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El Aguaor

Este hombre que aparece en la fotografía se llama Luís, más conocido por su apodo de  “Quetejundo”. La fotografía esta situada en la puerta de su casa, en el Tajo, donde se vino a vivir cuando se trasladó del campo al pueblo. En el momento de esta foto, él se dedicaba a llevarle el agua a los trabajadores al campo, más concretamente a Majaverde. Antes de vivir en el Tajo, lo hizo en los Molinos de Benalup, siendo allí donde vivió con  sus seis hijos y donde tuvo el infortunio de que uno de ellos se ahogará en el río. Me han contado muchas veces como ocurrió aquella desgracia y siempre asemejo la tristeza y pena del padre con esta fotografía de Mintz.
Es una más de  estas fotografías de personas que no conocemos en un principio y que llevan detrás una dura y pesada carga de penas y sufrimientos. Cuanto más conoces sobre ellas, mejor la entiendes y por tanto más te impresiona.  El oficio de “Aguaor” era muy común, ya que se encargaba de aprovisionar de agua a las cuadrillas que se encontraban trabajando en el campo. Para ello utilizaba el burro que portaba cuatro aguaderas para cuatro cántaros. Estos realizados en barro poroso, permitía la conservación del agua fresca, en un tiempo que no había frigoríficos. Tenemos que tener en cuenta que en el trabajo en el campo, sobre todo cuando las temperaturas son elevadas, que en esta tierra es la mayoría del año, el abastecimiento del agua es más importante incluso que la comida, por ello, la figura del “aguaor” era imprescindible. Los "Aguaores" solían ser gente joven, pero también los había de avanzada edad, como "Quetejundo" o "El Arrendajo" que trabajó durante mucho tiempo en las Lomas. Hoy, esta profesión se encuentra prácticamente desaparecida. Queda de forma marginal en algunas cuadrillas de corcheros en las sierras de la provincia de Cádiz, y de forma más contundente en la cultura islámica donde el “aguaor” es un personaje habitual de campos y ciudades. En esta serie sobre que fotografíó Mintz reflexionó sobre la causa de cada fotografía en concreto, y en este caso parece claro que Mintz fijó su objetivo en una profesión característica del campo andaluz y que estaba a punto de desaparecer. Está claro que a un antropólogo como a él le interesa este tipo de estampas y que es desde esa mirada desde la que se puede entender esta fotografía. A nosotros nos ha permitido conocer un mundo, que aunque cercano en el tiempo, nos resulta ya lejano y para algunos desconocidos. Ese es el gran legado de Mintz, que nos permite saber y conocer como éramos y somos. Que nos posibilita seguir profundizando en esa gran y maravillosa aventura del saber sobre nosotros mismos. Esta fotografía de Mintz es un retrato, a diferencia de las escena de la vida cotidiana, el protagonista,  “Quetehundo” posa, mira a la cámara, cuanto más profundizamos en ella, cuanto más sabemos de su personalidad y oficio más disfrutamos, más bonita nos resulta la instantánea, más nos gusta. Como el saber, como la vida. ¿O no?

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