Los Sucesos de Casas Viejas de 1915. La carta de José Olmo.4

La carta firmada por los 33 casasviejeños fue muy importante y consiguió que los líderes anarquistas salieran de la cárcel sin cargos. Pero la lucha era más profunda. Unos meses después, el 19 de enero de 1916, el mismo periódico Tierra y Libertad publica una carta de José Olmo, más dura y sensible. En ella, además de establecer claramente quienes eran los culpables y los inocentes intenta desmontar el verdadero objetivo del contubernio del estado; su aislamiento, como líder de los campesinos anarquistas casasviejeños y asidonenses y con él el del movimiento anarquista campesino. 
Dice la carta: “He de manifestar que no me propongo con este trabajo lanzar anatemas ni condenaciones a nadie, pero si a decir verdades irrefutables y con ellas dar facilidades a las personas eminentes y competentes que tengan interés en que aparezca la incógnita de este misterio… La tuberculosis ha hecho su presa en mí, en mis hijos y en mi compañera querida; mi hogar deshecho, amenazado y sitiado al hambre, con una llaga viva, rebelde y dolorida por los atropellos e injusticias...  Hoy se trata lo mismo que ayer: sacar una victima a relucir para dignificarse en algo, sobre la plancha de que ha sido objeto la autoridad, aunque para ello se valga de todas las falsas confidencias, de lo que no me haré cómplice con mi silencio (puesto que a mi se me quiere cargar con el mochuelo), y saldré al paso de todas las maldades, desvelándome por mi libertad y las de mis compañeros…” La expresión “cargar con el mochuelo” es especialmente significativa. Lo mismo que la situación familiar y personal, tanto de salud como económica, lo que unido a la presión de la autoridades reprimiéndole y no dejándolo trabajar van hacer que pocos meses después abandone Casas Viejas. Pero el verdadero fin de Olmo era restituir la dignidad robada al movimiento campesino "para dignificarse en algo" y no ser " cómplice con mi silencio". Sigue la carta: “En ellas queda patentizado que el suicida condenó al cabo de la guardia civil y al señor Guinea, diciendo que lo traían loco con tantas firmas sin saber lo que firmaba, y con las amenazas de que lo prenderían si no firmaba…pero que sí me extraña que no se haya interrogado a un tal periodista Río, director del Diario de Cádiz, que debe saber quienes fueron esos dos señores que procedentes de Medina Sidonia y Casas Viejas le dijeron tantas verdades como sabían para que las declararan en su sitio… Era por burgueses y caciquistas y autoridades, y no por los obreros…he de ser fiel a la justicia, y, por lo tanto, creo cumplir con un deber al presentar a la publicidad la raíz de este complot para que si retrata de condenar nada más que a los de la clase menesterosa, así como al inocente Olmo, o al hermano del suicida, se condenen a los verdaderos jefes del complot, criminales, ladrones e incendiarios, pues yo he de decirles públicamente que las confidencias y denuncias del cabo  son falsas (como puede comprobarse), como es falso decir que en la Sociedad no se acordaba más de lo que decía y quería Olmo, cuando, en verdad, lo que se acordaba, era en conformidad de todos los asociados. Falsa la declaración del señor Guinea al decir que le dijo el suicida que Olmo le obligaba a que la asamblea se celebrara, cosa que es de todo punto mentira; porque como enemigo de toda imposición y coacción, Olmo lo dejó siempre libre en el cumplimiento de su presidencia. Y es falso, es calumnia, decir el cabo que Olmo traía a los trabajadores revolucionados; siempre la armonía fue mi tema”. Olmo centra claramente a los culpables del contubernio en contra de los obreros anarquistas; el cabo cabo de la guardia civil y el alcalde pedáneo señor Guinea (Luís Guinea González era un madrileño que había llegado a Casas Viejas como guardia civil, aquí se jubiló, puso una tienda y fue alcalde pedáneo varias veces. En la Fuente los Vaqueros construyó un lavadero que llevaba su nombre). Además del mismo Olmo, la carta la firman sus compañeros a modo de solidaridad y para darle más veracidad a estas declaraciones. Aparecen así los nombres de Sebastián Calvente, Juan Estudillo, Antonio Vera, Francisco Monroy, Miguel Bascuñana, Manuel Legupín, José Rico, Manuel Calvente, Juan Vidal, José Llamas, José Monroy, Cruz Jiménez, Juan Estudillo Mateos y Tomas Villanueva. Muchos de ellos tendrán un protagonismo especial en la recuperación del anarquismo en la segunda república, tras los quince años que estuvo en el ostracismo después de estos sucesos.

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