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1º de mayo. Y 2


En Casas Viejas este fatalismo de los campesinos  que viven en la órbita latifundista se vio realzado por las consecuencias de la represión en los Sucesos de Casas Viejas. “¿Para qué? Esto no lo cambia nadie" Y este fatalismo combinado a veces con el servilismo se extendía, como mancha de aceite, por los ámbitos sociales, culturales, políticos…

Y ¿qué es el fatalismo? La Wikipedia lo define de la siguiente forma: “Concepción filosófica según la cual en el mundo y en la vida humana todo se halla sujeto a la predeterminación del hado, del destino… Históricamente, el fatalismo ha desempeñado un papel reaccionario. Por una parte, el considerar el destino como un «plan» de la vida del hombre establecido desde arriba incitaba a la pasividad, a subordinarse servilmente a las circunstancias...”
Pero había una amplia base social benalupense proveniente de la inmigración que con el optimismo de la voluntad van a intentar enfrentarse al  paro endémico estacional, a los modos deficientes de explotación y mal reparto de la tierra, a la ausencia de empleo constante, a los salarios insuficientes a lo que se le une injusticias sociales y culturales y escasa salidas profesionales y educativas para sus hijos. Cuando de fuera se le ofrezcan alternativas, una gran parte de la población se va a acoger a ella y la economía y la sociedad benalupense van a empezar a dar un cambio trascendental. Será la emigración definitiva, la construcción en forma de emigración temporal o pendular y las Lomas los motores que posibiliten esta gran transformación.
Hoy, cincuenta años después volvemos a estar inmersos en una crisis económica tal que nos instala en el pesimismo y el fatalismo. Como decía Hölderlin: "Allí donde arrecia el pelibro, crece lo que nos salva". Pero, si antes fue la emigración, la construcción y las Lomas las piedras angulares para salir de la situación ahora no sabemos cuáles van a ser. Si hay una cosa clara, de esta vamos a salir, lo mismo que hemos salido tantas veces a lo largo de nuestra historia. Está claro que el movimiento obrero, del cual celebramos ayer su fiesta onomástica por excelencia, a base de mucho sacrificio, sangre y lucha ha conseguido unas condiciones de vida aceptable para los trabajadores que no está dispuesto a renunciar, al mismo tiempo que pasa por uno de sus peores momentos. Ayer fue 1 de mayo y como si hubiera sido 20 de octubre por poner una fecha. Los "martires de Chicago" pasaron a la historia en forma de la celebración del 1 de mayo,  ¿y los nuestros?. Los de la fotografía de abajo, por ejemplo.  Parece que la relación entre la situación de los trabajadores y su desencanto tienen bastantes nexos de relación. Habría que empezar teniendo claro, que hoy como ayer, los enemigos son los de siempre: el miedo que guarda la viña, el fatalismo que quita energía y la pasividad que hiela la sangre.

1 comentarios:

MANOLO MONTIANO dijo...

En los 90 ya se decía que no iba a venir ninguna multinacional a darnos el trabajo, que la solución tenía que venir de aprovechar nuestros recursos para generar actividad turística. Enseguida llegó el boom del ladrillo y medio pueblo se marchó a trabajar a la construcción. Ahora que ya no hay ladrillos que poner quizá, para los que decidan quedarse aquí, haya llegado la hora de hacer lo que debimos hacer desde un principio, construir nuestro propio futuro sin dejarnos llevar por espejismos. El sol sigue brillando, el campo sigue precioso y nuestra historia sigue presente, está todo ahí dispuesto para aprovecharlo.