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Suárez Orellana sobre el estraperlo y el racionamiento

Las memorias no publicadas de José Suárez Orellana son un precioso documento para observar y analizar las etapas históricas por las que transcurre su vida. En ellas va contando desde su ideología, perspectiva crítica y comprometida las distintas peculiaridades de cada época. En este caso me detendré en la inmediata postguerra, la época de la cartilla de racionamiento, el estraperlo y el hambre.
“Conseguí me diesen una cartilla de racionamiento, para tener derecho al racionamiento que nos daban, que después muy exiguos, tardaban mucho tiempo en darlo; como estaba tan lejos del pueblo, conseguí que me diesen el suministro por semana. Dicho suministro consistían en una cuartilla de harina, un litro de aceite y algunas veces medio kilo de arroz, y esto era todo.



La molienda del trigo la hacían sin limpiar el trigo, por orden según decían del gobierno, y además autorizados a mezclarlos con todo cuanto era posible, porque bastaba que les dieran un dedo para que ellos se tomaran la mano. Un día me traen la harina y esta era de maíz, que lo habían molido, y este estaba picado y no trataron de limpiarlo para quitarle los gusanos que tenía por estar picado. Esta molienda consiguió que resultada todo hecho una pasta con un olor que despedía que era inaguantable…” En un principio se fue a vivir a las Algamitas, por eso lo del suministro semanal. Cuando habla sobre la miseria y el hambre es inevitable que nos acompañe el relato con una crítica política: “Yo llegué a ver familias enteras que se pasaban el día cogiendo una planta que se llamaba tagarninas y las cocción con agua y ese el único alimento que ingerían y esto traía como consecuencia que se hinchaba y se morían. Mientras a unos les sobraban de todo, otros se morían de hambre…Le hizo pasar quince años de hambre y miserias horribles, donde los obreros se morían por estas causas. (Entre los años 40 y 56). Los víveres se racionaron para los que no eran afectos al Régimen. Para ellos no había racionamiento, vivían a todo placer. ¿Cómo se podría olvidar esto?” En el siguiente párrafo describe perfectamente como en Algeciras y Los Barrios el estraperlo y el contrabando dominaban el comercio. “En medio de la calle se compraba todo los talones de gasolina que uno necesitara como gomas, piezas de coches. Todo esto era producto del robo, que no se vendían en público, por estar todo intervenido por el Estado, y los servidores de él eran los que proveían a esos comerciantes fuera de la ley y se repartían las ganancias, y a vivir que son tres días, pero luego fueron cuarenta años de festín para aquellos que no tenían escrúpulos de ninguna clase……Todo lo demás que necesitábamos lo comprábamos de estraperlo y dar lo que pedían sin discutir el precio, porque si, lo hacía se quedaba sin él. Esto era el robo autorizado, porque si tenía dinero tenía de todo y el que tenía poco se tenía que contentar con ver a los demás comer. Los que administraban la comisaría de abastos, estos y sus amistades le sobraban de todo hasta para vender, y esto hacía que todos querían ser amigos de ellos, para chupar del bote”.
Termino esta entrada con una reflexión crítica de José Suárez Orellana sobre la situación “… Ellos hablaban mucho del Imperio establecido en España por la gracia de Franco y de Dios, y yo decía que si un Imperio era tener dos clases de españoles, una que le sobraba de todo y que vivían a todo placer y otra que carecía de todo y no se les daba más derecho que ver, oír y callar”.

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