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La alegría en la casa del pobre

Me ha llegado esta foto de Manuel Moreno Cabeza con su hija María, su yerno Pepe Mañez y sus nietas en Torrent. La foto es de 1962. Manuel Moreno emigra a Torrent con su hija, Una familia de emigrantes andaluces posan en Torrent ante una cámara a la que muestran orgullosos un hermoso conejo de granja. Tiene ese color de las fotos antiguas, tiene ese fondo de todas las historias de sacrificio, dolor y esfuerzo que encierra la emigración. El hombre de la izquierda, con boina, tiene una vida repleta de privaciones, represión y tragedias que es representativa de la mayoría de la población benalupense de aquella época. La estampa parece un episodio feliz donde el conejo representa bienestar y abundancia, pero esta escena de familia feliz con abuelo, hijos y nietos pronto se convierte en malas noticias. Manuel Moreno tiene que volver a Andalucía porque su hija muere y no tiene más remedio  que regresar a Cádiz.
Otro golpe más en su dolorosa vida. Regresa con sus otras dos hijas que vivían en San Fernando. Murió allí a principios de los setenta, tras pasar los últimos años de su vida ayundándole a su hija vendiendo chucherías en la puerta del parque infantil. La foto me parece impresionante. Creo idóneo para acompañar esta foto y esta entrada el relato que me envió Pilar Reyes Monroy sobre su salida de Benalup y su llegada a tierras valencianas.” Yo trabajaba todos los inviernos ayudando a mi padre haciendo carbón. Nuestro medio de trasporte era el burro, como era normal aquellos tiempos. También teníamos una perra de caza, que era mi compañera. Yo cogía tagarnina, espárragos, ponía trampas, aunque cogía pocos pajarillos, pero lo que más me gustaba era cazar conejos con mi perra, no sé si corría ella más que yo, los conejos se metían en los huecos de los árboles o en los agujeros de los tajos. Pero mi padre me enseñó como saber, si dentro estaba el conejo o una vicha a la que yo tenía, y tengo, tanto miedo. A los 17 años nos fuimos mi hermana Luisa y yo a servir a Bárbate, allí estuvimos un tiempo, luego a Cádiz pero todos los meses íbamos al pueblo, un año después, mis padres nos dijeron que nos íbamos a Valencia. Yo sentí una mezcla de pena y alegría, pues estaríamos la familia junta. Cuando nos despedimos de la familia sentí disgusto, pero cuando me despedí de el burro y mi perra llore tanto que no tenía consuelo, aun hoy al recordándolo siento pena. Esos fueron mis sentimientos al despedirme de mi querido pueblo. Salimos de Benalup Casas viejas. El 21 de agosto de 1962,   la llegada a Valencia fue el 22 al medio día. En un carro taxi subimos un baúl con la poca ropa que llevábamos, la bicicleta de mi padre y el matrimonio con los 8 hijos. De los que yo era la segunda. Fuimos a Manises donde había unos paisanos, nada más llegar, mi hermana Luisa  mi padre y yo, nos fuimos a buscar casa. La encontramos, en una barriada llamada el Barrio del Cristo Aldeya, allí lo pasamos muy mal, mi padre dio el dinero que llevaba para una casa, porque nos dieron una provisional  pero la casa no llegaba, nos engañaron. Y además era un Barrio poco apropiado para gente joven. Mi padre se dio cuenta enseguida. Y decidió buscar nueva casa, la encontró en Alaquas,  buen pueblo. Yo sufrí mucho no conocía a nadie, ni entendía lo que hablaban, además les hacía gracia como yo hablaba, y me hacían repetir las misma frases dos o tres veces, yo creía que se estaban burlando de mí. Por otra parte encontramos trabajo enseguida todos los que  podíamos trabajar. Mi madre estaba contenta porque podíamos comer carne y pescado al menos una o dos veces a la semana cosa que en nuestro pueblo solo podíamos hacerlo en Navidad y no en todas. Poco a poco nos fuimos acostumbrando, los pequeños mejor que los mayores”

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