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Procesión del Corpus

En el Corpus Christi  procesionaban todos los niños y niñas que habían hecho la comunión ese año. Jerome Mintz, desde la terraza de la pensión Alfonsito el de Pérez los fotografía a su paso por la calle San Juan. Los adoquines nos indican que estamos ante una de las calles más importantes del pueblo. Recordemos que la calle principal de Medina también tiene ese nombre. Viene por el nombre del primer duque; Don Juan Alonso de Guzman y era la fiesta del ducado. 
En fila de dos primero van los niños y después las niñas, la mayoría sonríe a la cámara, aunque hay otros que miran a otro sitio o que le envía una mirada desconfiada Por aquellos tiempos, 1968, la fotografía era algo excepcional y fuera del alcance de la mayoría de las personas. No estaban habituados estos niños a que les echaran fotografías, entraría dentro de otras tantas cosas que no entendía de esta familia de americanos que vivían con ellos largas temporadas. Entre todos los niños que hemos podido reconocer aparecen Pasión Orellana, Ana (“Gallinita”), Andrés (de Mª Silencio), Elías, Juan Escámez, Antonia, Maripe Hernández Cruz, Ana Candón, Lourdes Fernández Barberán… todos ellos tenían 8 años, que era la edad con la que se hacía la comunión. También aparece Carla Mintz encabezando el grupo de las niñas. Cuenta ella que una de las cosas más difíciles que le tocó vivir en su estancia en Benalup de Sidonia era su relación con la Iglesia Católica. Por aquellos tiempos el dominio de la religión sobre la vida cotidiana era absoluto. Ellos eran judíos y sobre todo no se podía saber en el pueblo que profesaban esta religión. Era y fue el secreto mejor guardado.
En la actualidad todavía  es frecuente ver pandillas de niños por un lado y de niñas por otro. Antes esta cuestión era más radical todavía. En el Catecismo la separación era por sexo, los niños con una catequista y las niñas con otra, pero el día de la comunión la hacían todos juntos. Sus catequistas eran las monjas. La celebración de la comunión consistía en una merienda con galletas y chocolate. Nada que ver con las grandes celebraciones actuales. Además se hacía en la casa familiar, no en bares o restaurante o locales especializados como ahora. Tampoco había tantos regalos como en la actualidad. Por otra parte, a diferencia de los tiempos actuales, de hecho si era obligatorio hacer la comunión. Los ritos religiosos eran casi de obligado cumplimiento y había que hacer grandes esfuerzos para simular que se hacían, si tu religión era otra, como le pasaba a Carla Mintz. En la actualidad es cierto que la presión cultural y social sigue siendo importante, sobre todo en los lugares pequeños, pero en absoluto con el carácter omnipotente de los años sesenta y setenta.

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