Cuestiones antropológicas en las memorias de José Suárez Orellana

Las memorias de José Suárez Orellana no son solo un repaso de los acontecimientos políticos desde la II República a la transición pasando por la Guerra Civil y la dictadura, sino que también Pepe Suárez nos trasmite costumbre y formas de vida de esas etapas. Traigo a esta sección dos ejemplos de ello. Uno sobre las enfermedades y otro sobre el carboneo.
"La vida de los  animales es más tranquila, solo se ocupan de comer y de defenderse de los enemigos que le atacan. Vi cosas que llamaban la atención porque no sabía como podían suceder, pero sucedían sin saber la causa de ellas, una de ellas era que cuando se daban un corte y brotaba sangre, acudían a coger telarañas de las que hacen las arañas para atrapar los insectos y esta se le ponían en las heridas y estas sanaban sin poder saber porque de aquello. Hablando yo un día con un catedrático de Química me dijo que esto era debido a que las arañas hacen esos telares con Cloruro Amónico producidos por ellas. ¿Quién allí podía suponer tal cosa? Lo único que sabíamos era que se curaban. De medicina solo se empleaban dos remedios para toda clase de enfermedades. Primera un purgante de aceite recino. Segundo si daba fiebre quinina. Y si todo esto no respondía se dejaba batallar la naturaleza como la enfermedad, y casi siempre vencía la primera y si no vencía esto lo arreglaba todo la muerte”.
“Seisdedos se dedicaba a hacer carbón y esto el que no lo conozca y no lo haya hecho no sabe lo ingrato que es este oficio, pues creo que es el peor que puede hacer persona alguna. Se necesita más de diez días para arrancar las cepas y un día más o menos para hacer lo se llama alfanje, que es donde se colocan las cepas que hay que acarrearlas, enchascarlas y después cubrirlas con tierra y toda esta tarea requiere muchos días. Una vez terminada esta faena se enciende fuego para hacer el carbón lo que tarda más de quince días, después refregarlo y al día siguiente sacar el carbón apartándolo con las manos y con esto produce un polvo tan fino y negro  que todo el cuerpo se ennegrece y solo blanquean los dientes. Y para lavarse la mitad de las veces no disponían de jabón y esta mugre no se quita con sólo agua y la ropa no se puede averiguar de que color era y así se metían en la cama. Ahora viene lo más grave. Tenían que esperar a que vinieran los arrieros y estos a veces abusaban de tal forma que se llevaban la mitad sin pagar. Como acabo de describir esto era el trabajo más ingrato y pero remunerado que existía".

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