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Estebita


Esteban Moreno Caro, “Estebita” había nacido en 1912 y murió en 1987, estaba casado con Juana Gutiérrez Rodríguez. Mintz le dedica el capítulo V de Coplas de Carnaval del que voy a extraer unos fragmentos para acompañar esta fotografía. Primero voy a elegir el fragmento que nos lo presenta: “Esteban Moreno, un zapatero, vivía al otro lado de la carretera de la colonia agrícola de San José de Malcocinado (a cuatro kilómetros de Benalup).
Durante el día, utilizaba restos de cuero y caucho para reparar botas y zapatos gastados; por la noche, frecuentaba una taberna cerca de la colonia para conversar y ayudar a vaciar el barril de vino de Chiclana…Esteban Moreno no era uno de los colonos campesinos escogidos por los ingenieros de la República para ser un pionero. Como el pueblo de Benalup tenía un exceso de zapateros luchando por su salario, Esteban se había trasladado a Malcocinado en busca de clientes que vivieran en la cooperativa y en la estrecha agrupación de chozas y casas amontonadas a lo largo de la carretera. …Esteban era considerado con afecto por un círculo amplio de trabajadores, amigos y parientes. Se había casado joven, pero nunca tuvo hijos, y su vida social era del dominio público. Su único vicio era beber demasiado vino de Chiclana, un defecto compartido por muchos hombres


A un maestro zapatero,
que en una choza vivía,
se le metió por la boca
una rata el otro día.
Al escándalo que hubo
acudieron los vecinos,
y le sacaron la rata
con medio litro de vino.
El hombre reaccionó,
y dijo con desatino:
"¡que se me metan más ratas
para que me traigan más vino!"
Mintz aprovecha el relato de Estebita para hablarnos desde el punto de vista antropológico de los bares. Su narración es esclarecedora: “Las tabernas eran lugares toscos, sin agua corriente, que por la noche dependían de la tenue luz de las lámparas de keroseno. A veces se cantaba, además de contar historias, especialmente durante las fiestas de Navidad y en días de buen tiempo en el verano. La taberna era el teatro de Esteban Moreno. Esteban disfrutaba interpretar casi tanto como beber y componer y, por las noches, después del trabajo, sus compañeros parroquianos se convertían en público para sus versos. Mientras recitaba sus poemas, usualmente a petición y únicamente cuando sus admiradores se hallaban reunidos a la tenue luz de las lámparas de keroseno, sólo el ruido de las carcajadas interrumpían el sonido de su voz”. También nos habla del ambiente represivo del franquismo y como los bares se convertían en una de las pocas válvulas de escape: “Mientras Esteban recitaba, una cuidadosa vigilancia era mantenida por si venía una patrulla de la Guardia Civil. "Mira a ver si viene la Guardia Civil [risas]... Tráeme otro vaso... Oigamos otro más largo."    Nadie quería que le pillaran por sorpresa contando un chiste polémico o cantando una letra sospechosa. Esteban tenía buenos motivos para preocuparse de llamar la atención de las autoridades. En 1933, en la época del levantamiento anarquista de Casas Viejas, Esteban había sido arrestado por llevar una vieja escopeta y había estado más de un año en la cárcel de Cádiz. No es que fuera un obrero consciente (un anarquista militante) o que tuviera conocimientos especiales o interés en el anarquismo o el socialismo. Esteban Moreno era un autor de coplillas; no un dirigente o un intelectual. Se había unido al alzamiento del mismo modo que todo el mundo: para mostrar su apoyo a sus compañeros de trabajo” .
El último fragmento que voy a utilizar de Coplas de Carnaval se refiere a las raíces de este y a la influencia que tuvo en él la poesía popular rural, de la que Estiba era un ejemplo. “El carnaval estuvo prohibido por casi tres décadas durante la vida de Esteban Moreno. Durante ese tiempo, sin embargo, Esteban continuó entreteniendo a sus vecinos y compañeros de trabajo. El componía mientras trabajaba: establecía el ritmo de sus versos a medida que golpeaba los clavos; las palabras eran compuestas mientras cosía y recortaba el cuero. Esteban nunca escribía sus poemas y él era el único que los sabía y podía recitar. Cuando en la década de los 60 se restauró el carnaval en Benalup y otros pueblos rurales de la provincia, era evidente que poetas como Esteban Moreno habían ayudado a mantener una tradición de estilo poético típico de la Andalucía rural. Sus actuaciones también habían mantenido al público campesino en su lugar, ávido y en espera de la llegada de una nueva generación de autores. Si consideramos algunas de las canciones por las que autores como Esteban Moreno ganó fama local, saborearemos las raíces de la poesía rural y de las coplas de carnaval”

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