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Las memorias de Suárez Orellana. Final.

Suárez Orellana escribe sus memorias en 1978. Es presumible el deseo de dejar a las generaciones coetáneas y futuras sus vivencias, con el utópico deseo de que sirvan para algo. Porque si algo hay evidente en el transcurso de ellas es sus pesimismo, sobre el futuro y su desencanto con el  presente. Dice así: “El que lea estas memorias debe perdonarme cuantas faltas encuentre en la falta de coordinación en mis relatos puesto que estos los estoy haciendo a los 84 años de edad cuando ya las facultades físicas y mentales van disminuyendo.
Tengo el oído casi perdido, la vista me falla y la memoria se niega muchas veces a ayudarme. La vida es como una Universidad, donde se aprende mucho, pero lo peor es que cuando se va sabiendo algo, se muere uno y todo queda perdido: porque  nadie escarmienta por cabeza ajena. El hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra. La historia nos ha dado muchas lecciones, pero seguimos igual, repitiéndose las mismas cosas”. Como es lógico su concepción ideológica de la historia se ve reflejada cuando intenta hacer un breve resumen de ella. “Con la monarquía que duró alrededor de trescientos años, fueron muchos más los errores que los aciertos. La Dictadura de Primo de Rivera tuvo muchos errores, pero  también muchos aciertos y quedó casi compensada. La República que sólo duró cuatros años, siendo combatida por las extremas izquierdas y derechas de forma feroz, que no la dejaron en paz un solo minuto, consiguió hacer muchas cosas buenas, aunque también cometió errores, porque la vida del hombre no es perfecta, pues toda obra humana tiene que tener sus deficiencias y sus errores”. Cuando se refiere a los logros obtenidos por la Segunda República en Casas Viejas su concepción es más radical, pues en el fondo se considera un personaje principal en esas acciones. “Durante la República que solo duro cuatro años se consiguió cuatro escuelas a un grupo escolar de cuatro aulas con viviendas para los profesores que estaba aprobada su construcción, una plaza de abastos, un cementerio nuevo y la construcción del camino vecinal que va a Alcalá. También se consiguió la carretera que va a las Casas del Castaño. Se estaba proyectando lo de las casas baratas y ya había algunas hechas y muchos más proyectos en vía de solución”. Pero cuando más claro aparece el desencanto y pesimismo del que hablaba al principio de esta entrada es cuando compara la Segunda República con la Transición Democrática: “Ahora me propongo hacer la comparación de antes y ahora, donde no encuentro ninguna diferencia entre lo sucedido en la República y la Democracia actual:
Primero: Nos regalaron una República donde apenas había republicanos. Ahora nos regalan una Democracia, que la mayoría la interpretan mal, porque la confunden con el “libertinaje”
Segundo: La República la combatían con saña las extremas izquierdas y las extremas derechas, con el sólo fin de acabar con ella y lo consiguieron. Con la Democracia está ocurriendo lo mismo.
Tercero: La República trató de quitar los privilegios y se opusieron ferozmente el Ejército, la Iglesia y las derechas. Con la Democracia ocurre lo mismo

Sexto: La República hizo la ley de defensa de la República al final, en vez de hacerla al principio, de esta forma no hubiesen sucedido tantas cosas. Con la Democracia está ocurriendo igual”. 

 Independientemente de que hay  ideas que aparecen en estas memorias con las que no estoy de acuerdo y muchas con las que sí, me parecen estas en su globalidad de una trascendencia tremenda que tienen incorporadas unos valores pedagógicos enormes. Pero sobre todo creo que la publicación de estas memorias y su difusión es una cuestión de dignidad. Para aportar un granito para que un día esa utopía, la publicación de las memorias de José Suárez, pueda convertirse en una realidad es el último fin por el que he hecho esta serie sobre las memorias no publicadas de José Suárez Orellana. Termino con las palabras del investigador que más y profundamente ha trabajado sobre la vida de José Suárez y sobre el que muchos tenemos depositadas las esperanzas de que estas memorias vean definitivamente la luz de la publicación, que además de una necesidad son una restitución. Me refiero a Eduardo Ángel Ruiz Butrón: “Cansado, inmerso en su soledad que solo aliviaron los más allegados como su sobrina María Luisa… a los 93 años José Suárez murió en Sevilla, dejándonos un ejemplo impagable de su compromiso con los demás”. Es injusto e indigno el grado de desconocimiento sobre el personaje que existe sobre su obra en la comarca en la que vivió y actuó. Dice José Suárez en sus memorias no publicadas, en 1978, que aunque todavía no se hablaba de memoria histórica, pero él da libremente, como siempre, su opinión sobre el tema: “ Está visto que no nos sirven las lecciones de la Historia ni del pasado. La convivencia es una Democracia, donde hay tantas heridas sangrando aún, se hace poco menos que imposible. Más cuanto tienen que convivir vencedores y vencidos. Mientras estos existan, dudo que pueda haber convivencia porque el vencedor, quiere mantener esos derechos que él cree que le corresponde”.

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