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JOSE ANTONIO FRANCO, el último pedáneo de la Segunda República

José Antonio Franco Pérez Campuzano llegó a Casas Viejas en el curso 34-35 acompañando a su mujer María Dolores de la Madrid Gutiérrez, maestra nacional. La memoria colectiva del pueblo los recuerda como un matrimonio agradable y entregados a su trabajo. Exalumnas recuerdan como la casa del matrimonio, que no tenían hijos, funcionaba como escuela todo el día. Allí iban también por la tarde a hacer trabajos manuales, cantar o jugar y nunca faltaba una buena rebanada de pan con manteca para merendar. Aunque él era perito y no trabajaba como maestro ayudaba a su mujer, unas veces decorando la clase “pintaba muy bien”, otras dando la lección o cuidando a los alumnos.
La escuela la tenían situada en la calle Fuentes, alquilada a José Gómez Candón, con el que tuvieron alqun que otro altercado . Procedía José Antonio de una familia bodeguera del Puerto de Santa María. Estas mismas exalumnas citadas cuenta que al marido de la maestra le pusieron motes desagradable como Pepete o Don José Caca. La causa hay que buscarla en el ambiente tenso y crispado que se vivieron esos seis años. Al ser José un padre sin hijos y sin ocupación fija, con una preparación intelectual más que suficiente pronto accedió a la propuesta de hiciera las veces de alcalde pedáneo. La correspondencia de alcaldía nos sitúa ya a José Antonio Franco como alcalde en marzo del 35, posiblemente sustituyendo a Baltasar que habría dimitido. El nombramiento oficial lo hizo el alcalde de Medina Don Ángel Ruiz Enciso el 21 de febrero, el día siguiente que los gestores eligieran al maestro alcalde de Medina. La correspondencia oficial con el Ayuntamiento matriz nos confirma que su papel no pasaba de mero administrador y que el problema agrario y sus derivaciones sociales y políticas dominaban la escena de los dos últimos años de la República. Va a dimitir el 12 de junio “ Mi decisión como le manifiesto es irrevocable, participándole que tanto por voluntad como por no ser vecino de Medina, pues no tengo dos años de residencia, me niego en absoluto a seguir representando dicho cargo”. Las razones de esta renuncia absoluta, “y para que en el día de hoy 13 nombre a otra persona, pues yo no he de ocuparme de ello”, hay que buscarlas en el ambiente preguerra que se vivía en Casas Viejas en junio del 36. El casus bellis, el incidente que colmo el vaso de agua se produjo un día antes del escrito, el 11 de junio. La tradición popular cuenta que las hermanas Vela Barca iban con peineta y velo a misa. Francisco Vargas le quitó el velo a Carmen y Antonio Vela, el hermano se avalanzó hacia él, dándole un puñetazo. Los amigos de Francisco Vargas se organizaron para lincharlo y asaltar la casa si hacía falta. Pepe Suárez intervino, habló con la  Guardia Civil y  se lo llevaron al cuartel para su seguridad. Su madre Ana Barca decidió que la familia se fuera a Medina (donde como las “grandes” familias del pueblo tenían su primera residencia) unos días hasta que se tranquilizará el ambiente. Y el ambiente estaba tan tenso que estalló en España un mes después, concretamente el 17 de julio de 1936. Las fuentes escrita confirman el incidente en el sumario que le abrieron a Francisco Vargas por esconderse en el campo tras saltar la guerra civil se puede leer: Antonio Vela Barca declara en su sumario: “Por su conducta está señalado siempre como elemento destacado y provocador por lo que ni sus propios camaradas simpatizaban con él. Que el día del Corpus, once de junio de mil novecientos treinta y seis tuvo un incidente con el declarante dicho individuo con motivo de haber tenido que salir en defensa de sus hermanas a quienes dicho individuo había ofendido; con motivo de dicha reyerta el FRANCISCO VARGAS amotinó a los elementos extremistas de la localidad que llegaron en actitud amenazadora a las proximidades del domicilio del declarante provistos de palos y piedras pudiendo dominar la situación un Guardia Civil que condujo detenido al declarante a la Cárcel de Casas Viejas y al día siguiente a Medina”. Esta tensión social entre los propietarios de las tierras y los jornaleros, que como en otros lugares establecieron sus frentes en posiciones religiosas radicalmente enfrentadas estallaría un mes más tarde en forma de conflicto armado civil. El matrimonio se adaptó al cambio de régimen. Su mujer, como maestra del pueblo, dirigió la falange local y el auxilio social.  Pronto se fueron de Casas Viejas, aunque volvería a ver a los amigos y antiguas alumnas porque estuvo destinada por un tiempo en la escuela San José de Malcocinado. María Dolores de la Madrid se jubiló en 1962 y se fueron a vivir a Torrecera. Ella murió el 28 de julio de 2002 con 93 años.
La información sobre José Antonio Franco me la facilitó en su día Paco Bancalero, desgraciadamente ya desaparecido. Aprovechar para agradecerle esta y otras informaciones facilitadas. Así como hacer un llamamiento para que reflexionemos sobre la necesidad de preservar las información  intergeneracional. Lo que saben nuestros mayores es un patrimonio que no deberíamos renunciar a perderlo, ni a utilizarlo. Estamos en un pueblo donde las fuentes orales han contribuido de una manera importantísima, gracias a Mintz, a escribir nuestra historia. No deberíamos abandonar esta senda.

1 comentarios:

Carmen Vargas dijo...

Gracias una vez más compañero, por seguir aportando luz a nuesta historia. Por que como tú bien dices no podemos dejar que caiga en manos del olvido. Tenemos que seguir luchando para que vaya pasando de generación en generación y poder compartirla. Esa es nuestra memoria, la de todos...

Carmen V. (Nieta de Francisco Vargas Casas)