os vuelvo a traer hoy un documento obtenido en el libro de Tano Ramos “El Caso Casas viejas”. Se trata del alegato final en el juicio contra el Capitán Rojas de mayo de 1934 del abogado que más se puso de parte de las victimas de Casas Viejas. Y la verdad es que en un contexto donde lo que importa de los Sucesos son sus consecuencias políticas, el intento de destrozar a Azaña y lo que significaba, con la perspectiva actual parece interesante que alguien se centre en las víctimas locales.
En sus calificaciones definitivas López Galvez, el abogado de la acusación  particular, representando a  tres familias de las víctimas de Casas Viejas, dice: “El campo de Casas Viejas alimenta a muchas criaturas, conserva su cualidad fértil porque el afán destructor de la humanidad no ha podido llegar a destruirlo. Pero no es rico porque el afán humano de hacer daño tiene determinado que el beneficio sea para muy pocos. Los más desheradados de la fortuna, los que parecen dejados de la mano de Dios, suelen hallarse tan tristes que de ahí la copla popular: madrecita mía, me paso la noche contemplando las estrellas sin encontrar la mía; ¿será que he nacido sin ella? Dada la mísera situación de los campesinos de Casas Viejas, éstos tienen que vivir de la caza furtiva y todos poseen una escopeta, como tienen un azadón o un instrumento de labranza. La escopeta, en Casas Viejas, es un instrumento de trabajo y se transmite de padres a hijos. Ni por casualidad se encuentra un arma moderna y de buena marca. Todas son de pistón, como aquí han dicho los testigos”. Me ha parecido  un precioso simbolismo la relación con la canción popular sobre los sin estrellas. Al igual que el papel que cumplían las escopetas en la vida de estos campesinos. Después de los Sucesos todo al que se le encontró una escopeta en casa fue encarcelado. Por eso, más de 100 casasviejeños estuvieron en prisión, aunque muchos de ellos no habían participado en estos Sucesos. Fruto de esa feroz represión es el recelo con los que los casasviejeños mirarían desde entonces todo lo relacionado  con los Sucesos. Como dijo López Gálvez en su alegato final en este primer juicio contra Rojas: “Ese pueblo ha perdido su felicidad con motivo de los sucesos y un manto de dolor ha quedado tendido sobre más de un centenar de familias, sobre otras cuyos familiares están en prisión, sobre los que sufrieron heridas, sobre los que experimentaron quebranto, y ese manto ha sido reforzado, también con el de la ignominia, porque fueron víctimas de un trato del que diré que sólo se da a los asesinos, sin previa comprobación. La prueba está en que trece meses después de aquellos sucesos, el que habla fue a Casas Viejas. Necesitaba contrastar el sumario con una impresión personal y no obstante mi calidad de defensor de los campesinos, puesto que llegué a aquella aldea para realizar diligencias relacionadas con otros sumarios, tuve que regresar sin obtener un informe. El pueblo estaba reconcentrado en sí mismo, dentro de una concha de verdadero terror: los campesinos desconfían hoy de todo el mundo, hasta de su propio defensor. Triste cosa es que por la gestión de unos pocos hombres se haya destruido en muchas generaciones el espíritu de un pueblo”.  Seguramente López Gálvez no era consciente de la vigencia histórica que tendría esa frase suya de la destrucción del espíritu de un pueblo, que los acontecimientos posteriores, sobre todo, a partir de 1936 se encargarían de refrendar. Pero las consecuencias negativas de los Sucesos no sólo afectarían a los lugareños de Casas Viejas, sino a todos aquellos que de alguna u otra manera los defendiera. Como veremos en otro post, la propia vida de López Gálvez iba a quedar marcada por su actuación en este juicio. Confirmándose así la relación de los Sucesos con la guerra civil, el rol de antecedente que tuvieron los primeros con respecto a la contienda fratricida.

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