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Los molinos maquileros en el Benalup de Sidonia del estraperlo

Un molino maquilero es aquel que se dedica a molturar cereales para conseguir harina. En la zona consta su presencia desde el siglo XVIII, aunque hay muchos indicios de que ya hubiera en época de la dominación musulmana. Se le llama maquilero debido a que la maquila es el tanto por ciento que cobra el molinero por moler el cereal, la mayoría de las veces en especie. Durante la autarquía el papel de estos molinos fue muy difícil.
Los molinos que aparecen como propios de Benalup en el documento estaban arrendados a otras familias, aunque sus propietarios fueran las familias poderosas económicamente tradicionales. "El dueño del nº 3 era mi bisabuelo. Ocurrió que lo engañaron unos corredores y su propio cuñado, que aprovechando que estaba borracho en el coscorrón, le compraron el molino. Su hijo Manuel (mi abuelo) se lo compró a su vez para que viviera en él hasta el fin de sus días. Cuando esto ocurrió (llegó a cumplir 101 años!!) los que vivian con él se marcharon a Alaquas (Valencia) donde hoy día viven sus descendientes" (Comenta Manolo Montiano).
Tanto los del pueblo, como lo de los pagos vecinos (Cucarrete, Badalejos, Molino del Cuervo o la Morita) estaban en medio de dos frentes. Por un lado, el estado había impuesto una estricta legislación para controlar la cantidad y el precio de cereal que se molía, por otro, la demanda de harina hacía que el precio fuera superior en el mercado negro al oficial, dos o tres veces más. Los grandes propietarios tenían sus propios medios para transformar el cereal en harina, pero los pequeños propietarios recurrían a estos maquileros para escapar del fuerte control gubernamental. Se molía por la noche o de madrugada, y luego se realizaba una limpieza a fondo que no delatase que el mecanismo había sido puesto en funcionamiento. No obstante, pese a las precauciones típicas algunas veces la guardia civil los sorprendían moliendo clandestinamente. Era hasta cierto punto lógico que se produjeran infracciones a la estricta normativa, había mucha gente que necesitaba de estos maquileros para moler, y, por otra parte, la economía familiar del molino dependía exclusivamente de la molienda. Así, las infracciones fueron frecuentes, al igual que las sanciones. Lo normal era una multa, pero a veces, también se cerraba por un tiempo el molino. En Benalup de Sidonia tenemos constatado una sanción a tres molinos por el importe más elevado posible: 1.000 pesetas de multa, mercancía requisada y molino cerrado por tres meses. Dice así un escrito de fecha 12-3–1941 del Fiscal Provincial al alcalde pedáneo de Benalup de Sidonia: “Habiéndose acordado por esta Fiscalía imponer a los industriales de Benalup de Sidonia, Diego Moreno Collantes, Juan Luna Morales y Francisco Coronil Corrales, como sanción complementaria a la multa el cierre de sus molinos durante tres meses”. Aunque en el escrito que se le dirige a uno de ellos se especifica mejor la sanción: “… le ha sido impuesta por esta Fiscalía, multa de MIL PESETAS, con pérdida de la mercancía incautada, y sanción complementario de cierre de su molino o maquilero por espacio de tres meses”. La vida cotidiana del molinero fue muy dura en esta etapa, pues a las dificultades tradicionales en forma de impuestos, competencia, alquileres de instalaciones, etc, había que unirle la presión de los dos mercados, el oficial y el negro, que hacían más difíciles si cabe la vida de estos molineros. Estos años serían, por otra parte, los últimos de su existencia, pues con el fin del estraperlo y la llegada del desarrollismo se impusieron los molinos eléctricos y las grandes fábricas de harinas. Se acaba con ello, una forma endógena de transformar los productos del entorno que venía desde el siglo XVIII y cuyos antecedentes hay que buscarlos en el siglo XIII. Son muy escasas las huellas que quedan en el pueblo de la importante presencia de molinos hidráulicos, hasta catorce hubo en el campo de Benalup. Los restos actuales llevan un tiempo en un periodo de degeneración que los hará ingresar en la nómina de instalaciones que hubo en la zona y que no queda ninguna presencia. Hay que reseñar que en Cucarrete y en los Badalejos hay algunas interesantes iniciativas que tienen proyectada su recuperación, bien como vivienda o como instalaciones turísticas.

1 comentarios:

MANOLO MONTIANO dijo...

El dueño del nº 3 era mi bisabuelo. Ocurrió que lo engañaron unos corredores y su propio cuñado, que aprovechando que estaba borracho en el coscorrón, le compraron el molino. Su hijo Manuel (mi abuelo) se lo compró a su vez para que viviera en él hasta el fin de sus días. Cuando esto ocurrió (llegó a cumplir 101 años!!) los que vivian con él se marcharon a Alaquas (Valencia) donde hoy día viven sus descendientes.