UN CASASVIEJEÑO DE PENSILVANIA y 4

Contaba su hija Carla que una de las pocas normas que puso su padre  a la familia era que no se conociera su adscripción a la religión judía. Su pertenencia a esa cultura era el secreto mejor guardado de la familia Mintz en Casas Viejas. En aquel Benalup católico por decreto del franquismo se hubiera hecho más difícil aun la estancia y la convivencia con los benalupenses al conocerse ese dato.
Y aquí creo que está otra de las claves que explica ese empeño de Mintz en historiar y estudiar a los jornaleros masacrados en el 33, en rescatar para la posterioridad esas formas de vida que se estaban perdiendo. Tanto lo dos libros, como los documentos, como las fotografías responde a un mismo objetivo común, recuperar la dignidad de los perdedores, fosilizar la memoria colectiva, conseguir que la lucha de esta gente con la que tanto empatizó no fuera estéril y su esfuerzo en forma de memoria histórica llegara  a las generaciones futuras. Ya se sabe que los judíos no tienen patria, moneda, lengua o derecho común. La religión es más que una religión, es lo único que les queda. Más que una doctrina es una cultura. Son los judíos los primeros que después de la Segunda Guerra Mundial asumen  la tarea de salvar del olvido a los que han muerto, individualizándolos, sacándolos del anonimato masificado de los campos, convirtiéndose ese cometido en una necesidad y un deber. El verdugo del holocausto judío había salido perdedor de la cruenta guerra, su empresa se presentaba con relativa facilidad. El de Casas Viejas, transformado en bando nacionalista a los tres años  había salido ganador y por eso la tarea de Mintz era tan ardua, complicada y difícil. Nadie como un judío sabe de la necesidad de la memoria, nadie como Mintz desde la antropología ha ayudado tanto a los historiadores y a los casasviejeños a rescatar del anonimato el genocidio que representó la Guerra Civil con su antecedente en los Sucesos y su consecuente en el franquismo. Los dos libros, los seis documentales y las cinco mil fotos se convierten en un mapa que nos ayuda a comprender el pasado  y nos orienta sobre el presente. Este tesoro  ha sabido valorarse en América y no en Andalucía, en donde tiene su ser y sentido. Lo decían  Geoffrey W. Conrad y    Alvin H. Rosenfeld: “Él recibió becas de investigación y prestigio  de sus propios compañeros de  la Fundación Nacional para las Humanidades, la Sociedad de Filosofía Americana, el Consejo Americano de Sociedades de Sabios,  el Consejo de Humanidades de Indiana, la Fundación Ford, La fundación Guggenheim, la Fundación Lilly, la Fundación Littauer, la Fundación Wenner-Gren para la Investigación de Estudios Antropológicos, y el Centro para la Nueva Televisión. Cuatro de sus películas obtuvieron galardones, dos de ellas de la Sociedad para la Antropología Visual y dos de las Asociación de Lenguas Modernas. Una película, Carnaval de Andalucía, fue presentada en el Discovery Channel en 1998. Más recientemente su obra el pueblo Hasidic ganó el premio al libro judío en 1993”.
Las tres cosas; escribir libros, filmar películas y hacer fotografías tienen una misma temática, unos mismos personajes, una igual metodología y un único objetivo: La lucha contra el olvido. Se trata de plasmar un instante para que quede en la eternidad. Es parar el tiempo y darle dignidad, valor y significación al esfuerzo, al trabajo y a las malas condiciones de vida en las que estas personas les tocó vivir. Con su ennoblecimiento no solo cumplió una apropiada y necesaria labor, también nos envió un mensaje que hasta ahora no hemos recogido; La memoria es vital  en aquellos sectores que han sido humillados y masacrados, permitiendo la cohesión del grupo. Por tanto, reconociendo la labor de este casasviejeño de Pensilvania nos damos sentido como comunidad y en estos tiempos que corren ello se percibe como justo y necesario.

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
¡Qué me ha gustado este pot! Y es tanto por ese canto a la libertad y a la memoria como por el hecho de que sigas escribiendo en tu blog, que tanta información y conocimiento del pueblo, de su historia, de su gente nos da día a día a los benalupenses. Gracias por todo y por seguir al pie del cañón. Buena recuperación

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