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V.- Epílogo. La derrota. 3

Al negarse Juan Bascuñana a denunciar a los jornaleros que habían participado en la revuelta, no sólo lo destituyen como alcalde pedáneo, sino que también pierde  su zapatería propia. La frontera política en la que se sitúo el partido radical, entre la derecha y la izquierda,  esa tierra de nadie, le va a generar nefastas consecuencias, tanto ahora en los Sucesos, como el franquismo. Lo mismo que le ocurrió al alcalde de Medina, Ángel Butrón, otro radical al igual que Bascuñana. Como los otros dos concejales, en el franquismo se desencanta de la política y vive totalmente al margen de ella.
Aquel hombre activo e ilusionado que se presentó por el partido radical a las elecciones el 31 de mayo de 1931 con la esperanza de poder contribuir a mejorar las condiciones de sus vecinos, vivió hastiado y triste tras el fracaso de la República. Durante el franquismo estuvo “señalado” por haber sido republicano y demócrata. Cuenta la familia que vivió el resto de su vida traumatizado, que pasó de ser un hombre alegre y valiente a otro más huraño, serio y, sobre todo, a tener mucho miedo, sentimiento que se agravaba al llegar la noche. Se negaba  con todas sus fuerzas a hablar o participar en algo relacionado con la política. Si Suárez y Sopas son claros ejemplos de la cárcel y el exilio que le supuso la participación política en la república, Bascuñana lo es de la despolitización forzada y la derrota interior. Juan Bascuñana,  nacido en Casas Viejas un 18 de mayo de 1888, murió el 30 de mayo de 1957 en Benalup de Sidonia.
El caso de Francisco Fernández Guerra de la Vega es muy significativo.“Mi padre  estaba en casa durmiendo la siesta, llegó un compañero que había sido de colegio, Diego Alzugaray,  con un coche, con unos cuantos falangistas le dijeron que le acompañara y entonces él le acompañó y no volvió más.”(declaraciones de María Luisa Fernández en la cosecha de las revueltas). Las Comunidades de Campesinos se convirtieron en una de las mayores afrentas para los vencedores del golpe de estado. Al maestro Manuel Sánchez Sánchez se le depura y abre expediente por haber actuado como administrativo de la Comunidad de Torrecillas y Pedregosillo, aunque fuera por orden expresa del gobierno. Lo dice Suárez: “Esto lo consideraban como una ofensa para ellos …Pero al poco tiempo vino el célebre “Movimiento” y lo “arregló” todo…Este Dieguito me buscaba sólo por el hecho de que este tenía una gran finca (Charco Dulce) y la Reforma Agraria se la arrendó y colocó ochenta casas de familias que estas vivían allí muy bien, y el cobraba la misma renta que le daba el colono anterior”. Suárez se percata del peligro y  le propone a su amigo y cuñado que huya con él, pero este no accede. Paco Fernández no era un hombre de campo como su cuñado, también estaba convencido de que no le podía ocurrir ninguna desgracia porque él no había hecho nada malo y además, quizás pensaba en su fuero interno que sus relaciones personales y familiares lo salvarían en un último momento, llegado el caso.
El grupo de falange de Medina fue directamente en busca de Suárez,  al no encontrarlo, se dirigieron a la casa de Curro Guerra. A éste último, lo sacaron de su domicilio en Malcocinado y uno de los represores, Diego Alzugaray  dio a la familia seguridad sobre su persona en los siguientes términos: “a Paco no le va a pasar nada, palabra de caballero”. Pero sí le pasó, fue fusilado el 25 de agosto de 1936,  casi un mes después de su detención, pese a las intensas y numerosas gestiones de la familia de los marqueses de la Hermida. El intento de solucionar el viejo problema agrario a través de la Comunidad de Campesinos será el último responsable de su asesinato.
Foto familiar, en ella aparece Francisco Fernández en la maca, rodeado de Paz, su madre, Pepin Flor, Leonor y Ana Jordán, la sirvienta.Archivo familiar

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