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Suárez Orellana, con la Iglesia hemos topado

Suárez Orellana le encanta la actuación política, sobre todo, aquella que resuelve problemas. En sus memoria se le nota orgulloso de aquellas actuaciones donde se solucionan problemas gracias al diálogo e intentando que se imponga la razón. El caso de las ventanas de la escuela de arriba es un prototipo de lo que estamos contando. El hecho ocurrió después de los Sucesos y antes de la Guerra Civil. Y su alegría es inmensa al solucionar el problema pues se trataba de una acción a favor de la educación, a la que tanta importancia le otorgaba, que era obstaculizada por una iglesia antigua y timorata, a la que tanto criticaba.
El Inspector mandó que se abrieran dos ventanas y que si no se hacía, no tendría más remedio que con todo el dolor de su corazón cerrarlas, y como consecuencia de esto a los niños se les privaría de tener un refugio… y ahí nuestro sufrimiento y apuro, porque las ventana había que abrirlas donde lo impedía la Iglesia porque daban a un solar su propiedad y pasó como dijo Don Quijote: “Sancho, con la Iglesia hemos topado” y comienza la lucha para conseguir la apertura de la ventana. Las familias empiezan a protestar y vienen a mí, en vez de denunciarlo al alcalde. Le contesté que era asunto de resolverlo él. Pero contestaban que si yo no me ocupaba del asunto, los demás no resolverían nada. Y esto para mí era otra responsabilidad más, de las que sobre mi pesaban. Y no lo dudé un momento, me presenté en el Ayuntamiento, reuní a todos los Concejales, que resulta que eran todos de Medina, de Casas Viejas era yo solo, y por mayoría no podía conseguir nada, y tuve que recurrir a convencerles y reconocieron lo justo de mis peticiones y se acordó y se hizo constar en acta dicho acuerdo, de esa forma repartíamos la responsabilidad si la hubiera entre todos y propusieron que buscara un albañil y pasará la cuenta allí para pagar los gastos de ponerla. Aviso a un albañil para que se encargase de abrirlas y poner las rejas. Pero él se que quejaba de que en una ocasión anterior fue a abrirla y el cura se las hizo cerrar. Y le dije que ahora no era igual. Pero no confiándome de lo que decía se lo comunicó al cura que era muy soberbio y dominante. Al verme empezó a decirme que no se podía hacer porque necesitábamos el permiso del Papa y que le escribiera contándole el caso y él aseguraba que por tratarse de lo que se trataba lo concedería. Le dejé que terminara y cuando se había desahogado le dije: ¿Ha terminado? Y me contestó que sí. Pues ahora empiezo yo. Le digo que me extraña grandemente que un Pastor de la Iglesia venga a crear obstáculos a una obra tan humana en vez de ayudar y ofrecerse voluntario a que se hiciera, cuando esto no perjudica a la Iglesia, y además que el Papa en Roma tenga que autorizar si se abre o no una ventana en un casa española a mí me parece que no tiene que saberlo por tratarse de una cosa de tan poca importancia y tan beneficiosa como esta, y si tiene interés en que el Papa lo sepa y autorice, usted le escribe contándole el caso, que me supongo contestará (si contesta) a los seis años o más, y mientras tanto los niños no dejan de asistir a clase. Y se marchó sin despedirse”.
El triunfo de la razón, de la educación, de la gestión política le pareció a Suárez Orellana tan importante que recordaba el caso perfectamente cincuenta años después, pues como dice en otro apartado de sus memorias: “las estoy haciendo a los 84 años de edad, cuando ya las facultades físicas y mentales van disminuyendo. Tengo el oído casi perdido, la vista me falla y la memoria se niega muchas veces a ayudarme”.
En la fotografía de arriba hemos localizado a D. Manuel Sánchez, maestro del pueblo, vestido de forma elegante con pañuelo en la chaqueta y sombrero.  A continuación con gorra, chaqueta y camisa claras, bigote ancho y un palustre en la mano derecha está Bernardo Cózar Cabañas, miembro de una familia de albañiles de la época. El cuarto por la derecha, de pie, parece ser Bascuñana, alcalde del pueblo. Viste también de forma elegante, con gorra, chaqueta, chaquetilla y corbata. El sexto por la derecha es Fernando Cozar Cabañas, hermano de Bernardo, también albañil. Es curiosa su forma habitual de colocarse la gorra. El segundo por la izquierda puede ser Luis Orellana (Luis Torrijas). Junto a la pizarra, sentado, con camisa blanca y chaquetilla, parece ser Juan Casas (Fogarín).

2 comentarios:

fran valdrod dijo...

Ante todo muchas gracias por la luz que arrojas con este blog.

Tengo una pregunta:
¿De qué año es esa fotografía?

Salustiano Gutiérrez Baena dijo...

Principio de la década de los treinta, creo yo.