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Las Lomas. Desarrollo y tecnocracia en la década de los sesenta. 6

Un apoyo de calado
En la década de los sesenta asistimos a los grandes cambios en la finca las Lomas, al mismo tiempo que se estaban produciendo en el mundo urbano español. Los cambios fueron de tal calado que hubieran sido imposible realizarlos sin el consentimiento, el apoyo y la participación directa del gobierno, a través del Ministerio  de Obras Públicas que llevó a cabo una buena parte de las obras de infraestructura necesarias.
Ya hemos visto cómo las buenas relaciones políticas de la familia fueron aprovechadas durante el primer franquismo para conseguir algún tractor, maquinaria o abono que no se podían conseguir en época de autarquía. Pero la colaboración en este periodo tuvo más profundidad, ya que permitió la desecación de la Laguna de la Janda y su utilización agraria, momento clave de todo el proceso posterior. Al debate que esto podría generar nos gustaría contribuir sacando a la palestra  las evidentes consecuencias positivas (económicas, sociales, demográficas…) y que las implicaciones políticas y medioambientales que trajo consigo harían imposible que se repitiera este  hecho en los momentos actuales. Ramón Mora Figueroa le cuenta a Mintz las fases del proceso, quedando patente la importancia de la obras de infraestructura para los cambios acaecidos:
“Ha habido aquí un cambio tremendo en efectividad y productividad. El desarrollo ha tenido lugar en cuatro fases: primero, el drenaje de la laguna; segundo, el regadío de la tierra; tercero, la construcción de carreteras; cuarto, el drenaje de la tierra. El drenaje de la tierra es lo más importante. En vez de tener doscientos días al año en que no podemos trabajar, si podemos limitar eso a cincuenta días, verás qué diferencia puede traer eso en la productividad.
La mecanización implica una reducción de la fuerza laboral y, al mismo tiempo, un incremento del número de días en que esos hombres pueden trabajar. La productividad de cada hombre ha aumentado y, al mismo tiempo, ha habido una reducción del número de hombres necesitados. La especialización  y la preparación han mejorado. Los últimos dos años han visto una gran transformación. Los cinco años siguientes verán un cambio incluso mayor. La dirección ha mejorado. La supervisión de la gerencia intermedia es mejor. Hemos traído gente de fuera. Un hombre era gerente general de una planta de remolacha de Málaga. Pudimos hacerle una oferta lo  suficientemente atractiva para que él se trasladara aquí. Es importante mejorar el entendimiento entre los gerentes y los trabajadores”.
Tras varios intentos de desecación  ésta se produce definitivamente en el año 63, recurriéndose a tecnología holandesa.  Además de las infraestructuras necesarias en las tierras propias (túneles, drenaje…) hizo falta construir una serie de pantanos de contención (Celemín, Almodóvar, más tarde el Barbate y sigue en proyecto el del río Álamo). Junto al aumento cuantitativo que suponía la desecación permanente de la laguna, se produjo un importante cambio cualitativo. Recurramos de nuevo a Mintz:
“En Las Lomas, la actividad de la agricultura requería el mismo conocimiento que la ingeniería. Don José contrató agrónomos para organizar la propiedad y utilizar cada uno de los campos del modo más provechoso. La  finca se convirtió en un modelo de eficiencia: se construyeron carreteras; la tierra fue dividida en 100 secciones, y cada una de ellas fue numerada; también se numeraron los tractores de la explotación; y los resultados de la maquinaria y de la producción fueron registrados en un ordenador. Aunque la producción estaba diversificada, con cosecha y ganado, su producto central era la semilla híbrida. La semilla híbrida fue importada de los Estados Unidos, más tarde esta semilla híbrida fue producida y vendida por toda España… La población aumentó con la llegada de ingenieros profesionales, personal médico y veterinarios, así como maestros para los hijos del personal y de los campesinos. Algunos de los especialistas fueron reclutados de otros países...”

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