Pinganillo

Cuenta Carla Mintz  que su padre siempre decía que para que salga una foto buena hay que echar diez. Este retrato de Francisco Cantero Esquivel con su burra detrás es una foto magnífica. Pinganillo  vivía en un casarón, con una cuadra donde guardaba sus animales, entre ellos la rucha que aparece en la fotografía.  Esta burra se la había regalado su cuñado y murió atropellada por un camión.  Francisco estaba casado con Isabel Guillén Quiros y tuvieron 7 hijos.Era hijo de Juan Cantero García y Catalina Esquivel Romero, hermano de Francisca, Antonio, José, Juan y Manuel. Habían nacido todos en las Gargantillas, él el año 1893.
Estuvo dos veces preso ambas por cuestiones políticas, la primera por su participación en los Sucesos, la segunda por la participación en la Guerra Civil en zona republicana. En el juicio de junio de 1934 fue  condenado a tres años de prisión. En las diligencias aparece que: “Disparó al cuartel de la guardia civil, desde la tienda de Montiano. Artículo 255”. Estuvo en la cárcel de Ávila y en el Penal del Puerto.  Cuando volvió de la Guerra estuvo un tiempo escondido en los pozos del cercado de Curro Coronil, solo salía de noche… hasta que se entregó por haber participado en la zona republicana. En la postguerra trabajó de segador en Beanco y de encargado en las Lomas. Durante un tiempo también se dedicó a la economía depredadora para la venta. En un grupo de cuatro hombres se iban temporadas a la sierra para recolectar espárragos y cazar pajaritos, liebres, conejos, perdices… Allí estaban un tiempo hasta que dos de ellos bajaban al pueblo para vender “la carga” mientras que los otros dos continuaban cazando en las cuevas. Su apodo de Pinganillo le venía porque hacía muchas trampas y se buscaba la vida con ellas. Ensartaban la caza en unas cuerdas que tenían preparadas y las vendían por docenas. Murió en 1997 con 88 años había nacido el  15 de septiembre de 1909. La tradición familiar cuenta una anécdota que dice mucho de la época que le toco vivir a Francisco Cantero. Él era amigo del Padre Muriel y un día éste hablando con la guardia civil escucho decir a esto que a ellos no se le escapa nadie corriendo. El cura le dijo que conocía uno que si lo hacía y se apostó una comida con ellos, de que él que él pensaba corría más que ellos. Sin decirle nada de la apuesta a Pinganillo el padre Muriel lo mandó a que cogiera un par de conejos para él. Se fue a la vega y al ver un conejo le disparó. Le sorprendió la guardia civil que le dio el alto, pero él se tiro al río, nadó lo suficiente para escapar de la Guardia Civil y fue a entregarle el conejo al cura. El cura cuando escuchó lo ocurrido le contó la verdad y se cobró su apuesta. El siempre decía que si hubiera sabido lo de la apuesta no hubiera cazado el conejo.
 Mintz entró en contacto con Francisco Cantero a finales de los sesenta para preguntarle por cuestiones relacionadas con los sucesos, pero este no quería hablar de ellos. Luego el contacto se mantuvo. Con Pinganillo le pasó como con muchos otros, empezó hablando de los Sucesos y luego se interesó por su forma de vida. Fruto de esas relaciones empáticas que estableció el americano con Mintz son varias fotografías. En la que comento hoy Pinganillo posa en actitud seria ante la cámara de Mintz. Su burra, que tanto le ayudaba en su vida cotidiana, no se quiere perder el acontecimiento y también mira fijamente la cámara del americano.

Comentarios

andres ha dicho que…
Bonita historia, conmovedora :)

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