headerphoto

Unamuno

Hoy quiero que inaugurar una nueva sección en este blog, la voy a llamar Desde la anécdota. Se trata de coger una anécdota de la historia de España o universal y ponerla en relación con la de Casas Viejas. ¿Y que mejor que empezar con Unamuno? Empezar con una prevención. Ya se sabe que en esto de las anécdotas hay un poco de fondo, de verdad, y un mucho de rumor y de exageración.
La primera anécdota se refiere a cuando Alfonso XIII le otorgó a Miguel de Unamuno la Gran Cruz de Alfonso X El Sabio. Cuentan que el escritor vasco le contestó: "Me honra, Majestad, recibir esta cruz que tanto merezco". El monarca le dijo: "¡Qué curioso! Por lo general, la mayoría de los galardonados aseguran que no se la merecen". A lo que Unamuno le contestó: "Señor, en el caso de los demás, efectivamente no se la merecían". Mi amigo Santo siempre cuenta que hay una categoría de personas con las que te harías rico, si las compras  por lo que cuestan verdaderamente y las vendieras por lo que ello dicen o creen que valen. Unamuno entraría en esta categoría, al menos el Miguel Unamuno de esta anécdota. La otra anécdota que voy a referirme tiene carácter más histórico y está comprobada. El 12 de octubre de 1936 se celebraba el descubrimiento de América y el día de la raza en el paraninfo de la Universidad de Salamanca de la que era rector Unamuno se sucedían los discursos. El profesor Francisco Maldonado atacó a Cataluña y al País Vasco describiéndolos como ““cánceres en el cuerpo de la nación”. Esta crisis por la que pasamos está haciendo que se vuelva a poner de moda ese discurso. Unamuno tomo entonces la palabra y dijo:” Me conocéis bien y sabéis que soy incapaz de permanecer en silencio. A veces, quedarse callado equivale a mentir. Porque el silencio puede ser interpretado como aquiescencia” y continuo argumentando que España sin las Vascongadas y Cataluña sería una nación mutilada. Referencia que le sirvió para mandar sus dardos contra Millán Astray, el legionario mutilado. Este no pudo contenerse por más tiempo y lanzó aquello de “¡Mueran los intelectuales! –gritó–. ¡Viva la muerte!”. “¡Abajo los falsos intelectuales! ¡Traidores!”, gritó José María Pemán. Pero Unamuno continuó: “Éste es el templo de la inteligencia. Y yo soy su sumo sacerdote. Estáis profanando su sagrado recinto. Venceréis, porque tenéis sobrada fuerza bruta. Pero no convenceréis. Para convencer hay que persuadir. Y para persuadir necesitaríais algo que os falta: razón y derecho en la lucha.” El guardia personal de Millán Astray apuntó a Unamuno con su ametralladora. La mujer de Franco, doña Carmen Polo fue a por el rector lo tomó del brazo y lo sacó de aquel apuro. Pero esta fue la última vez que Unamuno habló en público, a finales de año moriría sólo y abandonado, magnífica estampa de una época. La anécdota nos ha parecido siempre preciosa porque presumimos que puede ser verdad, puede ser cierto que los que vencen porque tienen la fuerza no convencen porque no tienen la razón. Eso le debería haber pasado al Capitán Rojas en 1933 o a Franco tres años más tarde, que recordémoslo, por sí es necesario, dio un golpe de estado contra el gobierno legítimo surgido de las elecciones de febrero de 1936. Pero la historia nos demuestra que esta la cuentan los ganadores, que normalmente tienen la fuerza y ello es ajeno a que si tienen o no la razón. Y me acuerdo entonces de Don Quijote y esos versos de León Felipe: "Por la manchega llanura/se vuelve a ver la figura/de Don Quijote pasar./Va cargado de amargura, /va, vencido, el caballero de retorno a su lugar.  ¡Cuántas veces, Don Quijote, por esa misma llanura, /en horas de desaliento así te miro pasar! /¡Y cuántas veces te grito: Hazme un sitio en tu montura /y llévame a tu lugar; /hazme un sitio en tu montura, /caballero derrotado, hazme un sitio en tu montura /que yo también voy cargado/de amargura /y no puedo batallar!"  Será  este desánimo que nos envuelve y arrastra, esta maldita crisis que estamos pasando. Es que ahora la culpa la tenemos nosotros, que vivíamos por encima de nuestras posibilidades, cuando este pueblo era la representación de la pobreza e injusticia que se daba en Andalucía no estaba pasando nada malo, cuando a finales del XX y principio del XXI cogimos un tren de crucero que nos acercaba a nuestro entorno entonces estábamos errando. Y es que va a ser verdad eso de que se equivocaba la paloma. ¿Y Unamuno se equivocaba en las dos anécdotas de este pots?

0 comentarios: