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José Suárez contra las supersticiones

El relato de estas memorias no publicadas está lleno de espíritu regeneracionista del primer socialismo del siglo XX. Se trata de modernizar España, apartándola de las viejas tradiciones y supersticiones que la condenan al atraso y llevándola hacia la modernidad a través de la educación y el conocimiento. Hoy os traigo dos anécdotas de sus memorias que reflejan muy bien esta postura. La  primera novia de José Suárez Orellana fue de Alcalá de los Gazules, pero la relación no se consolidó. Cuenta José Suárez una anécdota, relacionada con las visitas a Alcalá a ver a la novia que resumen muy bien su rechazo a los dogmatismos, a las imposiciones religiosas y la ignorancia tan frecuente en la época que le toco vivir.
“Mi novia resultaba ser de familia distinguida, como allí se les llamaba en aquella época a toda familia que vivía por sus propios medios, y a su vez fuesen de comunión diaria, y estas lo eran. Un día de los que voy a verla me cuentan los amigos que al día siguiente iban a sacar a la Virgen de los Santos que era la patrona de allí para darle un baño en el río para que consiguiera que lloviera pues hacía mucha falta, y esto decían se venía haciendo siempre que hacía falta el agua. Le prometí asistir y así lo hice. Al día siguiente el pueblo en masa dispuesto a darle el baño, se pusieron ante la iglesia esperando viniera el Vicario que era el que regentaba aquella Parroquia. Pero este no venía y el público se impacientaba y empezaron a mandar emisarios para hacer venir al Vicario con las llaves para poderla sacar, pero esto como sabía que no iba a llover por no haber señales de agua, se negaba a la salida de dicha imagen para evitar el fracaso, porque ellos sólo permitían la salida cuando había señales de lluvia y esto casi siempre le salía bien. Pero a pesar de todo se presenta para persuadir que fuera aplazado aquel acto, pero el público se encoleriza y protesta a más no poder, hasta el extremo que se disponían a derribar las puerta, visto aquel proceder el Vicario dijo a grandes voces. “¡Creéis que la virgen tiene un grifo para echar agua cuando ustedes quieran!” Lo que formó aquella masa de ignorantes fui indescriptible, empiezan por hacer un escrito de protesta contra el Vicario recogiendo firmas y las mandaron al Obispo y este lo trasladó a otra parroquia. ¡Qué mala es la ignorancia!”La segunda  anécdota trata  sobre su amigo Rafael Calvo, médico y diputado socialista, en el Cádiz de la Segunda república. Con final trágico: “Me cuenta que en Cádiz, se pone de parto una señora de las mejores acomodadas y de Comunión diaria, y llaman a un especialista llamado Manuel Muñoz, para ser atendida por éste, él la reconoce y le dice que hay que operarla urgentemente, la familia lo autoriza y este dice que necesita la ayuda de otro médico y que este fuera Rafael Calvo, nombrarlo y todos a la vez contestan que ese no podemos permitirle la entrada en casa porque es socialista. Muñoz alega que eso no tiene nada que ver, porque él viene a trabajar no hacer política, y pudo convencerlos y les mando un criado para que le hiciera venir, pero este le cuenta  lo sucedido y se pone en marcha, llega y pide reconocer a la señora, y que resultaba ser el primer parto. Una vez reconocida se compromete a sacarle la cría sin operación de ninguna clase, y lo que es más responde de la vida de la madre y de la cría. Al oír esto es de suponer la alegría de aquella familia que le autorizaron para empezar cuando creyera conveniente. Pero dice él, para empezar necesito que todos esos santos que están con luces encendidas sean apagas y vueltos para la pared. Decir esto y decir esto a Muñoz, no se lo decíamos que no lo llamara que era socialista. Empieza este por decir mira Rafael, no ves que son creyentes. Este contesta es que yo no admito intermediarios, porque si la mato cargo con la culpa y si sale bien gracias a ellos, y a esta la mato o la pongo buena yo. En vista que no lo hacen trata de marcharse, pero la familia cede, apagan las luces, los santos los vuelve y el mete mano y saca a la cría, la prepara y se marcha. Le quisieron pagar su trabajo y se negó a cobrar nada, para que vieran que los socialistas no eran tan malos como ellos suponían”. Tras el golpe de estado del 36 Rafael Calvo murió fusilado en Cádiz “por orden expresa de Queipo de Llano”

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