headerphoto

La historia de San Jose de Malcocinado. Y 5.- UNA HISTORIA FEMENINA. Por Carlos Sánchez Velázquez

María Fuentes Luna tiene 94 años (cuando se hizo el trabajo), es uno de los personajes más queridos, recordados y entrañables del pueblo. Ella mejor de nadie conoce el ir y venir que se ha producido en La Yeguada

Martina Sánchez Fuentes, hermana de Antonio, se prestó encantada a que le realizara la entrevista. Tiene la misma edad que la Guerra Civil, 69 años. Nació el 22 de diciembre de 1936. “Cuando yo tenía once meses mumá se quedó sola porque mi padre se fue a la guerra”, recuerda Martina. Juan, el padre de Martina fue llamado para luchar en el bando de los nacionales. Estuvo los tres años que duró la guerra en el frente pero volvió ileso.
 A mi pregunta de cuál era el papel de la mujer en la posguerra Martina se echó a reír. Entre carcajadas me respondió lo siguiente. “Las mujeres no éramos nada, namasque servíamos pa estar en casa cuidando a la familia, josifá y criar pavos pa ayudar a la casa, pero eso no te creas que era ningún trabajo, eso lo hacíamos pa no pasar tanta hambre, los tíos se creían que las mujeres no valíamos pa na, güeno aparte de pa eso que tú sabes, jajaja”. Parecía como si aquella pregunta le hubiera tocado su fibra sensible, Martina no paraba de hablar y de contarme como vivía que era a lo que se dedicaba, en definitiva, cómo eran sus días en San José de Malcocinado.
“No te creas que había grifos igual que ahora, no, yo estaba más fuerte que tú, un montón de veces íbamos a la fuente de La Calerilla a por cántaros de agua. Lamar de  fresquita que se mantenía, mejor que la de ahora”. Martina me explicaba cómo hasta el año 83 no tuvieron agua corriente en las casas, debían sacar el agua de un pozo público y lavaban en una alberca mediante una especie de lavaderos hechos de cemento dónde se frotaba la ropa con una pastilla de jabón. “La ropa la lavábamos en los lebrillos en la plaza del pueblo, lo que son ahora los banquitos, y en la alberca”.
¿Y cómo veíais por las noches? “Cogíamos un botellín de cerveza, lo llenábamos de gas, le metíamos un trapo o un algodón pa que se empapara, después al tapón del botellín le abríamos un boquete y cerrábamos el botellín y sacábamos un trozo del trapo y le metíamos fuego, jajaja se nos ponía la nariz to negra por dentro”. “Después llegó la moda del candil que ya eso era más moderno”.
El tendido eléctrico llegó a Malcocinado en el año 1968.
Para terminar le pregunté si había algo que echara de menos de aquellos tiempos. “Los piojos en la cabeza (bromeó), no hombre, echo de menos (se lo piensa) la manera en que se celebraba la romería de San Isidro, antes se hacía una matanza grandísima y comía todo el mundo y las niñas hacían la comunión ese día, pero ahora lo único que hay son tiestos pa los chiquillos, música mu fuerte y muchos borrachos jóvenes los tres días”.

0 comentarios: