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El mundo del pastoreo

El mundo del pastoreo ha cambiado, como todo el sector agropecuario, mucho en los últimos años. Los pastores y cabreros vivían en la majada, lugar que sirve de aprisco a los animales y de albergue a los pastores. Solamente se acercan al pueblo cada quince o veinte días para ver a la familia, mudarse y afeitarse.  Aquella frase tan famosa de “voy de limpia” que era también utilizada por segadores y otro tipo de trabajadores del campo. Utilizaban chozos, viviendas de construcción fácil y ligera. Los chozos suelen ser de corcho de alcornoque o bien de paja. Para los cercados se suele utilizar el material que proporciona la propia naturaleza: ramas, piedras…
Las majadas así constituidas no son permanentes, el pastor las abandonaba y las volvía a ocupar según las estaciones del año. De siempre ha sido un poco tradicional que el pastor dejaba que el ganado se meta donde no le corresponde por razón de lindes. Lo que era una fuente continua de problemas. A veces los enfrentamientos entre algún pastor y un determinado guardia de una finca tomaba matices bélicos y permanentes.
Cuenta Mintz en Los anarquistas de Casas Viejas: “Los pastores se distinguían de los otros campesinos sin terreno por su relativa independencia y su espíritu emprendedor. En épocas anteriores, los animales de los pastores sin terreno pastaban en terrenos públicos. Por la noche, los pastores se reunían en la colina que se hallaba encima del pueblo; y, con la llegada del día siguiente, recogían sus rebaños. Ya que ya no existían terrenos públicos, los pastores tenían que alquilar terrenos o apacentar sus vacas, ovejas o cabras en las viejas cañadas utilizadas para llevar los rebaños al mercado…La buena fortuna de un pequeño ganadero como José Monroy dependía de su empatía con sus animales y de su habilidad para cubrir sus necesidades. Cuando el sol estival quemaba la hierba, él ponía al fuego las gruesas hojas de los cactus para poder quitar sus punzantes espinas y dárselas luego a sus animales. Cuando no le quedaba otro recurso, hacía visitas clandestinas en la noche a terrenos de pasto ajenos, corriendo el riesgo de ser capturado por los propietarios, los vigilantes o la guardia civil.
El padre de Pepe Pareja, Manuel Rodríguez, era un pegulajero más rico en hijos que en terreno. Tenía ocho hijos, pero no poseía ni una sola hectárea… Ya que los animales podían pastar por todo lo largo del camino, los campesinos del pueblo daban a veces una vaca a Manuel para que la cuidara durante el año. Bajo tal convenio, las crías de la vaca pertenecían al propietario; sin embargo, Manuel podía emplear la vaca como un animal de fuerza. Las ventajas para ambos bando eran obvias: el dueño no tenía que preocuparse del animal y alimentarlo y se aseguraba un beneficio en la venta de las crías. Manuel tenía un animal para arrastrar su ardo sin tener que gastar para alimentarlo”
. En la fotografía de Mintz vemos a Demetrio, Juan y un tercer personaje que no he podido localizar. La fotografía está hecho en el “Aguijón de Mora”, perteneciendo el rebaño de ovejas a Mora Figueroa.  Demetrio Mateos Manchón había nacido en la Granja de Torrehermosa y vino a trabajar al Aguijón. Demetrio lleva un rollo de pleita. Como su trabajo de pastor incluye muchos tiempos muertos, estos solían dedicarlo a la realización de pleitas con los que se hacían cerones, cestos o bolsos. El niño que está en el centro de la fotografía se llamaba Juan. Murió de un accidente. Trabajando como vaquero le entró un rayo  por las herraduras del caballo cuando estaba montado en él. Los tres personajes portan un porro o chivata, que es un instrumento que utilizaban los pastores para guiar a los animales. Estos porros se hacían con un palo largo de madera, ensanchándose en uno de los extremos.

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