Conduciendo al herradero

Esta fotografía de Mintz forma parte de esa serie que hizo Mintz sobre el herradero del palmar del Emir a principio de los setenta. Y que ya hemos comentado alguna en esta serie. En la fotografía, Manuel Moreno Macías, Chinejas, Demetrio y Melón pretenden llevar a los animales al herradero, con sus garrochas, que sir ven para conducir a los animales, hacerlos correr y tirarlos al suelo varias veces hasta llevarlos al sitio donde están los mozos con los hierros, preparados para colocar la numeración y el distintivo de la ganadería.
Después del herradero siempre se hacía un almuerzo en el campo acompañado de vinos, cervezas... Al terminar la comida se apartaban varia becerras y siempre salía algún espontáneo para torearlas en la pequeña plaza de la finca.
Sobre esta fotografía Enrique Carabaza escribe: “Esta punta de vacas, conducidas por tres jinetes, no tiene aspecto de ser ganado manso o «pajuno». Veamos:
  •  Los vaqueros se mantienen a distancia del ganado, no se mezclan con él.
  •  Llevan varas con los que repeler posibles ataques
  •  Los animales no son de gran corpulencia, como las razas autóctonas productoras de carne.
  •  Su pelaje no es uniforme, ni la forma de sus encornaduras o las proporciones corporales.
Estos rasgos heterogéneos son propios del ganado de lidia. La vacada puede ser productora de toros de lidia, o pueden ser vacas de «desecho de tienta», animales que han perdido la bravura y han sido vendidos para carne. Los compradores solían retener a estas vacas un año, tiempo en el que cruzaban a estas hembras con toros productores de carne. Las crías eran vendidas al matadero junto con sus madres en cuanto alcanzaban el peso adecuado. Si el año era bueno en hierba y la cruza del toro manso con las vacas de lidia ligaba bien, el arriesgado negocio llegaba a ser rentable”.

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