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Abuelo y nieto.

Una de las variantes fotográficas en las que más se prodigó Mintz fue en los retratos. De ellos, a su vez, hay de dos tipos, sin fondo y con él. De este segundo tipo va la foto que voy a comentar hoy. El hombre con gorra  se llama Manuel Moguel Peire y el niño que tiene cogido de la mano es Juan Jesús Pinto Moguer. Esta foto se hizo en el año 1969 en la Barriada del Tajo, en el patio de la casa de Manuel. La casa estaba en lo que hoy es el campo de Golf, y en aquellos tiempos era una callejón con tunales.
Juan Jesús vivía en la calle Benalup con su familia. Josefa Moguer Ladrón de Guevara era la madre de Juan Jesús y su marido era uno de los benalupenses que había dejado el campo para trabajar en la construcción, en su caso en Marbella, donde estaba toda la semana. El abuelo posa satisfecho ante la cámara de Mintz, el hecho de tener cogido de la mano a su nieto le otorga un plus que exhibe orgullosamente. El nieto sin embargo posa de manera más tímida. Seguramente no sabía muy bien que era eso de la cámara fotográfica y la mira con una mezcla de inseguridad y desconfianza. Estamos en invierno la ropa del nieto lo delata. Manuel tiene las mangas de la camisa remangadas que le dota de un tono viril y trabajador. Al contrario que en la escena de la vida cotidiana, en estos retratos los personajes sí miran fijos y posan ante la cámara del americano. Según me cuenta un familiar Manuel Moguel Peire era una persona, como toda su generación, que luchó mucho, por los tiempos que le tocó vivir. Estuvo en la guerra, y tuvo que sacar adelante una familia en los tiempos del hambre. Le gustaba mucho el cachondeo, gustándole bastante el carnaval. Solía salir en las murgas de la época.
Pero la fotografía tiene muchos más datos, hasta tal punto que la convierten en un documento histórico. No sólo el jersey de cenefas de Juan Jesús o los típicos pantalones mil rayas de Manuel, sino sobre todo el patio. La parra tenía una gran utilidad, pues además de dar sombra y hacer habitable el patio en verano aportaba las uvas que se comían de postre. A la izquierda se observa una especie de alfombra, lo que aquí se denomina un “reol”  hecho de palma, que servía para limpiarse lo pies antes de entrar en la casa, lo cual era de obligado cumplimiento sino querías ganarte la reprimenda de la señora de la casa. Las macetas del fondo son de latas, ollas viejas o cualquier cosa que no sirviera para poder colgar las plantas. El bidón que se encuentra al lado de la puerta, era para echar el agua y guardarla, así no tendrían que ir todos los días al chorro por ella. A por el agua se iba a la fuente de Baltasar. La casa era el ámbito donde dominaba la mujer. La limpieza y el orden es la nota dominante de este patio. Se reutilizaba y se reciclaba todo, había poco dinero, pero un afán y necesidad de pulcritud que deja ver la mano invisible de la mujer de la casa. Mujer, que como era habitual en aquella época, siempre aparecía en un segundo plano en el ámbito público. Por otro lado, en el centro del patio, en medio de la tierra hay una especie de camino hecho ya con trozos de locetas que conduce a la puerta de entrada. Se atisba la modernidad.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

MUCHAS GRACIAS SALUS EN NOMBRE DE MI PADRE Y EN EL MIO PROPIO POR TENER UN RECUERDO DE MI ABUELO MANUEL. Y SIGUE HACIENDONOS CONOCER NUESTRO PASADO, PARA MEJORAR NUESTRO PRESENTE. ENHORABUENA POR EL BLOG.

MANUEL JOSE MOGUEL.