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Los años del miedo

Cuenta Juan Eslava Galán la siguiente anécdota que explica el título de su libro: “Los años del miedo”. Aquellos que van del final de la guerra civil a 1956: “A esa hora, Teófilo González está enfrascado en la lectura de Fortunata y Jancinta de Galdós. Doña Casilda, su madre, aparece en camisón, el pelo envuelto en una gasa que protege la permanente cuando duerme. Lleva en la mano una palmatoria encendida.
-Hijo, ¿qué haces? – pregunta alarmada.
- Ya ves, madre:leyendo.
- ¡Ay, hijo, apaga esa luz, que se ve desde la calle y nos estamos significando!
Teófilo dobla una esquina de la página y apaga la luz.
-    Si, madre.
La España del miedo.
Esta anécdota, que es cierta, me la contó mi amigo Ricardo Artola, al que debo también la idea de este libro y su título”.

Ese miedo que vivió España en esos años y que ha dejado su huella hasta la actualidad ha pervivido hasta la actualidad.
En Casas Viejas ese miedo es parte de su historia reciente. En un trabajo de Jesús Guillén, Juan Pedro Torres y José Carlos Vargas decían: “En la época de Franco, cuando todas las personas implicadas en esta desagradable tragedia tuvieron hijos, no les contaban absolutamente nada de lo sucedido en Casas Viejas por miedo a lo que se pudiera hablar en la sociedad. Una de estas personas nos cuenta una anécdota que se quedó marcada en su mente para siempre. Esto fue que tras interesarse por estos hechos y preguntarle a sus padres: “mis padres se echaron a llorar desconsoladamente sin darme ningún tipo de respuesta. Desde entonces fue cuando comprendí que aquello causaba un gran dolor, tristeza y que no era para nada agradable de recordar”. Dos alumnas del IES Casas Viejas, Génova Ortiz Rojas y Natalia Moya Casas realizaron un trabajo sobre Benalup y los Sucesos de Casas Viejas durante el franquismo. Las encuestas fueron realizadas a personas mayores de cincuenta años, participando miembros de familias que vivieron los Sucesos muy de cerca como los Pavón, Moya, Lago, Paredes, los de Pepe Pilar…, con vínculos entre ellos, debido a los matrimonios de los hijos/as. Estas fueron sus conclusiones más relevantes:
     “Hay dos personas que no quieren contestar la encuesta. Una dice que no quiere hablar “porque no quiere tener problemas, bastantes han tenido ya durante su vida”. Otra dice que en su casa estaba prohibido hablar de esas cosas y que él no habla tampoco.
     Todas las personas que contestan la encuesta dicen que en esa época ellos llamaban al pueblo Casas Viejas, que haber tenido relación con los Sucesos era un aspecto que influía negativamente en sus vidas, así como que el grupo de personas que seguían siendo anarquistas estaban muy mal visto y eran pésimamente considerados.
     También coinciden todos en que la información sobre los Sucesos se transmitía de una forma oscura, era un tema tabú. En algunas casas (5 casos, se hablaba del tema, pero con mucho miedo), y otras (3) ni se llegaba a mencionar siquiera. Fuera del círculo familiar nunca se hablaba de este tema. Ninguno estudió este asunto en el colegio. Todos, salvo los dos que no contestaron, conocieron a personas que participaron en los Sucesos
     Hay unanimidad en que la diferencia es total entre el tratamiento del tema durante el franquismo y la democracia. “Antes se veía como algo malo, ahora como que la gente defendía lo suyo” “En la democracia se han sabido más cosas”. En lo que no hay acuerdo es ante la pregunta “¿cree que todavía hay miedo y pudor a hablar de los Sucesos?”. Tres contestan que si, y cinco que no. Al final se preguntaba por su opinión particular sobre los Sucesos. Recogemos algunas frases que nos han llamado la atención: “Fue horroroso, una matanza y un engaño”, “Estuvo muy malamente y las autoridades fueron muy injustas, porque por nada mataban a alguien, le daban palos  y los arrestaba”, “Se debería haber evitado todo aquello, murieron muchas personas inocentes”” No me parecen bien los que mandaban y me parecen bien la gente que se manifestaba, porque estaban en contra de lo que había y querían lo mejor para el pueblo”.

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