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La Segunda República en Casas Viejas. Juan Bascuñana Estudillo, el alcalde de los Sucesos. 1

Juan Bascuñana Estudillo fue un pequeño industrial que vivía en la calle Medina nº 4, poseyendo una zapatería en la calle Fuentes, enfrente del “Chorro Grande”. En esta zapatería trabajaron hasta cuarenta zapateros artesanales y ellos mismos salían de viaje para vender la mercancia. Se presentará a las elecciones municipales de  31 de mayo de 1931 por el partido radical, obteniendo  acta de concejal, puesto que no abandonaría hasta el 20 de febrero de 1936, coincidiendo  con la llegada del Frente Popular. Su andadura como alcalde pedáneo comienza el 29-2-1932 al sustituir a Baltasar Alcántara.
Este hecho es simultáneo al recrudecimiento de problemas entre las centrales sindicales.  El 25 de octubre de 1932 el exalcalde pedáneo Suárez Orellana, todavía concejal, dirige una carta de protesta al presidente de la Comisión de Policía Rural, en la que se recogen  entre otras las siguientes acusaciones: “Y se persiguen nuestros afiliados ignominiosamente para sustituirlos por los otros... Además si es que los Alcaldes no reconocen más organización que la CNT es menester que sepan existe organizada y dentro de la Ley de 8 de septiembre quizás no como los otros”.
La lucha por la hegemonía sindical en el campo la gana por el momento el sindicato de oficios varios adscrito a la CNT, aunque la UGT y Suárez Orellana reciban el apoyo del gobernador civil. La estrategia combativa y huidiza de las instituciones de la CNT dará  resultados positivos, haciéndose con el control de las contrataciones,  favorecidos por las disputas políticas entre radicales y socialistas. Prueba de esa metodología es el rechazo de Pedro Cruz Jiménez, hijo de Seisdedos, al cargo de vocal obrero en la comisión de la policía rural. En escrito del alcalde de Medina  de fecha 2-9-1932 se da cuenta de que hay un puesto vacante de vocal obrero en la comisión local de policía rural y aunque le pertenece a la organización campesina de la CNT esta no acude porque ” según dice su secretario en escrito de esta fecha su “Sociedad de Oficios Varios” tiene acordado no pertenecer oficialmente a la menciona Comisión, y si para tratar de todos los asuntos de trabajo”. Con fecha 9 de septiembre de 1932 se puede leer en los archivos del Ayuntamiento de Medina: “Entregado el oficio de vocal obrero de la comisión de Policía local al vecino de esta Pedro Cruz Jiménez este me devuelve dicho nombramiento diciendo que no acepta dicho cargo”. A esta lucha hay que  añadir la de  los propietarios. La Segunda República va a pretender modernizar la estructura del campo español arbitrando una serie de medidas que mejorarán la situación del jornalero y la del pequeño campesino. Así, hay que destacar la ley de Términos Municipales, Jurados Mixtos, laboreo forzoso… o el mismo proyecto de Reforma Agraria. Los propietarios no estaban dispuestos a admitir esas  nuevas relaciones laborales. Dice Mintz “Nicolasa Vela, la hija de Don Antonio, recordó amargamente: La República fue imposible. Había mucho paro. La gente pasaba hambre. No comían. Los niños iban descalzos. Y los gobiernos republicanos querían que cubriéramos con los gastos. Enviaban hombres a la finca a trabajar o a que les pagaran. Era un gasto inasequible. ¿Cómo podíamos hacerlo? Habría sido nuestra ruina. ¿Cómo podíamos alimentar a veinte hombres que no trabajaban?”. Está constatada la disminución en superficie sembrada de cereales y leguminosas, también  la permuta del cultivo agrícola por la del uso extensivo ganadero de sus tierras y la práctica del barbecho en sus propiedades. Todo ello provoca el aumento del paro agrario y el lógico incremento de la tensión social. La carta de un obrero de Casas Viejas enviada el 13 de octubre de 1932 al comité de la CNT es clarificadora de la situación: “El paro obrero es cada vez mayor, elevándose el número de trabajadores parados en ambos pueblos, próximo al millar; el Monterilla no atiende, el Gobernador tampoco, los Panzudos no siembran y los trabajadores también se mueren de hambre; creemos que para alimentar los estómagos preparan balas;… así no es posible vivir; los hombres perecen de inanición. ¿Qué hacemos?”. 

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