María la Libertaría


Con el motivo del día de la mujer trabajador, tomo prestada esta entrada de este blog
EL AUTOR DE TORREPEROGIL (JAEN), JUAN CARLOS PEREZ LOPEZ HA SIDO GALARDONADO EN LA TARDE DEL VIERNES 20 DE NOVIEMBRE CON EL PRIMER PREMIO DEL IV CERTAMEN INTERNACIONAL DE RELATO Y POESÍA “PACO GANDIA” DE SEVILLA. LA OBRA PREMIADA SE TITULA “EL NACIMIENTO DE UNA LEYENDA”, UN RELATO QUE SE CONVIERTE EN UN EJERCICIO SOBRE MEMORIA HISTÓRICA BALSÁMICA Y UN HOMENAJE A LAS MUJERES QUE DIERON SU VIDA POR MANTENERSE FIELES A SUS PRINCIPIOS E IDEALES EN UN TIEMPO DISEÑADO POR Y PARA LOS HOMBRES.

RELATO GANADOR DEL IV CERTAMEN INTERNACIONAL DE RELATO CORTO Y POESIA "PACO GANDIA"

Madrid, cine Europa, noviembre de 1933
Un profundo silencio colapsó la sala cuando se anunció que iba a hablar María. Llevaba unas cuartillas en la mano.
En ellas estaba escrito el texto de su intervención. Aguantaba a pie firme, pero nerviosa, muy emocionada. Su vida había experimentado notables transformaciones en pocos meses. Las pobres callejuelas de Casas Viejas fueron cambiadas por las amplias avenidas de Madrid. Se encontraba frente a miles de personas; esperaban para oírla. La atmósfera enclaustrada entre aquellas cuatro paredes estaba cargada. Dio libertad a su voz. Sus palabras resonaron, batallando con los ecos de los altavoces:
“Compañeros y compañeras, pueblo de Madrid que en estos momentos escucha la voz emocionada de una superviviente de la tragedia que conmovió a España y al mundo entero; pueblo que muestra su rebeldía, su ansia de superación y de terminar con todos los traidores, con todos los vagos profesionales que la han esclavizado…”
La emoción le pudo; comenzó a llorar. Los aplausos tronaron en la sala. El presidente del mitin terminó de leer el escrito; finalizaba con una invitación a la lucha revolucionaria.
En un lugar desconocido, 24 de agosto de 1936:
Tengo frío. Están frente a mí. Siento miedo. No sé si ellos abrigan remordimientos de conciencia, pero si lo hacen, supongo que antepondrán sus uniformes y la obediencia debida para sacudirse de encima sus comezones. Soy una mujer cualquiera, única. Ellos forman un grupo de hombres dispares sometidos a una autoridad que siguen a ciegas y que convierte en valientes por un día a cobardes de toda la vida. Yo soy libre. Ellos acatan. Nunca es tiempo para morir. Tampoco para vivir con el peso de una muerte que manchará sus manos por siempre jamás. Yo prefiero acabar aquí mis días, con mis manos limpias, enarbolando la bandera de la libertad antes que ser esclava de la intolerancia por un solo instante.
La noche ha sido dura. Saber que te espera el fin no es algo grato de vivir en una sucesión de horas oscuras que se ha eternizado para no dejarme conciliar el sueño. Sin embargo, ahora me parece que mi vida ha sido como un suspiro. Atrás quedarán muchos años, buenos y malos momentos que he podido recordar con absoluta nitidez. Supongo que el temor a morir ha removido mis entrañas; a mi han acudido escenas engarzadas de mi existencia; apenas sí las recordaba. Todo lo puedo aguantar; siempre he sido fuerte. He tenido una vida difícil. Aun así, me siento orgullosa de ella; mis ideas han estado por delante. Siempre he pensado que las ideas esclavizan sólo cuando no te atreves a nombrarlas, pero hacen libres a los hombres y a las mujeres que las hacen volar. Y es que no hay mayor tragedia que encerrar las ideologías en la soledad de la cabeza; ahí se pudren si no las aireas con la palabra.
Tengo frío. Ahora estoy confusa. Tiemblo. Me embarga la pena de no poder ver a mi hijo. ¿Qué será de él cuando yo no esté? Una infancia sin madre es una tragedia, un mal punto para emprender la vida. Me duele perderme sus llantos, sus primeros pasos, sus enfados, sus primeras palabras… sus risas. Siento en el alma no poder estar a su lado para cuando necesite una voz cercana y familiar con la que remediar sus sufrimientos o ganar ánimos. No veré sus nervios cuando le toque amar; no veré crecer su vida mientras la mía se achica. Sólo espero que él nunca me pida cuentas, ni me reproche haber seguido el mandato de mis ideales, pues, al fin, son los que le van a dejar sin madre. Pero supongo que sin ellos él nunca habría crecido en mis entrañas, ni habría mamado de mis pechos, estos pechos que ahora abrazo y que sienten el vacío que ha dejado la ausencia de su pequeño cuerpo apretujado contra ellos. No está conmigo, pero lo llevo de nuevo en mis entrañas, el lugar donde las madres mejor entendemos a los hijos.  
Soy una madre orgullosa; mi hijo es fruto del amor. Ojalá que algún día, cuando crezca y comprenda, pueda sentir por sus padres un reconocimiento que le haga ir con la cabeza erguida, que nunca se avergüence de nosotros. Solo le pido perdón por no poder estar a la vera de su camino. Mi último pensamiento será para él. Y eso ha de servirle para que me sienta presente, pues en su cabeza nadie me puede matar, menos aún en su corazón. Lo sacaron de mis entrañas; lo llevo en mi alma.
 Ahora estoy confusa. Tengo miedo; las lágrimas nublan mi vista. Quizá sea mejor así. Les miraré de frente, pero no me llevaré sus rostros. Ellos me robarán la vida, pero yo me llevaré sus conciencias. Yo moriré en paz. ¿Cómo vivirán ellos?
Tengo miedo, y mucho frío. Estoy  confusa, muy confusa. Tirito; me duele que piensen que soy cobarde. Frío, más del que realmente hace; miedo, más del que ciertamente tengo.
-¡Atención! Prevenidos: ¡Carguen! ¡Apunten! …
En una tumba anónima yace María Silva Cruz, “La libertaria”, un nombre contra el olvido.

Comentarios

manuela cruz estudillo ha dicho que…
5493Como dice el relato a mi se me ha nublado la vista y me ha estremecido al leerlo.Manuela Cruz Estudillo.

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