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UN CASASVIEJEÑO DE PENSILVANIA 3

Recurriremos  entonces a razones de tipo personal. Su otro gran tema de estudio el Hasidismo Judio tiene las mismas características, tanto el Hasidismo como el anarquismo buscan la pureza en la condición humana.  En ambos casos el Hasidismo y el anarquismo fueron estudiados de la misma forma. Mintz vivió con esas comunidades y se relacionó con ellas desde el respeto, la admiración y la comprensión mutua. Él mismo dijo que su experiencia estudiando a los Judíos jasídicos había facilitado su estudio del anarquismo español.
A eso es lo que se refiere James W. Fernández con lo de la presencia etnográfica paciente y empática. No un día, o una semana, en nuestro caso largos periodos, a veces hasta anuales, por un intervalo de más de veinte años.  Cuenta su hija Carla: “Mi mamá dice que mi padre siempre decía que nunca se sintió tan cómodo en EEUU en la relación con la gente, como se sintió en Benalup. El se sintió plenamente aceptado y muy contento de poder comunicarse con ellos, sintiendo una gran admiración por la gente del pueblo” . Fran Sánchez Mazo manifestó en el homenaje que el IES Casas Viejas le prodigó en el 2007: “ ... lo que caracterizó a Jerome Mintz durante el tiempo que permaneció en Benalup fue: ser permeable, ser una esponja, tomarle el pulso a la calle, acercarse a todos los estamentos sociales centrándose en los mas humildes, que son, la mayoría de las veces, las víctimas ... Por eso se ganó el respeto de muchos y se hizo amigo de otros tantos”. Evidentemente, en la relación que sostuvo con sus informantes está otra de las claves que nos explica su obra. En ello, las cuestiones personales, la forma de relacionarse con los demás se convirtió en otro factor influyente. Lo explicaba su esposa Betty Mintz: “Como hijo de la depresión americana, Jerry simpatizaba fuertemente con los pobres indefensos. Su padre fue inmigrante en los estados Unidos, sin nada más que juventud y músculo que ofrecer para sobrevivir. Trabajó de peón, y se las arregló para comprar un camión y empezar un negocio, que tuvo que abandonar en la cuneta por no tener dinero para gasolina. Su vida entera fue esfuerzo y pérdida. La lucha de la gente de Benalup le recordó la historia de su familia, animando a Jerry a abandonar el tema original (experiencias religiosas en la Guerra Civil) y emprender un intenso estudio de sus vidas e ideales sociales”.
Como reflejó Juan José Tellez: “ ... Mintz vino buscando las sombras de la muerte y se encontró con los contraluces de la vida ...Y es que Mintz no llegó a Casas Viejas con las prisas del periodismo sino con la paciencia de los cazadores. Más allá de la hipoteca del idioma y de la mordaza del miedo, puso sus trampas de cordialidad y simpatía para intimar con los habitantes de aquel confín de chozas y casarones...El antropólogo compartió vida y costumbres de los vecinos, hasta que de repente se sintió atrapado... El cazador fue cazado y Jerome empezó a ser conocido como Jerónimo...     Mintz se quedo espiritualmente en Casas Viejas”.
Y es esa capacidad de una persona de vivenciar la manera en que siente otra persona y de compartir sus sentimientos la clave del trabajo de Mintz en unas circunstancias más que adversas, teniendo en contra la lengua, la guardia civil, el recelo de la gente o la secular represión ideológica. El repaso de las dificultades con las que se encontró Mintz nos hace volver a la pregunta del principio. Y más cuando uno compara las fotografías familiares en Indiana y en Casas Viejas. En el 2010 Carla venía desde Indianapolis al carnaval de un pequeño pueblo andaluz, B/CV. En Chicago estuvieron a punto de suspender el vuelo a causa de la nieve. El avión llegó tras muchas vicisitudes y con mucho retraso. Le pregunte como se había podido establecer esa conexión entre Pensilvania y Casas Viejas. Me respondió que siempre que veía desde el avión las luces de un pequeño pueblo se cuestionaba lo mismo. Durante el trayecto a Benalup/Casas Viejas charlábamos sobre esas dificultades. Sobre las anécdotas que proporcionó las  diferencias lingüísticas, las que resultaban con el choque de la vida urbana que ellos tenían con la rural que predominaba y asumieron en el pueblo. Las pesquisas y el control de las fuerzas de orden público. Ese silencio y terror impuesto por el régimen franquista, que en Casas Viejas, por las circunstancias históricas, fue superlativo.

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