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Un viaje hacia la derrota


Aunque el proyecto inicial de la Diputación para crear una población en 1822 en el sitio de Casas Viejas fue boicoteado por ese sector ganadero medinense, Casas Viejas se fue formando como población de aluvión, al mismo tiempo que crecía la demanda de jornaleros para los recién creados latifundios. Como dice Antonio Luís Rodríguez Cabañas: “... la creación del pueblo se realizó en base a incontrolados asentamientos perdurados en el tiempo, debido con toda seguridad a los obstáculos puestos a una fundación organizada de la población, como pretendían ciertas instituciones”.

La fuerza de este aluvión de jornaleros vence las reticencias iniciales de la oligarquía ganadera de la zona, siendo necesario  organizar el poblamiento administrativamente y garantizar un mínimo de orden, priorizando el respeto a la propiedad privada. El día 6 de diciembre de 1842 se nombran por primera vez comisario en Casas Viejas. El primero de ellos será Bernardo Cózar Romero que luego también desempeñará el cargo de primer alcalde pedáneo del pueblo. El último cuarto del siglo XX dicha alcaldía estará ocupada por miembros de la familia Vela, aquellos que progresivamente, bien comprando o arrendando las tierras, se convertirán en los grandes agricultores de este núcleo de población. Desde principios del siglo XX, este dominio político se realiza a través de terceras personas. Los miembros de las citadas familias serán ahora concejales en el Ayuntamiento de Medina (los ya citado Antonio Vela, Juan Vela y José Espina).
Casas Viejas va a llegar a la Segunda República presentando sus habitantes unas pésimas condiciones de vida, relacionadas con una estructura de la propiedad agraria basada en el latifundio tradicional. Los efectos del latifundismo extensivo eran más perniciosos en estas zonas rurales periféricas y marginales,  ya que aquí el poder administrativo no aparecía de una forma visible y permanente. Es por tanto, la dependencia política hacia Medina y la económica hacia los grandes propietarios, la que marca la forma de vida de estos “casaviejeños”. Por otra parte, relacionado con la tardía aparición de la propiedad privada (finales del XIX),  perviven formas de vida que se han fosilizado en el tiempo: la economía depredadora y la choza, como vivienda habitual desde el Neolítico hasta que en los sesenta se deseque la Laguna de la Janda, son dos síntomas claros de las dificultades para la consolidación de la propiedad privada en  un contexto espacial donde se dan  de las peores condiciones de vida del país, así como  una gran parte de los hitos y proyectos más sobresalientes del movimiento campesino (Mano Negra, Sucesos de Casas Viejas, Comunidades de campesinos de Malcocinado, Pedregosillo… o reformas de carácter técnico como la desecación de la Laguna de la Janda). Un momento clave será la Segunda República, ahora los concejales del pueblo se van a empeñar en utilizar la política para mejorar las condiciones de vida de sus vecinos. El intento los va a llevar a unos a la privación de sus negocios, a otros a la cárcel primero y al exilio después, y a otros más  a la pérdida de la propia vida; a todos a la derrota. El devenir posterior de estos cuatro concejales va a ser el ejemplo del intento frustrado que significó la Segunda República en Casas Viejas. Esta serie de la Segunda República en Casas Viejas es un viaje por la derrota de José Suárez Orellana, Juan Bascuñana Estudillo, Juan Rodríguez Guillén y Francisco Fernández Guerra de la Vega; los cuatro concejales en Casas Viejas, durante la Segunda República. Este fracaso va a ser el responsable de que haya que esperar a la transición democrática para que esta población se instale en la modernidad.

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