headerphoto

Excelencia o equidad en educación

Carla Mintz y sus amigas juegan en la puerta del colegio en 1969 en aquel Benalup de Sidonia
Alumnos del Instituto-Escuela de Barcelona durante una fiesta de fin de curso en 1932. Foto del País.
Estamos en vacaciones y hay tiempo para leer y escribir más. Por eso, estos días publico un segundo artículo en mi blog. Últimamente me están pasando cosas raras, como esta mañana que he leído un artículo con el que estoy totalmente en desacuerdo pero me ha encantado. Va sobre educación y en segundo lugar sobre historia, dos de mis temas favoritos. Es de Antonio Muñoz Molina y lo ha publicado en el País. He empezado leyendo el artículo con gran interés porque ya el título me ha llamado mucho la atención: Memoria crítica. Sabía que no iba a estar de acuerdo con su opiníón, lo que no sospechaba es que me iba a entusiasmar tanto.
Empieza de una forma espectacular: "En España algo que nunca ha faltado son los defensores de la ignorancia. Tradicionalmente, solían pertenecer a los gremios más reaccionarios, y por lo tanto más interesados en la sumisión analfabeta de las mayorías. Nada como la ignorancia para asegurar la fe en los milagros y la reverencia hacia los terratenientes, y para asegurarles a estos las masas de jornaleros dispuestos a trabajar a cambio de salarios de limosna en sus latifundios, y en caso necesario a dejarse poner uniformes y a servir de carne de cañón en las guerras, marcando el paso en los desfiles ante el Santísimo y la bandera a los sones de un pasodoble patriótico. Predicadores de los catecismos socialistas utópicos del siglo XIX alentaban con una misma elocuencia las cooperativas obreras y la instrucción pública, y las primeras mujeres rebeldes que reclamaban la igualdad con valentía inaudita celebraban el aprendizaje y el conocimiento como herramientas necesarias para conseguirla”. Evidentemente las relaciones con Casas Viejas son más que claras. Recordar que aquí solo hace 26 años que lleva funcionando un centro de educación secundaria. Recordar que una de las prioridades del centro de oficios varios creado en Casas Viejas en 1914 y en 1932 era la educación, como se escucha en el audio de Pepe Pareja que aparece al final.  En el desarrollo de su artículo Muñoz Molina comienza con la primera parte de su tesis. La ignorancia es la mejor forma de reprimir y controlar a un pueblo. “El saber mejoraba y liberaba; la ignorancia embrutecía. La reacción levantaba iglesias, cuarteles, conventos, plazas de toros; ser progresista —noble palabra liberal que en nuestra juventud quedó encogida y amputada y caricaturizada en el término “progre”— significaba, prioritariamente, levantar escuelas e institutos de enseñanza media desde los cuales irradiara el entusiasmo del conocimiento, la eficacia práctica y cívica de la racionalidad”. Rápidamente me acordé de que aquella frase del socialista  Suárez Orellana en un pleno del Ayuntamiento de Medina el 15 de junio de 1936 "así como en la monarquía el edificio mejor era la iglesia, durante el segundo bienio el Cuartel de la Guardia Civil, ahora con el frente popular el mejor edificio de los pueblos debe ser la escuela". Luego hace un repaso por el final del siglo XIX, el regeneracionismo y la II República como épocas donde la lucha contra la ignorancia era lo fundamental de la política. La verdad es que conforme avanzaba en el artículo más me gustaba, pero sabía que la tormenta estallaría pronto y lo hizo con esta frase: “Una de las sorpresas más desagradables de la democracia fue que la izquierda abandonara su viejo fervor por la instrucción pública para sumarse a la derecha en la celebración de la ignorancia. Y así se ha dado la paradoja de que al mismo tiempo que se cumplía el sueño de la escolarización universal triunfaba una sorda conspiración para volverla inoperante. La izquierda política y sindical decidió, misteriosamente, que la ignorancia era liberadora y el conocimiento, cuando menos, sospechoso, incluso