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Tiempo de crisis 1

Hay un cuento del que no conozco su autor que me gusta mucho y recurro mucho a él para contar cosas parecidas a las que hoy quiero hacer. Resulta que una niña sufre un grave accidente del que queda impedida en una habitación de un hospital y alimentada por una máquina. La habitación tiene dos camas, una de ellas tiene vistas a una venta, ella opta por la otra. A la semana, viene otra chica de su edad, que también  había sufrido un grave accidente y que necesita estar conectada a otra máquina para vivir. A ella la ponen obligatoriamente al lado de la ventana. Al principio se impone el hielo que es frío y duro, pero poco a poco se rompe y las dos chicas van hablando y haciéndose amigas.El hilo conductor es lo que ve la chica que se incorporó más tarde por la ventana. Le habla de un parque,  de pájaros que juegan, de perros que se pelean y de viejas parejas que de que hablaran si ya se han hablado tanto. La primera chica que llegó le pide que le cambie de cama para ver la vida pasar por la ventana, pero su nueva amiga no accede, ni esta vez, ni las repetidas veces que en las semanas siguientes se lo pidió. Aunque nace el cariño, la curiosidad tiene mucha fuerza y  un día la primera chica que llegó a la habitación decidió desenchufar la máquina de su nueva amiga,  con lo que esta  murió y su cama quedó libre.
Me impactó mucho el día que un antiguo alumno nacido y criado en las Lomas me dijo cargado de pesimismo y resignación que ellos siempre habían creído que en las Lomas tendría trabajo para toda la vida para ellos y que ahora estaba en paro y lo que era peor, con muy pocas expectativas de dejar de estarlo. Las Lomas que fueron tan importantes para esta tierra, ahora lo son menos. Escribía Mintz: “¡Qué diferente era la percepción de los sofisticados gerentes en Las Lomas, mientras estudiaban los datos de producción y el uso más eficiente de la fuerza laboral, del trabajador que todavía consultaba a los terratenientes con consideración y cuidado! ¡Qué distantes eran ambos de las ahora olvidadas visiones de los anarquistas y socialistas que habían luchado allí una generación antes para trabajar la tierra comunitariamente y compartir su cosecha! Un nuevo propósito había cobrado importancia”
Hay otro antiguo alumno, que como muchos dejo el IES para trabajar en la construcción, que se caracterizaba por ser muy inquieto  y generar problemillas de comportamiento en su época. Ahora siempre que lo veo es de los más amables y agradable, como suele pasar con este tipo de alumnos. Pero siempre termina igual: “Salus, dame o dime algo para que pueda trabajar”. Estoy convencido que ahora esta dudando sobre aquello que él creía que para vivir bien hacía falta ser simplemente honrado y tener ganas de trabajar. En el 2004 en el Departamento de CCSS decidimos hacer la exposición de ese año sobre la construcción como una forma de alentar de los peligros de colocar a ese sector como monocultivo productivo de la localidad. Muchos trabajos concluían que aquello era muy peligroso, pero nadie se creyó que podría venir el lobo. Y el lobo vino, y no para dar una vuelta, sino para quedarse.

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