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Los sopacas y la conflictividad laboral. Y 2

El tercer documento es de 1933 en concreto de 5 de mayo, a inicio de la campaña de la siega. Va dirigido al Presidente de la oficina de colocación obrera de Medina Sidonia. Dice así: “Como Presidente de la Comisión Inspectora del Registro Local de Colocación Obrera de este pueblo de Guaro, por medio del presente oficio le comunico a V. que encontrándose en esta bastantes obreros agrícolas especializados para el trabajo de siega y siendo de mucha necesidad invertir a algunos obreros, debido al reducido término municipal de esta, es por lo que; me dirijo a V con el fin de que como en esa se precisa algunos obreros para la ocupación de la siega, le ruego encarecidamente me lo comunique para su cumplimiento y demás efectos”.
No hay en otras épocas este tipo de solicitudes, la contratación las hacían los propietarios directamente, antes y después, como veremos.

Pese a que en enero de 1933 habían ocurrido los Sucesos y habían cerrado el centro anarquista de Casas Viejas y Medina, la temporada de la siega fue también muy conflictiva ese año. Ejemplo de ello fueron los incendios en la zona durante este verano, que eran un fiel reflejo de la conflictividad social. Para entender estos incendios hay que conocer los precedentes inmediatos. En junio la CNT, clanestinamente,  había declarado la huelga porque ni los propietarios ni el Ayuntamiento estaban dispuestos a negociar las bases del trabajo del verano. Y no lo hicieron y comenzó la campaña. En el mes de julio empezaron también los incendios que continuaron hasta octubre del 33.Pero, además,  esta petición del funcionario de Guaro  a un funcionario de Medina no se entiende sin saber que previamente, Largo Caballero había aprobado el 20 de abril de 1931 la ley de términos municipales. En virtud de esta disposición se obligaba a los patronos a contratar a jornaleros del propio término municipal, según el orden de inscripción en el registro de desempleo. Eso explica el ofrecimiento oficial “como en esa se precisa algunos obreros para la ocupación de la siega”. El último documento es de 28 de junio de 1940, en el que el Ayuntamiento de Medina hace un reparto de los 3.000 kilos de pan que hay para la campaña. A cada ciudadano le corresponden 200 gramos al día, pero a los segadores 800 gramos. Forasteros habían en la campaña de 1940 según el documento 257, numero similar a los que había en 1915 según el diario de Cádiz. Pero ahora la contratación la volvía a hacer  el propietario, no existiendo ningún tipo de impedimento, ni legislación laboral que  defendiera a los jornaleros como en la República. La Guerra Civil cambio radicalmente los conflictos sociales en el campo. Los enfrentamientos entre locales y sopacas continuaron, aunque, como todo en el franquismo, de forma más soterrada.  Hasta los años sesenta estuvieron viniendo sopacas o segadores malagueños a la comarca. La crisis de la agricultura tradicional acabó con esta emigración temporal, sustituyéndola por la definitiva al Levante español o a Europa. Pero previemante estas emigraciones había sido muy importantes, porque habían contribuido a la formación de este pueblo. Lo dice también Agustín Coca en los Camperos: “Vinieron muchos jornaleros procedentes de los pueblos de las campiñas vecinas y de la Serranía de Ronda que tras emplearse como temporeros en las recolecciones del trigo, pasaban a ser carboneros, quedándose definitivamente en el pueblo”.

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