reaccionario, hasta franquista” . Luego defiende la memoria como instrumento del conocimiento y hace un alegato a favor de la geografía y la historia. Concluye, lo mismo que empezó, de forma espectacular: “El saber despierta el apetito de saber más; la ignorancia sólo alimenta ignorancia y desgana. En la izquierda, cualquier crítica del estado actual de la educación activa como un anticuerpo la acusación de nostalgia del franquismo. La derecha se ríe con esa sonrisa cínica del ministro de Educación: ellos van a lo suyo, a desmantelar lo público y favorecer los intereses privados y el dominio de la Iglesia, y en cualquier caso siempre tienen medios para costear estudios de élite y másteres a sus hijos. Es la clase trabajadora la que paga el precio de tantos años de despropósitos. De nuevo la ignorancia es el mayor obstáculo para salir de la pobreza. Quizás no falta mucho tiempo para que aparezcan de nuevo visionarios que vayan predicando por los barrios populares la utopía liberadora de la instrucción pública”. No es la primera vez que le leo a Antonio Muñoz Molina este tipo de argumentos y por supuesto no será la última que hable sobre este tema, pues esta polémica es el pan nuestro de cada día en la profesión en la que me gano yo el mío. Ya no sólo se discute sobre la necesidad de la memoria o el tipo de aprendizaje tradicional memorístico, también en la conveniencia o no de la comprensividad, en la necesidad de fomentar las competencias, las actitudes o el saber hacer o si es mejor ser rígido en la evaluación de los aprendizajes o por el contrario abrirle el camino al mayor número posible de alumnos-as, aunque sea a costa de bajar el nivel de exigencia de contenidos. Es aquello que yo interesadamente tanto digo que a mí no me pagan por ejercer de juez, para saber si un alumno tiene o tiene los conocimientos exigidos, sino que lo hacen para que yo enseñe y ellos aprendan. Por supuesto, que el trasfondo ideológico es evidente. En definitiva, todos estamos de acuerdo en que hay que compatibilizar la excelencia con la equidad, pero cuando ambos conceptos chocan, que lo hacen a menudo, unos optan por la excelencia y yo por la equidad. A mí me parece que en España, y sobre todo, en Casas Viejas partimos de unos niveles tan bajos de instrucción que se impone conseguir unos niveles mínimos básicos como prioridad, intentando fomentar y ayudar también  a aquel sector que tiene unos niveles de motivación y expectativas superior a la media. Carla Mintz me preguntó este año en su visita al IES qué cuál era el problema más grande que había en la educación en España,  le dije que bajo mi punto de vista era como posibilitar que los que no pueden o no quieren ¿?  obtengan unos niveles mínimos de educación, al mismo tiempo que los que pueden y quieren se preparan para altas metas, sin tener que segregarlos y separarlos. Me dijo que en EEUU lo tenían claro, que se separaban y punto. Yo le contesté que el irónico de Wert también lo tenía claro, pero que la gente de la educación no lo teníamos tan claro. Que ese era el debate en los Claustros y sobre todo en las sesiones de evaluación (¡cuántas discusiones y nervios  los 31 de mayo!). Muñoz Molina me ha recordado que en temas de educación la derecha no duda y que la izquierda, como siempre y como en todo, vive en ella. El artículo de Muñoz Molina te permite pensar, debatir, discutir, reflexionar... y por eso me ha gustado tanto, aunque defienda una tesis contraria a la mía. No hace mucho era inconcebible que me gustara una cosa que estuviera en mis antípodas ideológicas, se nota que últimamente he aprendido bastante. Ese creo que es el camino.Como le dice Pepe Pareja, el viejo anarquista, campesino con ideas, en 1966 a Mintz: "Y ahí entra la discusión. Y de la discusión sale la civilización. Porque si no hay discusión no hay civilización. Porque hay que discutir para comprobar si aquello es útil o no lo es"

laimportanciadelaeducaciónyladiscusión.mp3

0 comentarios: