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La amistad



En el blog de Cantarranas Sito ha escrito un artículo sobre las pandillas de amigos. Son de esos que le ponen a uno la carne de gallina o los pelos como escarpias que diría el otro. Me ha gustado tanto que un principio había pensado que sería buena idea publicarlo íntegro en este blog, cambiando sólo las fotos de gente de Cantarranas, por gente de Benalup-Casas Viejas. Pero después me ha parecido mejor enlazarlo directamente y aprovechar la ocasión para reflexionar sobre la amistad, la socialización y el paso del tiempo. Como todo gran artículo, acto  o actividad, el principio y el final de su post son impactantes. La primera frase con la que empieza Sito su artículo es demoledora "El paso del tiempo es un chivato". La última es espectacular " Mientras que las pandillas peinen las calles hay futuro". En medio algunas guindas como "Hoy día desbloquearse de la tecnología (ordenador, móvil,...) de una manera individual a una comunión colectiva, es difícil. Los chavales más jóvenes no tienen esa concepción de aprehender a ser sociales"
El hombre es una animal político que decía Aristóteles o un ser social ya que necesita vivir en sociedad. Los seres humanos, al contrario que los otros animales, aprendemos, nos transformamos, buscamos alimentos, hogar, lenguaje o formas de pensamiento en sociedad. Necesitamos que nos quieran, que nos reconozcan y sentirnos útiles para ella. Es por tanto la socialización la gran característica humana. Para esta socialización la sociedad organiza instituciones, como la familia, la escuela o el estado, reglas o normas y aparecen distintos vínculos entre las personas. Aquella relación entre iguales, fundada en el aprecio y confianza mutua se denomina amistad. Esta, por tanto, es tan antigua como la vida misma. La amistad como forma de socialización está condicionada por las circunstancias temporales y espaciales. Sabemos por experiencia que las grandes amistades se forman en circunstancias duras y difíciles como la adolescencia o épocas especialmente complicadas como aquello que se llamaba la milicia nacional. En el Casas Viejas del orden antiguo donde la administración estaba tan lejos como resultaba Medina, la enseñanza reglada casi no existía y las normas y el control era autogestionario la amistad y las pandillas resultaban un elemento esencial de socialización.  En ese sentido es lógico que en sociedades rurales, cerradas, donde la supervivencia es difícil los lazos de amistades que se establezcan sean fuertes y duraderos. Como antropólogo que era, una de las cuestiones por la que más pregunta Mintz en sus entrevistas es por la amistad, como se puede escuchar en el audio de Juan Moreno Vidal, Juan Pinto  o la película sobre Perico el dornillero. Es destacable los repetidos esfuerzos  de Mintz por profundizar en el concepto de amistad, en los cambios que ha sufrido en el tiempo o en las distintas clases sociales y como los entrevistados en una fase de su vida postrera, la contemplan con cierto excepticismo. Como dice Sito "el paso del tiempo es un chivato". En un vistazo rápido por el recorrido fotográfico por las pandillas de Cantarranas o por las de Benalup observamos que la esencia se mantiene, pero que los cambios son tan importantes, que a   veces nos tenemos que plantear si estamos hablando del mismo concepto. ¿Son iguales las pandillas de amigos de principio de siglo o de los años sesenta que las de la actualidad? ¿Qué tienen en común y qué diferente? ¿Son mejores o peores? A la última si tengo respuesta, son diferentes, a los dos primeras la contestación es para la magia de la historia. Desde el punto de vista social o antropológico, al que yo estoy orientado el tema, la amistad siempre ha servido para superar las condiciones adversas que presenta la vida, ya sea de supervivencia económica, de tipo social, amoroso, etc. Ahora es lo mismo. Siempre y ahora la amistad ha estado íntimamente relacionada con la socialización. Y es aquí donde me quiero detener. La socialización se ha producido en el ámbito privado y público, pero es en este último espacio donde los cambios son más profundos. Antes el hombre se socializaba en los bares, las mujeres en las tiendas y en la iglesia. Para la mujer se reservaba el ámbito privado y para el hombre el público. A partir de los grandes cambios producidos en los años sesenta cambia el escenario. La mujer empieza a liberalizarse con lo que comienza a ocupar la calle (hay todavía viejos que no comprende como las mujeres pueden desayunar en los bares) y el tiempo que pasa el hombre en la calle y en el bar empieza a limitarse. En los hogares las condiciones de la vivienda mejoran y aparece un electrodoméstico revolucionario que va a cambiar los hábitos sociales: La televisión. Intuyo que ahora estamos asistiendo a otro momento revolucionario. Esta crisis económica, política y social que estamos padeciendo también traerá cambios en la socialización. Parece que vamos a subir otro peldaño más hacia la pérdida de presencia en la calle y de ganancia de estancia en la casa. Si en los sesenta fue la televisión, ahora en los comienzos del siglo XXI es el ordenador, a través de internet, los móviles o las redes sociales. La gente ya no se relaciona tanto con vino de por medio, con travesuras, juegos o fiestas tradicionales como con botellones, wtahsaap, facebook, tuenti, twitter... Todavía me está haciendo pensar aquella frase que me dijo mi amigo Paco Cobi sobre que a raíz de que se había introducido el botellón en las fiestas de la Yeguada, ya todo sería distinto. Todos los bares del pueblo están sintiendo la crisis económica de una forma especial, me da la impresión que la causa no es sóla económica, también estamos asistiendo a una crisis o cambio de modelos de vida. El ordenador, la casa en el campo o la litrona están sustituyendo a la típica socialización en el bar. Pero insisto todo tiempo anterior, ni fue mejor, ni peor, sino distinto. Y a la vez se mantiene esa necesidad de que nos quieran, nos ayuden, nos escuchen, nos sintamos útiles. Era aquello de " Todo fluye, todo cambia, todo nace y mure, nada permanece, todo se diluye; lo que tiene principio tiene fin, lo nacido muere y lo compuesto se descompone. Todo es transintorio, insustancial y, por tanto, insatistifactorio. NO HAY NADA FIJO DE QUÉ AFERRARSE....(eso me digo cuando algo se acaba) ” de Walter Riso o que todo permanece, nada cambia, la esencia de las cosas se mantiene a lo largo del tiempo, mientras que "las pandillas peinen las calles  hay futuro". Por mi parte, nos vemos en los bares y nos leemos en los blogs.
En la presentación power point hay una serie de fotos sobre la amistad, desde la primera que corresponde al primer premio del II concurso de fotografías Jerome Mintz de Manuel Cepero Casas a la última que es una foto de principios de siglo de un bar de la antigua calle Medina.
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