headerphoto

Los Laritas, los figaros de Benalup

 José y Bernardo Lara Ortiz han sido  de los personajes más característicos y singulares de los dos últimos tercios del siglo XX en Benalup-Casas Viejas. Eran polifáceticos en todos, en las profesiones a las que se dedicaban, en la forma de comportarse, en los motes que dejaron para la posteridad...Además de barberos, vendían relojes, tenían un huerto o sacaban las muelas, por ejemplo.  Para sacar las muelas lo hacían de un forma muy especial, primero les decían las personas que hiciera gárgaras con un vaso de vino que ellos le daban y luego que tirara el vino por la ventana, y después sacaba la muela. El  dolor duraba unos cuantos días. Ambos usaban gafas de sol porque tenían problemas con la vista.
Paseaban mucho y uno a otro se mandaban a la calle San Juan para ver quien entraba y quien salía de la peluqueria de la competencia; la de los hermanos Bancalero. Otra de sus aficiones era la pintura. En la barbería tenían pintado a Franco con el Cordobés un cuadro muy  apreciado en aquella época. Eran muy religiosos, iban siempre a misa, decían que era para que las personas del pueblo se dieran cuenta de que ellos eran muy buenas personas. La mejor descripción sobre los mismos la hizo Manuel Pérez Regordán en un artículo del diario de Cádiz de 10 de agosto de 1992 contando su visita en enero de 1958. El artículo se llamaba El Fígaro de Benalup: “…A la mañana siguiente me dirigí a una barbería…, al objeto de que el fígaro de turno me afeitara. En un pequeño local, pintado de azul y decorado con numerosas estampas de almanaques se encotraba un raído sillón de rejilla en el que se disponía a ejercitar su profesión un barbero regordete y bajo, calvo, de ojos saltones, y cara redonda en la que campeaba una pequeña nariz que coronaba, graciosamente, un rídiculo medio-bigote rubio que circundaba, temeroso, el labio superior…Me senté en el sillíon y vi, con asombro, como aquel hombre, más que moverse saltaba con nerviosismo, me ató un paño al cuello y, con ritmo alocado, comenzó a tomar el jabón con la brocha… Las preguntas sucedían unas a otras con tal velocidad que era imposible el poder contestarlas…
    Pero mi incertidumbre sobre si era cabal o no el estado del fígaro fue a mayor cuando se tranquilizó y comenzó a hablarme de la parroquia mayor de Medina Sidonia, Santa María la Coronada:
 - Es una pena que se haya quedado allá arriba sola. La deberían de bajar, como han hecho con una iglesia de Cataluña, con unas máquinas que les meten por debajo y ponen esos edificios donde quieren. Lo que no le puedo asegurar es si la máquina es tirada por motores o por bueyes, pero, la deberían bajar…
Entonces fue cuando tomé conciencia de que aquel hombre no estaba –al menos en aquel momento- en sus cabales y todos mis pensamientos se precipataron en uno solo: ¡que acabara pronto aquel trágico afeitado!. No recuerdo cuánto me costó ni de qué forma salí del establecimiento, pero lo cierto fue que al comentarlo en el pueblo, alguien me contesto sonriendo:
   - En soplando el levante, no se le ocurra entrar más en esa barbería.”


0 comentarios: