headerphoto

La tienda de la Berenjena

Qué fotografió Mintz es el nombre de esta serie. En este caso la tienda de Isabel Gutiérrez Cruz, más conocida por el mote de la Berenjena. Desde la puerta hace la instantánea lo que le permite captar a las personas que están en ese momento en la tienda y las mercancías que hay en ella. Isabel Gutiérrez y su marido Antonio Pérez vivían en la calle Medina 19, en la actualidad Independencia, en una casa anexa a la tienda con sus 4 hijos. La ropa de Isabel es distinta a la de las tres mujeres mayores, que de luto perenne están comprando. Dos de ellas llevan pañuelo negro en la cabeza. Ninguna de las cuatro mira a la cámara, aunque son conscientes de que las están fotografiando. En la segunda fotografía la perspectiva es distinta, ya no es desde la puerta, ahora es desde dentro, y el protagonismo es para el interior del mostrador de la tienda. En primer plano la balanza, el papel de estraza que se empleaba para envolver los alimentos y los paquetes de arroz. Aparece Isabel Gutiérrez y al fondo Antonio Pérez.
Como se ve en las fotografías están tiendas  eran una especie de supermercados diminutos, ya que en ellas se podían comprar  desde los productos alimenticios -como pan, salchichones, tomates, latas de conserva... hasta otros productos como Coca Colas,  pasteles, bombillas, etc; en definitiva, todos aquellos artículos que en esos momentos se consideraban de primera necesidad. En un primer plano, en el mostrador a la izquierda aparecen las frutas y las verduras, posiblemente de origen local, provenientes de algunas de las muchas huertas activas que había en la localidad en esos momentos. Colgados aparecen salchichones industriales, aunque ellos también hacían matanzas y vendían los suyos en la tienda. Al fondo latas de conserva, productos de droguería, bebidas, cerámicas y un largo etcétera. En una sociedad menos abierta que la actualidad y donde las posibilidades de desplazamiento eran menores que en las actuales estas tiendas cumplían, en mucho menos espacio, las funciones que hoy hacen las grandes superficies.
La poca especialización de las tiendas y la poca organización con la que se mostraban los productos constituyen otras dos características del comercio minorista de esa etapa, que se observa perfectamente en la fotografía. Son muchas las características del comercio minorista de esta época como el fiado en el sistema de pagos, o la dita o la recova (Antonio Pérez era recovero), pero la diferencia más importante es la relación existente entre el dueño de la tienda y los clientes. . En muchos casos los propietarios de las tiendas posibilitaron que los frecuentes “baches” o “malas rachas” fueran simplemente eso. Existen multitud de historias de agradecimiento de familias que en un momento determinado necesitaron la ayuda, la confianza o hasta la caridad del tendero o la tendera y la obtuvieron. Catalina Silva Cruz nos cuenta que le encantaría ver al tendero para abrazarlo y seguir agradeciéndole el que le llenará el cesto de comida tras tres o cuatro días escondida con su familia en las cuevas de la morita, después de  los Sucesos. Las familias retiraban productos y no los pagaban en ese momento. A efectos de llevar un control de deudas, los comerciantes se servían de un libro de cuentas en el que se destinaban varias hojas a cada una de las familias del pueblo  y donde se iban haciendo anotaciones de los artículos adquiridos y su precio, así como de la fecha en la que se hacía la compra. Estas cuentas se liquidaban cuando la familia en cuestión disponía de algún dinero procedente de la terminación de la siega, el algodón,  el carbón, la venta de un cerdo, etc. Este tipo de tiendas posibilitaba también la socialización de la mujer. La tienda era de los pocos lugares públicos donde la mujer se movía libremente. Todas estas cosas y otras son las que Mintz querría reflejar con estas fotografías. En Indiana hacía mucho tiempo que el gran comercio había engullido a las tiendas tradicionales y seguramente que le llamaba la atención este tipo de establecimiento, que por otra parte eran los exclusivos y dominantes en esta época y zona.


1 comentarios:

ANTONIO MORENO dijo...

Recuerdo perfectamente esta tienda; lo que no recuerdo es si cuando yo empecé a trabajar un poco más abajo (en Campo y Hogar, en el año 86) ya estaba cerrada, engullida por ese traslado del centro del pueblo a la parte de arriba que liquidó los comercios tradicionales de la calle Independencia (o por otras causas).
Lo que si es seguro es que era punto de visita obligada para las compras cuando bajabamos al pueblo desde nuestra vivienda en las afueras del mismo, junto con la tienda de Maria "la esquina", y recuerdo perfectamente también las libretas donde se apuntaban los productos retirados y las "liquidaciones" (después de la cosecha o de la venta de animales criados, destinados a tal fin). En aquellos ajustes de cuenta siempre caía algún regalito, o por parte del tendero, por haber cobrado, o mi madre compraba algo especial.
Eran unos tiempos en los que, creo yo, había una confianza mútua que permitia esa fluidéz del crédito, diferente a como están las cosas hoy; los mismos apuntes y las mismas liquidaciones recuerdo con el pan, un poco más arriba, en la panadería de Juan Román; allí teniamos una pequeña libreta roja en nuestro poder, donde se nos apuntaban los kilos retirados, hasta llegar la hora del "borrón y cuenta nueva".
Saludos