Clases en los Arenalejos

Los niños de la familia de Demetrio Mateos y María Montiano, más algunos niños vecinos de los Arenalejos asisten a clase impartidas por el maestro Don José María. Hay que tener en cuenta que hasta los setenta una buena parte de la población vivía en el campo y las familias se organizaban para contrarrestar la ausencia de servicios básicos como la educación.
Así ante la imposibilidad de asistir a la escuela pública las familias pagaban a este maestro itinerante para que les enseñarán a sus hijos “Las primeras letras”. Estos maestros itinerantes dominaban y transmitían bien las llamadas enseñanzas instrumentales—lectura, escritura, cálculo escrito y mental-. En aquellos tiempos se valoraba mucho la caligrafía o arte de escribir con letra bella o bien formada, y muchos de ellos cultivaron este arte con singular notoriedad. Aunque los había de todas las ideología en la postguerra dominaron los perdedores de la guerra civil y al no encontrar un trabajo más apropiado y remunerado con su cualificación se dedicaron a enseñar las nociones básicas a los hijos de los jornaleros en estos cortijos y poblamiento disperso en nuestros campos. Las clases se impartían por la tarde o por la noche cuando los alumnos regresaban a casa tras haber colaborado con la familia con las distintas tareas impuestas. Maestro y alumnos se sentaban alrededor de una mesa alumbrados por la vacilante y tenue luz de un candil, de una vela o, en el mejor de los casos, de un quinqué. Como vemos en la fotografía en este caso la clase se impartían en la única sala grande que hacía las veces de aula, de comedor y de cocina.  El dicho aquel de “que pasas más hambre que un maestro escuela” se le podía aplicar perfectamente a este tipo de maestros itinerantes. La escasa remuneración de estos maestros eran aportadas por los padres de los alumnos, muchas veces en especie, pues el dinero líquido escaseaba. En algunos sitios a estas pagas se les llamaba ”la iguala”. Nunca contaron con ningún tipo de ayuda económica por parte de la administración, ya que no era valorada como se merecía esta ingente labor en pro del conocimiento y en la cultura en sitios donde estos elementos escaseaban tanto. Hoy día  es todo lo contrario, la educación está generalizada hasta los dieciséis años y los profesionales de la educación nos quejamos de que  muchos alumnos tengan que abandonar los estudios para al cabo de los años  darse cuenta de la importancia de la educación. En la actualidad ya no hay maestros itinerantes en el mundo rural, apurando en B/CV podríamos relacionar este tipo de clases con las particulares que cada vez se generalizan más, pero que responden a otra situación totalmente distinta a la de los años sesenta. En un contexto de abundantes medios muchos alumnos no los aprovechan y hacen que los padres y madres paguen estas caras clases particulares. Aunque esta situación no es original de Benalup-Casas Viejas, sino de todo el mundo desarrollado, donde suele haber más hijos de la cuenta consentidos, poco trabajadores y a los que los padres quieren convertir en estudiantes a base de dinero.

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