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La emigración de José Suárez

Una vez terminada la Guerra y cumplida la condena que se le impuso vuelve a Casas Viejas y se establece en las Algamitas. Veremos como de allí se va a Algeciras, después a los Barrios, vuelve de nuevo a Casas Viejas, terminando por establecerse en Sevilla. Dos causas fundamentales son las de esta emigración que va a ser común a la de muchos casasviejeños que habían apostado por la Segunda República. En primer lugar los factores económicos, la necesidad de encontrar trabajo y mejores perspectiva para él y su familia. En segundo lugar, los factores políticos, en los pueblos pequeños este tipo de personas estaban marcadas y su existencia se hacía muy complicada. Cuenta en sus memorias no publicadas: “… hasta ver si se presentaba alguna cosa, que pudiera solucionar la papeleta, que eso de tener cuatro hijos varones que no podían ayudarme, era una carga muy pesada, y más cuando no tenía dinero y todas las puertas cerradas…



Me veía con todas las puertas cerradas, y esto resultaba ser el colmo de la desesperación…como me encontraba en una situación tan difícil, que no podía ser más, pues me encontraba a veinte kilómetros del pueblo más cercano, sin comunicación ninguna, ni luz eléctrica, ni prensa ni ningún vestigio de los que exigía la civilización moderna, y con cuatro hijos varones, que tenía contraída la obligación de encauzar su vida, porque no quería verlos siendo unos simples obreros manuales que se pasaran el resto de su vida pasando hambre y maltratados como el resto de los españoles. Empiezo a pensar, y decía:”la única solución que veo es hacer como los militares en la guerra hacer una cabeza de puente para desde allí empezar a batalla. No lo dudé ni un momento porque el tiempo apremiaba y me marché a Algeciras para ver si allí conseguía hacer la cabeza de puente. Algeciras en aquel tiempo era el foco más grande de contrabando y estraperlo, todos vivían de eso, y vivían bien, además tenían las fortificaciones…Como no encontraba nada, me vengo a los Barrios y allí el ambiente era igual, todos vivían del contrabando…En este pueblo encontré un bar que pude tomar el traspaso, este estaba en las afueras del pueblo, ya llí me establecí. Empiezo a trabajar con mis tres hijos mayores y un camarero…”


Allí en un principio la vida les fue bien, hasta que el negocio también se acaba. Lo cuenta el mismo en sus memorias: “ Como las fortificaciones se terminaron ocurrió lo que tenía que ocurrir que todo el castillo aquel montado en el aire, se derrumbó y arrastro tras aquel aparatoso modo de vivir, tan alegremente que se había vivido… Como yo estaba viendo el final tan desastroso de todo aquello, me vi en la necesidad de tener que cerrar antes de que fuera tarde, de continuar me hubiera cogido el toro. Ahora me encuentro otra vez sin horizonte y sin ninguna perspectiva a la vista y con todos los caminos cerrados, y había que empezar de nuevo la lucha por la vida, para poder subsistir… Me decidí marcharme y lo puse en práctica y me presenté en Casas Viejas, y pude conseguir vivienda y a luchar de nuevo. Se me ocurre comprar un coche y ponerlo al servicio público y seguidamente empiezan las amenazas de las compañías monopolistas, y empiezan a cerrarme el camino y como la soga se rompe por lo más delgado, esto me pasó a mí, tuve que desistir y venderlo y a empezar otra cosa. De momento traté de salir de aquella situación y me dedico a las comisiones y empiezo a trabajar para conseguir ganar para el pan de cada día. Una señora que se llamaba Doña Sebastiana Vela, que era de la familia de mi señora, me dice que ella no le importaría comprar una finca cuando tuviera la seguridad que se podía vender ganando dinero. Busco una y la compro, y después se la vendo ganando dinero y después le compro otra y se la vendo también ganando dinero. Este negocio se me daba bien, pero yo no podía ser egoísta, tenía que pensar en mis hijos, que allí no podrían ser nunca más que trabajadores del campo, donde se trabaja mucho y se gana poco y siempre la miseria llamando a la puerta, mal visto y maltratado por la sociedad, que no les reconocía derechos ningunos…Me dije que el sitio más indicado es Sevilla, por dos razones poderosas, porque allí hay mucho dinero y porque pudiera ser que la persecución contra mi cesara y me olvidaran del todo y esto resultara más llevadero para mí y más campo de acción, para mis hijos”. Y en Sevilla estableció su residencia definitiva hasta que murió.

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