Los curas de Casas Viejas en el siglo XX. 1

La figura del cura en Casas Viejas ha sido siempre la de un personaje con mucha importancia. Es verdad que esa relevancia ha variado dependiendo del momento histórico, no es lo mismo el rol del Padre Muriel en el primer franquismo, que los que ejercieron en la Segunda República o en la actualidad. Gracias a Mintz y sus Anarquistas de Casas Viejas conocemos los curas que hubo en el pueblo en el primer tercio del siglo XX.
Dice así: “La relación entre el cura de Casas Viejas y los aldeanos fue siempre amistosa y cordial. De 1897 a 1918, Don Diego Fuentes fue el cura de la aldea. Don Diego, que habia nacido en la localidad vecina de Conil, era un cura de campo que conocía perfectamente la vida del campesino. Disfrutaba cazando perdices y a menudo iba a cazar con el barbero del pueblo. Don Diego no era rico, pues dependía de los honorarios de las bodas y de los bautizos para complementar el pobre sueldo que recibía del estado. También araba el terreno que había detrás de la capilla, donde sembraba trigo. Honesto, preocupado por los ritos eclesiásticos, Don Diego conocía bien a los aldeanos de todas las generaciones y se llevaba bien con todos”. Es curiosa la mención “También araba el terreno que había detrás de la capilla, donde sembraba trigo”. Se refiere al cercado del cura, que se ha mantenido hasta hace fechas recientes, cuando a partir de los sesenta se fue vendiendo el terreno a los particulares o cediendo a la administración para infraestructuras como la plaza de abastos, la biblioteca o el colegio.  Estas tierras fueron pedidas al Ayuntamiento de Medina y concedidas en 1827 por “Don Francisco Aranda Presbítero Capellán Actual de la Hermita o Santuario de Casas Viejas” en un escrito que decía:” se le concedan dos o tres fanegas de tierra que se encuentran en el nacimiento de agua próximo al camino que conduce desde esta ciudad a la de Tarifa y que al sitio que coge las humedades de otras aguas lo reduce en forma de pantano que con trabajo y cultivo se puede hacer fértil, admitiendo arbolado y pudiendo producir o rendir” parece ser, que se refiere a las tierras que van desde el Cañuelo (esa sería la fuente referida) hasta donde hoy se ubica el colegio Tajo de las Figuras, llegando por el Oste a la misma Iglesia que en esos momentos ocupaba el solar la vieja  ermita de 1555.
Sigamos el relato de Mintz para conocer al cura que sucedió a Diego Fuentes. “Las relaciones entre el cura y la población continuaron siendo buenas después de que Don Diego se incorporó a otro destino. De 1918 a 1925, Don Manuel Barberá Zaborido fue el cura del pueblo. Como Isabel Vidal lo describió: “Todo le parecía bien. El segundo día de Carnaval solía decir: “hagamos un coro”. Cortabarra era el director. El cura no estaba en el coro, pero lo seguía de cerca. El escribía los versos, pero los demás no tenían bastante tiempo para aprendérselos, por lo que siempre cantaban el mismo. La música que tocaban era “La cucaracha”. Ellos cantaban y el cura los acompañaba. Cuando llegaban a un bar, cerraban la puerta y él se sacaba su sotana y bailaba. Acostumbraba a decir: “Muy bien hecho. Hemos estado ensayando durante el año entero”. De hecho, habían practicado un día. Solía ir a las montañas a bautizar a un niño. Puso una sotana a uno de sus amigos, Florito, y ambos fueron vestidos de cura al bautizo. Aquí no había ningún mal sacerdote”.
La fotografía es de Gelán en 1933

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