Vuelve a abrir la tienda de la Chicha

Antonia Mateos era conocida en el pueblo como “La Chicha”. Estaba casada con Pedro Grimaldi y tenía 9 hijos. En la fotografía aparece en la puerta de su casa, situada en la calle San Juan. En su casa vendía los productos de la huerta que su marido y su hijos criaban en las huertas de la familia Grimaldi. Los hortelanos es una de las profesiones típicas de Casas Viejas. Debido a la riqueza del acuífero de la mesa está constatada la presencia de numerosas huertas desde la época de los musulmanes, que se estableció el sistema de riego que ha durado hasta época recientes. En la Edad Moderna en la ladera que sirve de transición entre la mesa y el valle del Barbate se estableció la dehesa de la huertas que a base de poblamiento disperso mantenía una importante población dedicada en su mayoría al cultivo de esas huertas y donde la agricultura de subsistencia tenía un papel muy importante.
En el siglo XIX, en la época de la formación del pueblo, tanto la calle Medina, como la calle Nueva, los dos ensanches sobre los que creció la población se basaron en la existencia de estas huertas.  Dice Mintz en Los anarquistas de Casas Viejas: "Los hortelanos conocían la estación y característica de cada planta que sembraban, el arte de injertar la naranja dulce en el naranjo amargo más robusto y el método de irrigar terrenos desnivelados para poder regar todas las partes de la huerta por un igual. Estas eran las viejas artes agrícolas que habían sido transmitidas de generación en generación desde la época de los árabes. A causa de sus habilidades y porque surcaban la tierra con la pesada azada en vez de con el arado, los hortelanos cobraban un salario ligeramente más alto que los campesinos". En el censo de 1917 aparecen  12 hortelanos. Son Miguel Grimaldi Gallardo, Manuel Grimaldi Bernal,  Cayetano Cabañas Salvador, José Bancalero Mesa, Antonio Grimaldi Gallardo, José Marín Aragon, Antonio  y Manuel Marín Sánchez,  Francisco y Antonio Bancalero Gutiérrez, Sebeastian Cabañas Cornejo y Salvador Grimaldi Gallardo. Son todos pertenecientes a cuatro familias (Grimaldi, Gallinitos, Bancalero y Marín) que tienen su origen en el siglo XIX y que van a continuar con el oficio hasta que la crisis de la agricultura tradicional acaba con las huertas tradicionales.Hasta la década de los sesenta los hortelanos locales tuvieron un papel fundamental pues el pueblo se abastecía fundamentalmente con productos endógenos, de la tierra o del terreno o del país. Eran tiempos donde se vivía fundamentalmente de los recursos que generaba el entorno, la globalización no existía y el dinero se utilizaba y tenía menos importancia que en la actualidad. Con la crisis de la agricultura tradicional estas huertas no pudieron soportar la competencia de otros productos foráneos y muchos de estos hortelanos, como los hijos de la familia Grimaldi, emigraron a núcleos industriales del NE, en este caso a Torrent. El momento de cambio que vivimos en la actualidad ha significado la crisis de muchos negocios que ya llevaban mucho tiempo en nuestro pueblo como el Covirán, que no ha podido competir con otras fórmulas comerciales. Un miembro de esa familia que llevaba este negocio es la que ha retomado la vieja tienda de la Chicha y lo ha adaptado para vender frutas y verduras. Parece claro que la situación a la crisis actual no pasa por retomar las actividades de antes de los sesenta, pero casi todos los expertos coinciden en que para fijar la población del medio rural, para conseguir que el mundo urbano no absorba y elimine el mundo urbano, para perpetuar el inmenso patrimonio natural y cultural  que hay en el campo, para conseguir ese tan loable como difícil de alcanzar desarrollo sostenible es necesario diversificar en los pueblos las actividades económicas y partir de los recursos endógenos. Mucha gente que está viviendo de las rifas o ventas de espárragos, tagarninas, pajaritos, caracoles, setas, etc está capeando la crisis de la misma forma que se ha hecho tradicionalmente en esta tierra, explotando los recursos naturales que este magnífico entorno proporciona. Voy a terminar con un cuento. Un barco encalla y no puede salir de la masa de agua en la que ha quedado atrapada. Pasan los días y la tripulación necesita beber agua. Piden SOS por telégrafo y le responde que no pueden acudir, pero que tiren los cubos al agua. Cuando llegan las ayudas ha muerto toda la tripulación. No habían entendido que estaban sobre una masa de agua dulce y que la solución estaba ahí al lado, pero no se dieron cuenta. A lo mejor, ojalá, la solución a esta crisis no sea la emigración, sino tirar los cubos al agua y utilizar los recursos endógenos y naturales que está tierra siempre ha provisto a sus moradores, desde la  prehistoria hasta la actualidad.

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