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Forma de vida tradicional en el Tajo de las Figuras

Foto Mergelina. Interior del casarón de Antonio Ordóñez Camacho en el Tajo de las Figuras

Tanto las fotografías de Juan Cabré como las de Henry Breuil o Cayetano Mergelina muestran la sorpresa que a estos estudiosos les produce que se siga viviendo igual en el entorno del Tajo de las Figuras que se hacía en el Neolítico. Breuil dice  : “A través de espesos y pegajosos barrizales, la pobre caballería se fue, sin prisas a otro vado, que atravesamos también. Pronto apareció, como un farol en la noche, la luz del hogar en el que bailaba la llama, proyectando su resplando por la puerta, grande y abierta de la casucha de Antonio. Tras una cena frugal y de la acostumbrada charla con mis huéspedes, volví entre las rocas del barranco vecino a la pequeña cueva baja (Cueva del Tesoro o de la Paja), donde, sobre un lecho de paja, yo dormía desde hacía diez días enrollando en mis mantas”. 
El coronel Vernet cuenta como debido a las lluvias y a la inundación de la zona perdió el contacto con Breuil y su discipulo Burkitt.
Termina diciendo: “Durante todo el tiempo vivían en cuevas ocupadas antiguamente por el hombre prehistórico, durmiendo en guaridas de helecho y brezo en un estado de incomodidad indescriptible.  Sin embargo, todo termino bien, y cuarenta ocho horas más tarde pude recibirles a mi casa con baños calientes, nada mejor para sus experiencias de los altibajos de viaje y exploración en España salvaje”. Hernández Pacheco por su parte comenta “No debe haber cambiado mucho el aspecto del país de los tiempos prehistóricos a los actuales” . Juan Cabré y Eduardo Hernández Pacheco en  Pinturas Prehistóricas del extremo sur de España (Laguna de la Janda) dicen: “Al pie del tajo hay un amontonamiento de grandes peñascos de arenisca, formando áspero talud, que desciende hasta un bosquecillo y matorral de alcornoques y lentiscos, entre los que brota una fuente. Junto á ella están edificadas unas cabañas de cabreros, con sus paredes de piedras trabadas toscamente con barro; otras chozas tienen las paredes de ramaje; los techos están construidos con los carrizos y espadañas que con tanta abundancia crecen en la laguna. Las puertas son de corcho, y por su aspecto y construcción tienen gran analogía con las cabañas de los pueblos salvajes y seguramente guardarán alguna reminiscencia de las que habitaron los hombres de la edad de piedra” Quizás el más extenso en sus juicios sobre este aspecto fue Cayetano de Mergelina que en 1924 en su libro Los focos dólmenicos en la  laguna de la Janda escribía “Todavía, por desgracia, junto a las breñas que forman el famoso cortado es posible reconocer una organización y un vivir esencialmente neolítico. Pastores, gentes pobres, apegados al estrecho rincón en que han nacido, levantan sus chozas del mismo modo que cientos de años antes las levantara el pueblo constructor de los dólmenes … El ajuar de estas chozas es también interesante. Junto a cacharros de cerámica corriente traída del pueblo cercano, es dado ver el dornillo o cuenco de madera de chaparro hecho de una sola pieza y hábilmente trabajado, recipiente muy usado en la región… En algún rincón, el camastro hecho con ramas ahorquilladas, estrecho, como conviene a lo reducido de la choza, y cubierto de estera de palmito. La impresión que causan estas habitaciones, sobre todo cuando se entra en ellas después de trabajar en el descubrimiento de los dólmenes, es imborrable. No parece sino que, después de visitar las tumbas, se penetra en el poblado neolítico, tal es el poder de persistencia de lo viejo, que imponen, un medio idéntico, una organización de vida parecida y el abandono más completo”.  Esta forma de vida tradicional que se encontraron los expertos en las pinturas rupestres se va a mantener en la zona hasta los años sesenta, cuando llega la crisis de la agricultura tradicional. Dice Verner en su famoso artículo en Country life: "De vez en cuando escuché relatos vagos de unos dibujos en las cavernas, pero los había despedido de mis pensamientos sobre la base de que, contando con que  fueran hechos por el hombre, lo serían  por algún carbonero, cabrero, o contrabandista, todos los cuales suelen usar estas cavernas como lugares para dormir por la noche o para esconderse por el día". La continuidad de la forma de vida tradicional en buena parte del siglo XX se mantiene hasta la llegada de la modernidad a la zona.   De hecho la familia que vive en el casarón más próximo al abrigo de Tajo las Figuras continuó haciéndolo allí hasta los años setenta que se trasladaron a vivir al pueblo. En la foto de Cabré aparece a la derecha Antonio Ordóñez Camacho casado con Concepción Moreno.  Sus dos hijas Francisca y María Ordóñez Moreno. Antonio Ordóñez le dejo el testigo a su yerno Juan Mañez y este a su hijo Andrés Mañez Ordóñez que ha sido el guarda del Tajo de las Figuras hasta fechas recientes en las que murió. Al principio ganaba muy poco, unas 60 pesetas, así que los ingresos de la economía familiar los completaba con lo que daban las cabras, los espárragos o los conejos, como había hecho su familia toda la vida. Las veces que Andrés se iba a trabajar fuera, los hermanos más pequeños le cubrían. Siempre vigilantes por si llegaba alguien. Cuando ese era el caso bajaban en el burro, esperaban a los visitantes y los acompañaban en el doble camino de ida y vuelta, esperando que la propina fuera sustanciosa. Las cuevas eran una fuente más de ingresos para la maltrecha economía familiar, como los conejos o los espárragos.
Foto Juan Cabré

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