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La huelga de 1916. Y 4

Después de la manifestación, tanto los obreros, cansados y débiles después de casi un mes de huelga, como los propietarios llegaron a un acuerdo. Los obreros aceptan las base de Jérez , aunque con algunas puntualizaciones. Se lee en la huelga de los garbanzos:”Además, las vestidas serán semanales en los cortijos cercanos y cada diez días en los más lejanos, como de costumbre, siendo la salida del pueblo al amanecer la aurora…Sabemos que lo del guiso es imposible, por la cerrazón de los patronos, pero como aceptamos las bases de Jerez, queremos que los jornales del cocinero y el costero lo paguen los patronos y que el cocinero sea nombrado por nosotros”.
Así  podemos leer las palabras del Teniente Coronel de la Guardia Civil Fausto Barrios en el Diario de Cádiz de 16-7-1916 “La huelga – prosiguió diciéndonos el respetable Sr. Teniente Coronel – ofrecía desde un principio cariz mal; la lucha de siempre. Por fortuna toda ha quedado solucionado hoy a la diez y media de la mañana. La solución ha sido a satisfacción de todos, y mañana, todos los obreros volverán a sus labores…Merecen elogios –dígalo usted también- el Sr. Juez de 1ª Instancia de Medina, D. Francisco de la Rosa, el Sr. Alcalde, el Sr. Marqués de Negrón y otros propietarios.” El Diario Liberal, también de Cádiz, establecía las diferencias entre patronos y obreros, diciendo el 18 de julio: "Muy de veras felicitamos a las personalidades que han intervenido en la solución de la huelga, como asimismo a los patronos que, por su patriotismo y a los obreros por la corrección con que han procedido en tan difíciles momentos."
El director del Diario Cádiz; Río termina su crónica felicitando también al otro hombre bueno que hizo de intermediario el Teniente Coronel Fausto Barrios. Este mismo director fue uno de los protagonistas del affaire de los Sucesos de Casas Viejas en 1915, cuando los comparó con los de la Mano Negra. Estaba claro que el periódico se debía a sus lectores y los jornaleros no leían el Diario de Cádiz.
Es muy significativo la crónica de 16 de agosto de 1916 del Diario de Cádiz: “Con satisfacción de cuantos participan de sus beneficios toca a su término con el feliz resultado que era de esperar la recolección de cereales de este término municipal. Los garbanzos, según hemos oído decir, son en el presente de una calidad superiorísima, por cuyo motivo sus ventas se hacen en alta escala y a elevados precios; variando según su peso y cochura”. La Gran Guerra aseguraba esos altos precios, las condiciones de los jornaleros seguían siendo malas y en 1917 vuelven a la huelga en verano, en época de recolección, como ocurrirá, año tras año, hasta 1936.Paco Benítez Aguilar a modo de conclusión dice en su novela la huelga de los garbanzos: “ El pan y la grasa estaban asegurados, pero los garbanzos fueron desde entonces más escasos. Los tiempos siguientes no fueron propicios para los obreros. Diecisiete años más tarde, con los sucesos de la entonces aldea asidonense de Casas Viejas, hoy municipio independiente de Benalup, salieron a flote todos los rencores acumulados entre el poder y el campesinado”. Tras los Sucesos no se acabó la conflictividad en el campo hasta 1936, con la Guerra Civil. Luego represión y miseria. En un escrito de 20 de enero de 1947 del alcalde de Medina al gobernador civil podemos leer: “La especial ordenación de las faenas del campo, exigen del propietario o cultivador directo de las fincas, el abastecimiento del personal que trabaja en ellas, teniendo en cuenta que las comidas que se realizan en el campo forman parte integrante del jornal y por consiguiente exigidas por los trabajadores, estando constituidas su confección de tiempo inmemorial a base de garbanzos y aceite, para lo cual disponen de las reservas de productor de pan y garbanzos, pero no pueden adquirir el aceite necesario para la confección de dichas comidas, por la intervención a que este está sometido”. La situación duró hasta que en los sesenta la emigración, las Lomas y la construcción acaban con la agricultura tradicional e inauguran un nuevo modelo económico. Con el desarrollismo posterior parecía que el problema agrario se había acabado con la desecación de la Janda y el boom de la construcción, mutándose los jornaleros en albañiles. Pero la crisis que empezó en 2007 ha demostrado que el fin de ese problema era una falacia, un espejismo.
La fotografía de Mintz.

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