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La historia de San Jose de Malcocinado.4.- GRACIAS AL PADRE CARRILLO.Por Carlos Sánchez Velázquez

Desde 1955 había en el pueblo un nuevo cura. “El padre Carrillo era güenísimo, daba misa como to los curas pero hizo más cosas por el pueblo, hizo casas pa que se vinieran más familias a vivir a La Yeguada y dejamos de pagarle al Franco”, contaba Antonio entusiasmado. San José de Malcocinado le tiene mucho que agradecer porque gracias a él los colonos dejaron de ofrecer su producción a Franco. “Carrillo era un cura bien preparao y no le temía al caudillo” testificaba Miguel. El cura no veía justo lo que le estaba le pasando a su pueblo, así que comenzó a buscar la manera de frenar aquel abuso. La respuesta le llegó desde la propia institución a la que servía: la Iglesia.
 “La encíclica de Juan XXIII nos salvó”, recordaba alegre Miguel. Y efectivamente así fue, Juan XXIII proclamó una encíclica en la que testificaba que todas las tierras de colonos que llevaran veinticinco años en propiedad de los mismos, pertenecían a dichos colonos. El padre Carrillo se implicó y removió cielo y tierra para hacer que la carta papal surtiera efecto en San José de Malcocinado. Y lo logró. En 1962 llegó un carta al ayuntamiento de Medina Sidonia (San José de Malcocinado, al igual que Benalup, pertenecía a Medina), donde se explicaba que las tierras estaban en proceso de legalización, y que pronto serían completamente de los colonos. Ese “pronto” que aparecía en la carta, sin duda sería un tiempo largísimo de espera. Pero no importaba, lo más importante era que lo que produjeran se lo podían quedar. A partir de aquí el pueblo experimentó un gran cambio. Las condiciones de vida mejoraron mucho. “El Franco al final ni nos firmó las tierras, se murió y seguimos sin na en propiedad, con el rey ya conseguimos al final que nos las dieran del to”, me explicaba Antonio. Desde 1962 hasta la muerte del caudillo pasaron unos cuanto de años, y aunque no tenían que pagar tampoco tenían nada en su poder. El alcalde de Medina Sidonia a petición del pueblo movió de nuevo los papeles de las tierras. “En el 81 firmamos las propiedades y tos tan contentos”. Así fue como en el año 1981 las tierras pasaron a ser propiedades privadas. A partir de aquí se dividieron entre los hijos de los colonos que se construyeron sus casas. Muchas de las tierras fueron vendidas y San José de Malcocinado se llenó de gente nueva. Mi casa, sin ir más lejos, está edificada en tierra de mi abuelo Juan, antiguo colono ya fallecido. Además tengo el honor de poder decir que mi abuela María Fuentes Luna, mujer de mi abuelo, aún sigue viva. Con 94 años es la última de las colonas que sobrevive. “Y tu abuela es la última colona verdadera de las que llego de primería que tovía vive”. Asentía lleno de satisfacción Miguel.
Esta casa que podemos ver en la foto se corresponde con una de las casas que el padre Carrillo hizo que se construyeran en el pueblo. Como podemos observar el colono vivía en un típica casa rural andaluza, blanca, con un patio lleno de flores y dominado por un gran limonero

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