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Los incendios de campos y chozas. 1


Va a ser a raíz de que las suertes de los repartos de tierras terminen en pocas manos y la desamortización signifique la tercera fase del latifundismo de la zona (la primera en “la reconquista” y la segunda en el siglo XVI) cuando aparezca la figura del jornalero. El movimiento obrero campesino había dado algunas señales de vida con Isabel II, pero habrá que esperar al sexenio, 1868-1873, para que se produzca el pistoletazo definitivo de salida.
Durante la Restauración, las malas condiciones de vida de los jornaleros y la represión hacen que este empiece a manifestar su descontento social y planteé sus reivindicaciones a través de varios mecanismos como los robos, los secuestros, las manifestaciones y las huelgas. Otro mecanismo especial son los incendios, a los cuales en la etapa de la Restauración vamos a dedicar estos dos pots. Brey en Campesinos de Medina Sidonia y Casas Viejas dice : “En 1887 vuelve a manifestarse  el malestar campesino en toda la comarca por una intensificación de los incendios, algunos de ellos intencionados. Varios fuegos se declaran en Medina y Casas Viejas, por lo  que «el alcalde de Medina tiene solicitado aumento de la Guardia civil a fin de evitar los incendios que diariamente se están repitiendo en aquél término, pues en un solo día han ocurrido tres fuegos ( . . .) a ¡! la par por tres diversos lugares» (Diario de Cádiz, 23 de agosto de 1887) .
Por otra parte, aunque hubo incendios fortuitos o causados bajo las ordenes de los propietarios, dominaron aquellos provocados por el  problema agrario. Clara E. Lida dice: “Andalucía vio también el desarrollo de otras estrategias de lucha impuestas por las circunstancias represivas. A la vigilancia continua de la Guardia Civil y la Rural, a la prohibición explícita del derecho de reunión, a la delación obligada de cualquiera considerado sedicioso, al rechazo a contratar jornaleros con antecedentes levantiscos o descontentos, se contraponían las represalias campesinas por medio de incendios de mieses y fincas en los pueblos y comarcas agrícolas de Cádiz y de Sevilla. Una estrategia concertada y llevada a cabo con tácticas semejantes a las de una guerrilla, por hombres y mujeres que con frecuencia escapaban a las pesquisas de propietarios y autoridades pues, como recuerda un contemporáneo, ni guardias, ni pastores, ni jornaleros ni «nadie había visto nunca nada, y nada pudo averiguarse jamás». Por otra parte, pronto apareció “el mito de los incendios”, y todo fuego que se declaraba en el campo era adjudicado a la acción de los jornaleros. Los incendios fueron utilizados en ocasiones puntuales como una acción complementaria de protesta en medio de las grandes oleadas huelguísticas. En Casas Viejas ha habido dos grandes etapas donde el incendio de los campos se convirtió en un instrumento de lucha jornalera; la Segunda República, y los años del denominado trienio bolchevique (1917-1920), en los cuales nos vamos a centrar. En la primera quincena de agosto de 1918 hubo un gran incendio provocado  en las dehesas de Benalup y Espartinas, ambas propiedad del Marqués de Negrón. Tres periódicos nacionales se hicieron eco de ello.

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