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A por churros

Muchas veces me he planteado las relaciones que se establecieron entre la comunidad de Benalup de finales de los sesenta con una familia americana, que ni hablaba castellano, ni conocía las tradiciones y la cultura. En unas circunstancias políticas dictatoriales muy concretas y perteneciendo a una religión, la judía, que nadie podía conocer su pertenencia. Son muchas las anécdotas y malos entendidos que se produjeron por esta diferencia de cultura, aquella de pedir “soap” (jabón) y recibir un plato de caldo es una más.
Los que hemos profundizado en su obra sobre Benalup nos sorprendemos continuamente del nivel de  conocimientos alcanzados en aquellas circuntancias,  personalmente opino que nunca  a los que nos gusta investigar sobre la historia de Benalup Casas Viejas alcanzaremos el nivel por él logrado. Ello no es óbice para que también hayamos detectado algunos fallos, mínimos,  inducidos por las chanzas y el cachondeo de los vecinos. Hay un libro “El antropólogo inocente: notas desde una choza de barro.” en el que Nigel Barley, doctor en antropología cuenta su experiencia en el Camerún en 1978 . Barley escribió esta divertida crónica de su estancia con la tribu de los dowayos, con la cual convivió durante dos años. Instalado en una cabaña de barro para estudiar las costumbres y las creencias de esta sociedad, Barley era un experto en la teoría del trabajo de campo, otra cosa era la realidad de los dowayos, que le hizo pasar por situaciones extrañas, incomprensivas, difíciles, surrealistas…hasta el punto que se pueden englobar todas con los adjetivos de graciosas, extravagantes o hilarantes . Mintz con esa constancia empática que ya hemos hablado otras veces superó estas lógicas dificultades y fotografiaba todo aquello que le llamaba la atención. Como esta fotografía donde la gente compra churros en la puerta de la tienda de Perico Mateos. Por cierto a Carla le siguen encantando los churros, hasta tal punto que siempre que viene busca el lugar donde se venden este año para comprarlos. Y también por cierto, alguna vez me gustaría cuantificar el periplo de lugares donde han vendido churros esta familia Chiclanera que lleva cerca de 50 años haciendo churros para los benalupenses.

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