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El caso de Casas Viejas y las polémicas

Hoy a las 19,30 en Madrid Tano Ramos presenta el Caso Casas Viejas. Como un ritual, machaconamente, la polémica también acompaña a este libro. La gaceta, periódico de la orbita de los historiadores denominados revisionistas,  lo acusa de defender injustificadamente a Manuel Azaña. Aparece en la página de Intereconomía.
A este grupo pertenece el ínclito Cesar Vidal que decía: "Recuerda los aspectos más terribles de la España negra...El porcentaje de niños que nacen con problemas mentales es muy elevado por la consanguinidad dentro del pueblo... en este sentido, en fin, no quiere hacer uno chistes malos, pero es que es el único pueblo que se suma a la idea de la revolución anarquista". Teoría más lejana de la realidad y despectiva con las víctimas no se puede sostener. No obstante, más que esta polémica me interesa resaltar lo frecuentes que son las disputas con todo lo relacionado con Casas Viejas. Empezaron con los mismos hechos, cuando se intentó explicarlos por parte de la prensa como fruto del enfrentamiento revolucionario entre los anarquistas y las fuerzas del orden, prosiguió cuando la derecha y la izquierda radical los utilizaron como arma arrojadiza contra Azaña y los socialistas. Esta polémica duró toda la Segunda República.

Los socialistas pensaban que los Sucesos fueron una celada de la derecha en complot con la CNT para derrocar la coalición republicano-socialista.  " Una manipulación orquestada por la derecha para hacer caer el gobierno de la segunda República” argumentaba Suárez Orellana. Por la otra parte se extendió lo que significaba la famosa frase imputada a Azaña “ni presos, ni heridos, tiros a la barriga”. Ambas teorías enfrentadas condenaron a las víctimas no muertas a la represión, el silencio, el tabú y, sobre todo, el desencanto. No obstante, parece que en la actualidad se va imponiendo que lo mismo de falso es “lo de tiros a la barriga” que los sucesos fueran fruto de la manipulación de las derechas. Después en la transición no han faltado las polémicas sobre los Sucesos, como la de la década de los noventa o la de principio del siglo XXI. Parece claro que los Sucesos están abonados y ligados con las disputas y las polémicas. La causa la tengo clara. No se debe tanto a lo que pasó, sino a lo que con lo que pasó queremos conseguir, demostrar o exponer. Cada vez se impone más la percepción de que para entender estos sucesos es necesario estudiar y comprender el contexto en el que se desarrollaron, es decir, su explicación está en la propia historia de Casas Viejas, para lo que hace falta analizarla en su totalidad, desde un punto de vista histórico-científico, alejándose de los intereses partidistas que conducen a la manipulación y al falseamiento tradicional. Termino con un fragmento de Tano Ramos en el citado libro: "“Y sin embargo, a poco que alguien se adentre en los sucesos de Casas Viejas con intención de saber que ocurrió en ese lugar en enero de 1933, descubrirá con asombro, sin gran esfuerzo, un paisaje de errores, ficciones, contradicciones, versiones insostenibles y datos que no cuadran... El recuerdo de los sucesos de 1933 en Benalup-Casas Viejas está hoy mediatizado por tantas tergiversaciones y mitos. Franquistas y anarquistas coincidieron durante muchos años en relatar los hechos de manera interesada y ni siquiera la investigación de Jerome Mintz ni otras que esclarecían lo sucedido lograron detener especulaciones y teorías… Un viajero que llegue a Benalup-Casas Viejas no encontrará con facilidad información sobre tan histórico acontecimiento. Ni un letrero ni una indicación. Nada le dirá que ocurrió allí en enero de 1933 y dónde. Uno piensa que no es ajeno a ello el hecho de que sobre Casas Viejas triunfaron la ficción, el mito y la insidia. Y que eso ha impedido a ese pueblo elaborar y mostrar un relato de lo que ocurrió despojado de tergiversaciones. Una narración que pueda evocar cómo vivían los campesinos de Casas Viejas en 1933, la injusticia social que padecían, las chozas en las que vivían los más, el desprecio con que eran tratados muchos y la ceguera de unos propietarios que repartían pan negro a los pobres y que consideraban normales unas diferencias sociales que hoy indignan a cualquiera. Un cuadro, en fin, al que asomarse para reflexionar sobre lo que sucedió en el que no faltasen las sombras que siempre hay en el escenario de una tragedia”.

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