V.- Epílogo. La derrota. 2

Pero si esas fueron las víctimas mortales, las reales fueron mucho más numerosas. Veamos cómo se desenvuelven en estos momentos difíciles los protagonistas del  artículo: Sopas desde Jerez y Suárez desde Casas Viejas, huyen hacia zona republicana a través de la Sauceda. Su capacidad de gestión y  altura política la van a demostrar en tiempos de guerra en territorio lejano a su entorno.
Sopas termina en la colectividad de Daya Vieja, Alicante, de inspiración anarquista, ocupando un puesto de alta responsabilidad (El jefe de la Falange de Daya Vieja dice en un oficio que era “el jefe de los rojos de esta localidad”. “Como tenía facilidad de palabra enseguida fue nombrado por todos los elementos rojos hombre de confianza del Frente Popular, pasando a ocupar el cargo de Jefe de Almacenes de la Colectividad, enrolándose en la FAI y CNT desde donde hizo una gran propaganda marxista envenenado a los elementos extremistas del término”), y Suárez  acaba trabajando en las Comunidades de Campesinos de la zona de Madrid de inspiración socialista. Al final de la guerra, Sopas vuelve a Jerez, hasta allí le llega la sombra de Casas Viejas y es arrestado. Dice Sopas:“Suárez, que había vuelto al pueblo, también fue arrestado, y nos enviaron al juzgado esposados juntos: los dos enemigos mortales; esposados juntos. Pero no enemigos. Le dije: “El enemigo está enfrente nuestro...”. Dice Suárez :”Llega un teniente de la Guardia Civil y le dice al carcelero que yo y Juan Sopas, el promotor de los Sucesos de Casas Viejas, pasáramos a la celda de castigo… Cuando nos quedábamos solos nos sentamos en las colchonetas enrolladas que nos servían de asientos, y sin hablarnos una palabra empezamos a meditar cada uno lo que habíamos pasado hasta aquí...” . La escena puede servir como metáfora de opciones enfrentadas que ambas terminan derrotadas. Los dos son conducidos a Algeciras para ser juzgados y es allí donde encuentran a un viejo conocido, Pedro Salvo Pérez, uno de los dos Guardias Civiles que salieron ilesos del ataque a los cuarteles y que acompañaron a los Guardias de Asalto por la razzia de las siete de la mañana del día 12. Suárez es absuelto y Sopas condenado a  tres años en la cárcel. La postguerra fue dura para ambos. Sobre Sopas recaen todas las responsabilidades, tanto del campo socialista como franquista.  “El principal responsable de los Sucesos de Casas Viejas”, expresión repetida hasta la saciedad en su sumario y utilizada tanto por Suárez y sus seguidores como por las fuentes franquistas, junto a la acusación de que actuó de topo de los propietarios, será la idea difundida sobre él.  Mintz  demostrará que el papel de Sopas es secundario en los Sucesos y que la segunda parte no se corresponde con la verdad. Alexandro Stella confirma la tesis de Mintz. Los dos asumen en el franquismo la derrota, adaptándose como pueden a las nuevas circunstancias del exilio interior. Económicamente los dos se dedican al mundo del comercio en el franquismo, como agentes comerciales, con tiendas, bares, comprando y vendiendo tierras… políticamente malviven escondiendo un pasado que empezó con la ilusión del 14 de abril y terminó con la derrota del 18 de julio de 1936. Al llegar la transición política, Suárez acelera su proceso de desencanto paulatino al ver frustrados todos los intentos de publicar sus memorias hasta hoy, y han pasado 23 años. Este último ejercicio de dignidad “solo la memoria puede permitirnos resurgir de la nada” (Massimo Manfredi) también resultará vano.
En la fotografía José Suárez Orellana, su mujer y su nieta.

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