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La expedición de abril de 17 de abril de 1913. Y 2

Victorio Molina, el práctico y José Espina Calatriu
En Abril de 1913 Rafael Bernal tenía previsto pasar unas semanas en la zona y aprovechó la ocasión para decirle a su colega José Espina que podría invitar al cura gaditano Victorio Molina para que explorara las pinturas de las que tanto les había hablado el médico casasviejeño. Victorio Molina lo cuenta así: “Desde que oí por vez primera hablar de la Cueva de las Figuras, existente á unos siete kilómetros de dicha aldea, formé decidido propósito de visitarla, presintiendo una caverna prehistórica. El 17 del actual se realizaron mis deseos. Mi amigo el doctor gaditano D. Rafael Bernal, se proponía pasar temporada en aquel lugar, á 18 km. de Medina, de quien depende, y convine en acompañarle el tiempo suficiente para realizar una excursión á la referida cueva. En la mañana del citado día, partimos de Casas Viejas, vadeamos el Barbate por la Pasada de Gibraltar, y atravesamos la vega con dirección á la Herrumbrosa, fuente que nace en la sierra, rica en mineral de hierro, en uno de cuyos tajos se abre la cueva”.
Antonio Pérez Blanco, Juan y José Vela Morales y Rafael Bernal


José Espina Calatriu había preparado la excursión con empeño. Lleva mucho tiempo queriendo hacerla y sabía que la ocasión era muy importante. Por ello, se lo comunicó al tío de su mujer Antonio Vela Pérez-Blanco, el todo poderoso propietario de la zona. Este debido a su edad no pudo ir a la excursión pero lo hicieron sus hijos Juan y José Vela Morales. Además le acompañó otro propietario del pueblo Antonio Pérez Blanco amigo de los anteriores y conocido por sus intereses por la cultura y el arte. De la importancia dada a esta excursión es una señal que se hicieran acompañar de un fotógrafo que dejará inmortalizada la ocasión. Fechas más tarde Rafael Bernal le regala la fotografía en agradecimiento de los preparativos de la excursión, como se ve en el reverso de la ilustración. En las tierras de los Vela, a pie del Tajo de las Figuras se hicieron la primera fotografía, que fue expuesta por Nicolás Pérez Ruiz cuando hizo su primera exposición de fotos antigua allá por los noventa del siglo pasado. Victorio Molina continua con el relato de aquella excursión: “Subimos la pendiente de la montaña, en cuya cima se yergue el tajo, en piedra viva, desnuda de vegetación, como un lienzo de muralla, y nos apeamos al pie del mismo, donde existe un redil de cabras y se alzan las cabañas de los pastores. Proseguimos la subida sorteando los enormes bloques desgajados de la peña hasta llegar á una pequeña meseta cerca de la gruta. El acceso á ella se hace difícil y peligroso; al borde de la meseta se abre un profundo barranco. La escala que llevábamos á prevención era insuficiente; sin embargo, por ella, y afianzándose luego en los resaltes de la roca, ganó el práctico la entrada de la cueva. Tras él, con el auxilio de una cuerda, subí yo, y después el Licenciado Espina, médico de la aldea”. Rafael Bernal, Antonio Pérez-Blanco y los hermanos Vela esperan su turno abajo, pero el momento es nuevamente inmortalizado por el fotógrafo. Durante los dos primeros tercios del siglo XX las Lagunetas y su entorno se convirtieron en una zona que compatibilizaba el poblamiento autóctono disperso con la visitas pendulares de gente de la ciudad o de Casas Viejas que venían a cazar, a bañarse a los numerosos charcos o lagunestas o a pasar algunos días en plena naturaleza. Ese  fue el caso de Francisco Segovia (hijo de Antonio), médico e importante investigador que estableció fuertes vínculos no sólo con el área, sino también con la población. En los sesenta una pandilla de amigos, élite cultural y social en el pueblo, tomaron la costumbre de irse a pasar varios días en el campo.  En la comparsa Los Bandoleros de 1965, dicen: " Camping las delicias. A 50 metros del charco lazaro en la autopista de Benalup a Algeciras. Figuras Rupestres- Bar- Restaurant- Pista de baile. Servicio de autobuses". Al año siguiente sacaron la comparsa Los tuistas del Figuras. Con la crisis de la agricultura tradicional la población autóctona se marchó al pueblo o a otras ciudades. El carbón, la agricultura o ganadería tradicional dieron paso a otras formas de explotación del territorio donde la caza mayor ocupa el lugar principal, eso ha producido un proceso de bunkerización al hacerse con las propiedades propietarios con poca relación con el entorno. No obstante, la sierra, y por tanto, esta zona sigue siendo constante objeto de idas y venidas, como lo viene haciendo desde la prehistoria. Una de aquellas excursiones la del 17 de abril de 1913 cambiaría su historia para siempre, pues daba a conocer al mundo científico el patrimonio cultural e histórico que los hombres de la prehistoria nos habían legado en su idas y venidas por estos lugares. Pero lleva 100 años sin resolverse adecuadamente. Buen momento para que nos lo planteemos e intentemos solucionarlo, no sólo por nosotros, sino por nuestros padres e hijos también.
Reverso de la fotografía anterior

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